22 nov 2011

El origen del feminismo

Sensibilizado aún por el tema del machismo y el feminismo y aprovechando un comentario realizado en la anterior entrada, escribo lo siguiente:

Se abre el telón y aparecen dos hombres con traje. Uno de ellos está sentado contando dinero y haciendo cuentas. Es mucho el dinero que cuenta, pero al parecer necesita más, quiere más.

El otro hombre se pasea por la habitación de un lado a otro, acariciándose el mentón de tanto en cuanto, con la mirada fija en los pasos que está aún por andar en un infinito camino que se repite cada pocos segundos. De repente se detiene...

- Creo que ya lo tengo.
- ¿Lo tienes?
- Sí, necesitamos más hombres. Más hombres significará más producción, más producción más producto para vender y más producto equivaldrá a más ganancia.
- Lógico, pero ¿de dónde sacamos más hombres? No queda joven mayor de 14 años sin trabajar en toda la ciudad...
- Fácil, hagamos que trabajen sus mujeres.
- ¿Qué? Pero las mujeres tienen que estar en casa, cuidando de nuestros hijos y ¡de nuestra casa!
- Sí, pero si conseguimos más hombres, o sea, más mujeres, produciremos más y ganaremos mucho más dinero. Con ese dinero podrás contratar si quieres a una mujer para que haga lo que hace tu mujer.
- Cierto... sigue.
- Tenemos que hacer que las mujeres vengan a trabajar. Si conseguimos que todas las mujeres de los hombres que tenemos trabajando vengan, duplicaremos casi la plantilla de trabajadores.
- Brillante pero, ¿qué será de los niños? Una de las cosas positivas de ser mujer es que educan a nuestros hijos.
- Les haremos creer que eso es secundario, que lo importante en realidad es trabajar y conseguir dinero. Los niños son maleables, se adaptan a todo, sabrán crecer con una cuidadora o con las abuelas, o con quien sea, ¿qué importa?
- Uff, me empiezan a sudar las manos... me tiemblan los dedos imaginando la cantida de billetes que van a tener que contar. Sin embargo, aún me queda una duda, creo que importante: ¿cómo hacemos para que vengan a trabajar con nosotros? Ninguna querrá si se lo decimos nosotros.
- Lógico, por eso no seremos nosotros los que les digamos nada. Tiene que ser una mujer.
- ¿Una mujer?
- Claro, una mujer bien vestida, joven, guapa, que denoste poder, fuerza, independencia. Una que muestre que no depende de los hombres, una que sirva de modelo, a lo que las demás quieran aspirar, a ser libres.
- Pero eso hará que quieran dejar de ser madres... y a veces hasta a mí me gustaría poder estar más tiempo con mis hijos.
- Ya, pero ¿tú de qué lado estás? Contarás tanto dinero que podrás pasar más tiempo con tus hijos si quieres. No estamos hablando de ti ni de tus hijos, sino de los de los demás. Conseguiremos que las mujeres deseen ser como esta mujer, que nos supliquen un trabajo, que nos supliquen ganar dinero para ser como nosotros. Por contrapartida, debemos conseguir que la imagen de la mujer que está en casa dando amor a sus hijos, y recibiéndolo también, se deteriore. Que se sientan mal por hacerlo, que se crean inferiores, que se sientan esclavizadas para que necesiten huir. ¡Necesitamos más hombres! Y estos hombres serán mujeres.
- Ya lo veo, lo visualizo. Ohhh, me encanta como piensas. Eres malvado y maléfico.
- Lo sé. HahahaHahaha (risa siniestra).

Desconozco si el feminismo empezó así. De hecho, ni siquiera tengo ganas de saber dónde se originó ni cómo. Lo que sí sé es dónde ha acabado la mujer y, escribiendo la precuela del presente, muy probablemente podría ser este el origen del feminismo, porque muchas mujeres feministas han acabado siendo réplicas del hombre.

Por eso yo soy neofeminista, porque una mujer debe poder elegir qué hacer en su vida, si trabajar o no hacerlo, porque tiene que poder elegir si trabajar, como si fuera un hombre, siguiendo las reglas que los hombres crearon (por eso no existe la conciliación laboral y familiar) o si quedarse en casa con sus hijos, dando eso que tanto necesitan los bebés y niños: amor incondicional a todas horas y un modelo a seguir.

21 nov 2011

Sobre el neomachismo y la Cuna Duerme Conmigo de Nenuco



Hace un mes hablé en Bebés y más de la Cuna Duerme Conmigo de Nenuco. No suelo fijarme en los muñecos y cunas para niñas porque tengo dos niños y otro en camino, pero me gustó esta novedad porque de manera directa ofrece un mensaje que dice que las mamás (o los papás, si es que algún niño se interesa por este juguete) pueden dormir si quieren con sus bebés al lado.

Esto, que para mí es como una pequeña revolución en lo que a cuidados hacia el bebé y crianza se refiere, porque como profesional de la salud defiendo todo lo que a los bebés les acabe siendo positivo, parece que no está tan bien visto por otras personas, que al parecer ven la cuna e incluso mi mensaje, como una oda al neomachismo.

No es que se diga así, con todas las letras, pero sí lo deja caer Beatriz Gimeno, una feminista confesa, que viene a decir en su blog que trato de defender el colecho y todo lo que suponga que una madre se ocupe de un bebé porque soy un machista (o un neomachista). 

Es decir, que según ella yo defiendo que el objetivo es que la madre se ocupe del bebé, deje de trabajar, le dé el pecho, se quede en casa a cargo de los niños y la casa como antaño para que el hombre (yo y mis iguales) siga siendo libre.

El neomachismo enmascarado

Supongo que ya habéis ido al blog al que me refiero y supongo que ya habéis leído lo que comenta. Sigamos pues con la entrada.

No es la primera, ni será la última, que deja caer (bueno, ella no lo deja caer, ella simplemente lo dice y punto) que el mensaje que ofrecemos los hombres que defendemos la crianza con respeto, el permitir que nuestros hijos estén en la cama de mamá y papá, la lactancia prolongada y el que mamá deje de trabajar para cuidar de los niños no es más que una forma de neomachismo enmascarado.

Algo así como una buena manera de convencer a la gente de que hay que volver a meter a la mujer en la cocina, para que siga siendo sumisa y para que nosotros, los hombres, podamos seguir jugando con el poder.

Es posible que haya gente que ofrezca este mensaje con dicha intención, sin embargo, como padre, si fuera neomachista me lo monto bastante mal, porque he acabado durmiendo en la cama con mis dos hijos y mi mujer (cuando podría haberme cogido otra habitación solo para mí), he acabado cambiando cientos de pañales tanto de día como de noche, tanto en la calle como en el coche y he acabado pasando miles de horas con mis hijos, cuando podría haberme ido al bar, como hacían los padres machistas de verdad, años atrás.

No es neomachismo, es neofeminismo

Así que cuando veo a una mujer que se declara a sí misma feminista diciendo que hacer de madre es machismo, muevo la cabeza como tratando de entender dónde me he perdido.

Si explico que mi mujer duerme con mis hijos, les ha dado el pecho más de dos años y medio y lleva seis años sin trabajar porque ha estado en casa cuidando de ellos seguro alguien podría pensar que yo, hombre machista, le he obligado a ello. Sin embargo la historia no es ésta, porque fue ella la que decidió dejar de trabajar para estar con los niños, estando yo de acuerdo con que era lo mejor para ellos.

Entonces, si la que decide es la mujer, no tiene sentido hablar de neomachismo. Yo diría que es neofeminismo, porque si el feminismo es alabar la llegada de la leche artificial como elemento liberador y criticar una cuna colecho porque hace que las madres tengan que dormir con los hijos y todo aquello que huela a maternidad (en un comentario dice "Dios mío!" al ver el bebé glotón, ese que promueve la lactancia materna), pues poder elegir tiene que llamarse de otra manera, y no se me ocurre una mejor que neofeminismo.

Qué es el neofeminismo

Entonces, quizás deberíamos definir un poco mejor qué es el neofeminismo, que sería la defensa de la capacidad de elección de una mujer ante la maternidad. Poder decidir si quiere ser madre y enseguida volver a trabajar, si quiere dar biberón, si quiere ser madre y quedarse con sus hijos en casa, dándoles o no el pecho y cuidando de ellos, si quiere coger una excedencia para estar un tiempo con ellos y luego volver a su puesto de trabajo o si quiere hacer lo que le parezca mejor.

El neofeminismo es poder decidir qué tipo de mujer quieres ser, porque las hay que en su lucha por la igualdad se han equivocado y en vez de luchar por tener la misma libertad que los hombres (que eso sería igualdad) han luchado por ser iguales que los hombres, olvidando lo que es ser mujer.

Resumiendo, creo que a día de hoy puedo decir que soy más feminista que muchas feministas, porque yo soy neofeminista: defiendo la igualdad de las mujeres, defiendo que puedan elegir y sobretodo defiendo que puedan hacer aquello que tanto beneficia a los bebés, amarles de día y de noche, compartiendo todos los ratos posibles con ellos (que de hecho es lo que trato de hacer yo como padre).

Para acabar, y para que conste en acta, la autora de la entrada que ha motivado esta entrada es la número 3 de la lista de EQUO por el Senado en Madrid. EQUO es un partido político que estos días ha sonado mucho entre las madres y padres que querríamos que nuestros hijos vivieran en un mundo mejor, con una mayor conciliación laboral y con bajas maternales y paternales más largas, entre otras cosas. Pues si la número 3 dice estas cosas acerca de la maternidad, mejor no quiero saber qué dicen sus compañeros de partido.

Añado... he tratado de poner dos comentarios en la entrada de su blog, pero ejerce una moderación realmente estricta. Entendería que no publicara un mensaje ofensivo, pero al parecer sólo publica aquellos que dicen lo que ella quiere oír (o leer), porque mis comentarios han sido totalmente respetuosos (de hecho esta entrada también lo es).

23 oct 2011

El mundo mejorará cuando se deje de comparar el comer con el cagar


Siento lo escatológico del titular, pero llega un momento en que parece que hay que explicarlo así para que las personas abran un poco los ojos y la mente: El mundo será mejor cuando la gente deje de comparar el comer con el cagar.

Tan sólo al 49% de los pediatras le parece bien que las mamás den el pecho en público. Si entre los pediatras, teóricos defensores de la lactancia materna, hay tanto rechazo al amamantamiento público, no quiero imaginar qué porcentaje de la población es contrario a que un bebé tome leche materna ante ellos. 

Siempre que se argumenta a favor de que una madre pueda alimentar a su hijo allí donde quiera, decimos que es un acto totalmente natural y una necesidad básica que en la mayoría de ocasiones requiere de un alto grado de premura. Los bebés no saben esperar y tienen derecho a recibir alimento allí donde lo necesiten. 

Sin embargo, sigue existiendo un sector de la población que considera que dar el pecho a un bebé en público es algo obsceno y que no tienen por qué ver el seno de una señora, cuando tiene la posibilidad de hacerlo en otra parte. Para ellos, y así lo verbalizan muchas personas, “mear o cagar” también es una necesidad fisiológica y algo totalmente natural, y sin embargo no lo van haciendo delante de los demás en medio de la calle.

Viendo esta visión equiparadora del comer con el cagar, entiendo perfectamente que en un restaurante se sugiera a estas madres que vayan al lavabo a amamantar a sus hijos. Y esto da que pensar, porque dudo que nadie se comiera un bocadillo o su plato en el lavabo de un restaurante.

Lo siento, queridos detractores del amamantamiento en público, si vosotros tenéis derecho a comer delante de los demás, un bebé también lo tiene. Es más, este debate no existe cuando el bebé en cuestión es alimentado con biberón, por lo que allí donde un bebé pueda tomar biberón sin molestar a los demás (creo que en cualquier sitio), un bebé amamantado podrá tomar leche materna de su madre.

Hasta donde tengo entendido, las mujeres tienen glándulas mamarias y pechos para alimentar a sus bebés, qué pena que muchos se hayan quedado única y exclusivamente con el factor erótico (secundario) de los mismos.

Esperemos que poco a poco la sociedad avance (que nos estamos quedando muy atrás, demasiado) y acepte de una vez que dar de mamar a un bebé no es un acto censurable.

Foto: Flickr (Shward)

28 jul 2011

¿Y si al final de todo me hiciera homeópata?



Después de varias entradas hablando de homeopatía y expresando todos los argumentos que he podido aglutinar e incluso después de ir a la TV3 a hablar acerca de las terapias alternativas sigue escribiéndome gente, tanto por las redes sociales como por correo para explicarme que a ellos les funciona y que estoy equivocado (a veces estoy incluso muy equivocado).

Es decir, después de explicar todo lo explicado y demostrar que no hay lógica por donde coger a la homeopatía, sigue habiendo gente que cierra los ojos a las evidencias mostradas, algunas científicas y otras que nos hacen recordar la química del instituto, y confirma que, sea como sea, funciona.

Pues bien, como en Catalunya la sanidad está a punto de desmoronarse (después vendrá el resto de España, pero aquí parece ser que hemos querido ser pioneros), pues ya hay hospitales cerrados y EREs en camino en los que aún permanecen abiertos, y dado que parece que el futuro es la privatización de la sanidad y ninguno tenemos el puesto asegurado, he pensado que podría abrir mi propia consulta de algo que domino un poco: ¿y si al final de todo me hiciera homeópata?

En el programa de TV3 al que acudí hace una semana pude escuchar a una homeópata decir que hay cerca de 6.000 homeópatas titulados y trabajando a la luz y otros 6.000 titulados (o no, porque total, da lo mismo), trabajando “en negro” (yo diría que se refería a España).

Algunos de ellos serán personal sanitario y otros no, pero a día de hoy, como la homeopatía no está regulada, puede ejercer quien quiera. Tú te montas una consulta en tu casa (que parezca una consulta, porque si parece tu casa igual queda feo), pones abajo en el portal una placa con tu nombre y “Homeópata” y ya está. A esperar que vayan viniendo.

Yo soy enfermero y podría poner “Enfermero homeópata”, que me distinguiría como alguien que tiene más estudios que muchos de los homeópatas con consulta, sin embargo, como la gente cree que los homeópatas son médicos (no todo el mundo lo piensa, pero muchos sí), casi me iría mejor no poniendo nada.

Mis tarifas

Soy una persona sensata y de igual modo que no me gusta que me estafen no me gusta estafar a los demás. He pensado que podría tener unas tarifas un poco más bajas que el resto de homeópatas, aunque no mucho más, porque podrían pensar que sé poco.



Pensándolo mejor, creo que cobraré un poco más que los demás y así la gente pensará que sé mucho. Lo que haré es, de vez en cuando, regalar alguna visita: “María, hoy no le cobro, que estoy muy contento por cómo le está funcionando la medicación a su hijo y para mí eso es lo primero… venga cuando quiera”. Así me aseguro que volverán y me aseguro también los turrones en Navidad (ya sabéis, la gente para Navidad suele regalar cositas a las personas que les hacen sentir bien).

Medicando, que es gerundio

Todos saldrán con algo: gránulos, glóbulos, pomada… lo que haga falta, pero que sea homeopático, claro. A la gente le encanta sentirse bien tratada y les gusta sentir que te preocupas por ellos y por sus hijos, así que tiene que parecer que me interesa la salud de las personas. Les diré, de vez en cuando: “para esto prefiero de momento no darte nada… vamos a esperar a ver si se le soluciona porque creo que con un poco de suero para los moquitos y un poco más de agua lo arreglaremos” y si la cosa no va bien, pues medicamentos al canto: “mira, creo que está yendo a peor. Casi mejor le damos esta disolución y… no, espera, vamos a por todas, venga, disolución 30 CH… no suelo utilizarla en niños porque me gusta ser más precavido, pero esto no le hará ningún daño y seguro que logramos que su cuerpo responda”.

Pero por si acaso, que vayan al médico

La medicina que todos conocemos y la homeopatía son incompatibles. Repito: son incompatibles.

Muchos homeópatas, para abarcar más radio de acción, se están sumando al carro de “las terapias complementarias”, para decirle a la gente que no tiene por qué elegir entre una y otra cuando puede utilizar las dos.



Sin embargo es un sinsentido, porque la homeopatía trata las enfermedades con las sustancias que provocan los síntomas que uno padece y la medicina convencional lo hace, normalmente, utilizando un contrario.

Si un niño tiene fiebre lo lógico es darle un medicamento que baje la fiebre. La homeopatía, en cambio, ofrece como solución una sustancia que aumenta la temperatura corporal, pero diluida hasta el infinito (y más allá).

No tiene sentido que alguien le de a un niño paracetamol para bajar la fiebre y que acto seguido le dé Belladona, que la provoca. Por eso no entiendo que haya médicos homeópatas o pediatras homeópatas, a menos que estén haciendo la misma reflexión que yo: estás un rato con la gente, les atiendes, les escuchas como nadie lo hace (casi nadie quiere escuchar los problemas de los demás, sino contar los propios), les haces sentir importantes y luego te sacas una pasta por darles caramelitos de azúcar y agua.

Entonces, como yo estoy en el grupo de profesionales que creen que lo que cura de verdad es la medicina convencional y como no me perdonaría que a alguien le sucediera algo por venir a mi consulta, haré lo que hacen algunos homeópatas (traidores de Hahnemann y sus postulados, traidores de la homeopatía), que es permitir que ambas medicinas coexistan.

Si me llama una madre y veo que el niño está chungo, le diré que vaya al pediatra, pero que luego venga a verme para darle algo que le suba las defensas y algo para paliar los efectos secundarios del jarabe que le ha dado el pediatra. Esa visita la cobraré baratita… que no se sienta estafada, que me vea como ese ángel salvador que piensa en los niños y en su bienestar y no en llenarse la cartera.

Y si me vienen a la consulta y veo lo mismo, que la cosa está difícil y que la salud del niño corre riesgo (otitis, laringitis, bronquitis,…), haré lo mismo: “mira, esto puede curarse con homeopatía, pero tardará mucho y el niño lo va a pasar mal… ya sabes que la homeopatía a veces es muy lenta. Te recomiendo que lo lleves al pediatra y te voy a dar algo para complementar ese tratamiento y algo para evitar los efectos secundarios”.

¿Cómo lo veis?

Como veis está todo ya bastante pensado… voy dándole vueltas a ver cómo podría ser la consulta y de qué color tiene que ser la bata, que es importante. De momento ya tengo cinco títulos de Boiron, que es más de lo que tienen muchos homeópatas que ejercen (y eso que me los saqué todos en una mañana). Tres de ellos los habéis podido ver a lo largo de esta entrada.

¿Qué os parece? ¿Me hago homeópata? Total, ya me sé todos los argumentos a favor y en contra, así que estoy preparado para todo, hasta para los escépticos que no creen en la homeopatía y a los que les interesa dejarla mal porque detrás hay unos intereses económicos de las grandes farmacéuticas bestiales… ¿no dicen que el mejor policía es aquel que fue ladrón?

Publicado originalmente en Bebés y más.

17 jul 2011

Debatiendo en "Banda Ampla" acerca de las Terapias Naturales

Hace poco más de una semana tuve la oportunidad de ir al programa de debate Banda Ampla de TV3. Es un programa de debate pensado para el ciudadano en el que tanto pueden hablar profesionales y personas expertas en una materia como los mismos ciudadanos.

Ese día se hablaba de las terapias naturales y de su posible regulación o no. Yo fui en calidad de invitado para hablar un poco de dichas terapias, de la sanidad actual y entre otras cosas para tratar de decir cosas acerca de la homeopatía.

Si lo queréis ver: Banda Ampla - Teràpies Alternatives

PD: Aviso que está en catalán.

14 jul 2011

Homeopatía para bebés, ¿estamos seguros?



Después de tres días de hablar de todo lo relacionado con la homeopatía para bebés y, de hecho, con la homeopatía en general, hoy quiero dar una vuelta más a la tuerca con un vídeo para mostrar que las diluciones homeopáticas acaban siendo agua y nada más que agua.

Seguro que más de uno habéis oído hablar de esos “taraos” que un día decidieron realizar un suicidio homeopático, tomándose no sé cuántas bolitas y preparados sin notar efecto alguno. Pues bien, yo he querido jugar con lo mismo pero no con un preparado homeopático comprado, sino con uno que hice yo mismo.

Como escribí esta entrada para Bebés y más y el objetivo es siempre hablar de bebés hasta los seis años o de las madres y padres, pensé en darle el preparado a uno de mis hijos, pero enseguida me arrepentí. Sólo le iba a dar agua del grifo, que es lo queda cuando diluyes algo hasta la saciedad, pero no me pareció ético preparar un “veneno” homeopático y mostrar al mundo entero cómo se lo bebe uno de mis hijos, que no tiene ni idea de qué va el tema. Así que para evitar tener que dar explicaciones a nadie decidí que me lo bebería yo mismo.

En el vídeo está todo más o menos explicado, pero hago un resumen:

Compré un veneno para cucarachas, hormigas y otros insectos y lo fui diluyendo hasta llegar a la concentración 20 CH, que me bebí. Luego seguí hasta 30 CH, que según los homeópatas hace más efecto en el cuerpo, y me la bebí también. No me pasó nada, lógicamente, porque un preparado a partir de 12 CH es sólo agua. Agua y nada más.

Dirán los que defienden la homeopatía que si lo que me tomé provoca inconsciencia, dolor abdominal, problemas respiratorios, diarreas y vómitos tomándolo sin diluir, diluido hasta 30 CH debería ser algo así como un tratamiento para síntomas como el dolor abdominal, problemas respiratorios, diarreas y vómitos. Pero, ¿cómo me va a tratar algo que es sólo agua? ¿Cómo es posible que algo que no hace ningún efecto cure? Pues de ningún modo, porque el agua no cura.

Si creyéramos que lo que preparé es un remedio homeopático realmente para todo lo comentado deberíamos creer cosas tan absurdas como que a una persona con ardor de estómago le tenemos que dar algo que produzca aún más ardor, pero diluido, que a un niño con una bronquitis de caballo con una saturación de oxígeno baja, en vez de darle a respirar oxígeno, le tenemos que dar a respirar un poquito de dióxido de carbono (o alguna sustancia que provoque problemas respiratorios diluida), que hay que tomar café diluido para dormir (bueno, esto es cierto, existe la coffea como remedio homeopático) o que si nuestro hijo es alérgico a algo y por alguna razón entra en contacto con el alérgeno y hace una reacción bestial, en la que su cuerpo está liberando histamina a mansalva, hay que darle histamina (aunque ahora que lo pienso esto también es cierto, existe la histamina como remedio homeopático para los alérgicos).

No quiero imaginar la cara que se les pondría a los del servicio de Urgencias de un hospital si ante una reacción de ese tipo voy y saco el kit de rescate para alérgicos. Ellos preparando antihistamínicos, corticoides o adrenalina, si es una reacción severa, y yo sacando mi tubito de Histaminum 30 CH:



La homeopatía es mentira. Ya dije el primer día que el primer apenado era yo, porque una medicina sin efectos secundarios era una maravilla. El problema es que tampoco tiene efectos primarios más allá del placebo, como vimos en las anteriores entradas, donde cientos de estudios bien hechos no han sido capaces de demostrar ningún efecto.

Foto: Boiron

12 jul 2011

Homeopatía: por qué no funciona incluso cuando “a mi me funciona” (II)



Tras una entrada en la que explicamos los principios de la homeopatía para saber qué es y qué no es ayer iniciamos el tema de la homeopatía y el efecto placebo, que es lo mismo que decir que no hace nada, mostrando los estudios científicos relacionados.

Hoy, siguiendo con este tema, vamos a hablar un poco más del efecto placebo y de bebés y niños, porque aunque parezca mentira, ellos también “sufren” el efecto placebo. Por eso debemos decir que la homeopatía no funciona incluso cuando la gente explica que “a mi hijo le funciona”.

La homeopatía podría funcionar más allá del placebo

Algunos estudios sugieren que la homeopatía funciona más allá del placebo y en algunos casos es cierto que se produce esta diferencia. La explicación no es otra que la atención recibida por parte del homeópata.

Dice la teoría que un buen homeópata debe conocer a la persona, sus costumbres, sus necesidades, su manera de ver la vida, de vivir la salud y vivir la enfermedad, etc. Vamos, que antes de dar un remedio tiene que conocer a la persona en diversos ámbitos de la vida, cosa que equivale a hablar poco y escuchar mucho.

Acostumbrados como estamos a que los médicos nos escuchen 30 segundos, nos diagnostiquen en dos minutos y nos receten algo en los 3 minutos que quedan de consulta, ir a la consulta de un homeópata debe ser una gozada. Te pregunta cosas de tu vida, te escucha, te habla tranquilamente, te transmite paz y buenas vibraciones y encima, al final, te da algo que prepara especialmente para ti.

Es normal entonces que dicho remedio actúe mejor que un placebo entregado en mano sin atención ni escucha activa de los padecimientos y problemas de cada persona.

Pero los niños también mejoran

Muchas madres explican que sus hijos han mejorado desde que están tomando homeopatía. Puede ser, no digo que no, pero esa mejoría no puede deberse a la homeopatía (porque no hace nada, repito), como puede verse en esta revisión sistemática de estudios relacionados en la que se analizaron 91 estudios con homeopatía en niños de 0 a 19 años, cuya conclusión dice que “La evidencia de los estudios clínicos rigurosos relacionados con el tratamiento o la prevención de enfermedades en la infancia y la adolescencia con homeopatía no es lo suficientemente convincente como para recomendarla en ningún supuesto”.

El efecto placebo existe también en los niños
, aunque parezca mentira. Sabiendo que el efecto placebo se basa en la autosugestión de una persona, que cree que con algo que está tomando se va a curar, los niños parecen ser capaces también de sugestionarse pensando que se van a curar.

Creo que todos como padres hemos curado heridas y dolores con agua, soplando o incluso cantando una canción o recitando un “cura, sana, cura, sana, si no te curas hoy te curarás mañana”. No les hacemos nada, es absurdo, pero los niños “se curan”.

Con esto quiero decir que sí, son sugestionables como los adultos y no sólo eso, sino que ellos lo son más que los adultos (a mí el “cura, sana” no me cura nada). Por eso a veces les decimos “bebe un poco de agua y te encontrarás mejor” y se lo creen o “tómate este jarabe que te encontrarás mejor”, siendo quizás cierto si es jarabe de verdad y encontrándose mejor igualmente si es homeopatía.

Este efecto es tan conocido en los niños que hasta se han inventado unas pastillas falsas para niños, cuyo nombre es Obecalp (Placebo al revés), que no son más que caramelitos de fresa, muy útiles cuando dicen que están malitos o les duele algo y les queremos curar con nada.

Por otra parte las enfermedades agudas, tarde o temprano, sufren lo que se conoce como regresión a la media, que es lo que sucede cuando algo está en un lugar casi extremo. Estadísticamente, cuando algo va muy mal, muy mal, lo más probable es que poco a poco vaya a mejor, porque a peor es difícil que vaya. De igual modo, cuando algo va muy bien, muy bien, lo más lógico es que en algún momento la cosa vaya a peor, porque a mejor es difícil que vaya.

Por eso se suele decir que “después de la tormenta llega la calma” o que “no llueve eternamente”. Cuando un niño o un adulto está enfermo y se encuentra mal (hablo de enfermedades leves) lo más lógico es que vaya a mejor, ya tome homeopatía, ya tome medicina convencional. Esto sucede casi siempre porque la mayoría de enfermedades de los niños son más o menos banales… vamos, que con poca cosa o con nada, se curan (como la gripe o los resfriados, que si tomas homeopatía se curan en una semana y si no tomas nada se curan en 7 días).

Concluyendo

No hay estudio científico serio que demuestre que la homeopatía funciona y la lógica dice que lo más absurdo del asunto es que se lleguen a hacer estudios al respecto. Si la homeopatía no es más que un soluto diluido hasta la saciedad, quedando sólo agua, ¿qué sentido tiene hacer estudios sabiendo que los resultados serán negativos?

La homeopatía no hace ningún bien más allá del placebo y si se toma como medicamento alternativo, sumado al de verdad, pues tampoco hace ningún mal. Ahora bien, si unos padres deciden tratar a su hijo sólo con homeopatía el riesgo es mayor. Será un riesgo bajo si se trata de dolencias leves, pero muy alto si las enfermedades son más graves o si son crónicas.

Por favor, si te importa la salud de tus hijos, nunca les des homeopatía. Si además te importa tu bolsillo, no compres homeopatía, que es más cara que la medicina convencional y también responde a los intereses económicos de unos laboratorios que, además de ganar mucho dinero, venden algo que no hace nada (hasta yo podría empezar a producir medicamentos homeopáticos: son seguros, no tienen efectos secundarios – bueno, ni primarios -, el gasto de producción es mínimo y los beneficios increíbles).

Foto: Fotomontaje realizado con fotos de Torsten Mangner y distillated en Flickr

11 jul 2011

Homeopatía: por qué no funciona incluso cuando “a mi me funciona” (I)



Tras explicar en una entrada nada breve (lo siento, las cosas importantes requieren algo de extensión) cómo funciona la homeopatía y en qué se basa, tras ver cómo se crean los remedios homeopáticos y por qué es imposible que funcionen (los remedios homeopáticos más “potentes” son agua, como la del grifo o la embotellada) hoy vamos a explicar cómo puede ser que a pesar de saber esto la gente diga que “a mí me funciona” porque a mi hijo se le curaron las otitis, o los resfriados, o dejó de tener bronquitis o vete tú a saber qué.

A continuación lo explico todo, pero para el que no tenga muchas ganas de leer: funciona porque la homeopatía trabaja como un placebo.

Qué es un placebo

El efecto placebo es el fenómeno que sucede cuando un paciente recibe una sustancia inocua (sustancia sin efectos relacionados con el tratamiento de síntomas o enfermedades) como tratamiento, mejorando sus síntomas.

Esto sucede porque las personas somos capaces de autosugestionarnos, llegando a mejorar por el simple hecho de estar tomando algo que creemos que va a curarnos (evidentemente hay enfermedades con las que no funciona… si no se curaría todo con placebos).

Nadie duda de la existencia del efecto placebo y se sabe que si se compararan a cien personas enfermas a las que no se les da ningún tratamiento con cien personas con la misma enfermedad a las que se les da un placebo, las del segundo grupo mejoran con respecto a las del primero.

Como nadie duda de la existencia del efecto placebo, cuando alguien quiere saber si un medicamento real o una sustancia tiene algún efecto no puede hacer un estudio entre personas que toman el medicamento y personas que no lo toman, porque siempre logrará buenos resultados, sino que tiene que hacer un estudio comparando personas que toman la sustancia a estudiar y personas que toman un placebo, para ver si el efecto positivo de la medicación tiene efecto más allá del efecto placebo.

En caso de que un medicamento no funcione significativamente mejor que el placebo se considera ineficaz e inadecuado para tratar la enfermedad y entonces no puede salir al mercado.

¿Qué dicen los estudios científicos de la homeopatía?

Estudios sobre homeopatía hay muchos, muchísimos, básicamente porque la gracia de una nueva manera de hacer medicina es que haya evidencia científica que diga que funciona. Si no, cualquiera se puede poner a inventar medicinas (yo podría inventar la “armandoterapia”) y decir que con eso curas cualquier cosa.

El problema de los estudios es que los hay bien hechos y los hay mal hechos (sin tener en cuenta variables que pueden influir en el resultado), como sucedió con el conocidísimo estudio de Benveniste, publicado en la revista Nature en 1988 en el que se observó que el agua tenía memoria y que a pesar de estar extremadamente diluida afectaba a ciertas células con las que entraba en contacto.

La prestigiosa revista Nature lo publicó diciendo en un rinconcito que tenía sus reservas y que trataría de dilucidar si los datos se podían volver a producir. Dos meses después, cuidando todas las variables posibles, los resultados demostraron que la memoria del agua no existía. Lo que sucedió en el primer estudio fue que los investigadores sabían qué muestras habían sido tratadas con agua normal y cuáles con el agua que debería tener memoria. No es que hubiera mala intención (digo yo…), sino que estaban condicionados por la ilusión o las ganas de obtener resultados favorables y las muestras celulares que habían estado en contacto con el agua “milagrosa” se comportaban, a ojos de los investigadores, de otra manera.

Para conocer el resto de estudios y poder valorarlos sin miedo a que haya errores en la planificación o ejecución de los mismos es buena idea buscar las revisiones realizadas por la Cochrane Collaboration, que analiza los estudios sobre un tema sin tener en cuenta aquellos que no están bien realizados.

Veamos qué dicen dichas revisiones acerca de la homeopatía:



O sea, que no hay evidencia ninguna

Exacto, no hay ninguna evidencia de que funcione y ni siquiera es porque no haya sido estudiado, sino que nadie hasta la fecha ha podido demostrar que la homeopatía funciona mejor que un placebo. Algo totalmente lógico, si tenemos en cuenta que en resumidas cuentas es agua y punto (como mucho agua con azúcar, si la añaden).

Continuará

Mañana seguimos con esta entrada y nos centramos más en el efecto de la homeopatía en niños. O mejor dicho, en el efecto placebo en los niños, porque la homeopatía, efecto, ninguno.

Más información: Qué es la homeopatía (pruebas científicas)
Foto: Fotomontaje realizado con fotos de Upsilon Andromedae y distillated en Flickr

9 jul 2011

Por qué la homeopatía no funciona con bebés, con niños ni con adultos



Llevo varios días hablando de homeopatía en Bebés y más y como creo que es un tema interesante e importante me lo traigo aquí al blog:

Hace cosa de un año vinieron al Centro de Atención Primaria en el que trabajo como enfermero un representante de los laboratorios Boiron, líder en fabricación de medicamentos homeopáticos, y una pediatra de atención primaria que nos explicó que llevaba un tiempo trabajando con homeopatía, diciendo nombres rarísimos con dosificaciones imposibles de memorizar y contándonos cómo gracias a la homeopatía una niña con múltiples bronquitis había dejado de padecerlas y otros casos que nos dejaron bastante perplejos.

El hecho de que una pediatra utilizara homeopatía nos hizo pensar que podía ser una buena opción, aunque confieso que era desconcertante saber que la homeopatía no tiene ningún efecto secundario y que un bebé o un niño podría tomarse un preparado entero sin intoxicarse. Desconcertante porque como profesionales sanitarios no lográbamos entender que algo curara sin ser tóxico si se tomaba en exceso y porque nos preguntábamos cómo es posible que una sustancia cure y no tenga efectos secundarios y que la medicina tradicional, llena de química, no adopte dicha sustancia o trabaje en base a los mismos sistemas de curación.

Pues bien, meses después quise conocer las respuestas a estas preguntas y después de investigar un poco y de buscar estudios científicos que apoyen a la homeopatía o que demuestren que funciona más allá del efecto placebo he llegado por fin a una conclusión que me apena: la homeopatía no funciona con los niños ni con los adultos y, de hecho, no funcionará jamás.

Me apena

Lo confieso, pese a las dudas salí de aquella sesión relativamente ilusionado con la homeopatía. Imaginad un montón de medicamentos sin efectos secundarios que curan un montón de cosas y que además parecen no tener detrás a las grandes compañías farmacéuticas que tantas cosas raras han hecho para obtener cuantiosos beneficios. Imaginad el bien que puede hacer algo así para la salud de todas las personas.

Suena precioso, fabuloso. Pero es mentira. Cuando fui deshojando la margarita me quedé con un tallo chuchurrío que ni era bonito ni olía bien. Por eso me apenó saber la verdad, por eso me apené, porque la homeopatía no tiene más efecto que el de un placebo y no podrá utilizarse para curar a nadie, porque detrás hay otras multinacionales farmacéuticas que siguen otros intereses y, lo que es peor, la gente que la está utilizando con patologías graves está jugando seriamente con su salud, más todavía si el hecho de tomar estos remedios supone dejar de tomar los que se indican desde la medicina alopática (“paso de darle inhaladores a mi hijo con bronquitis… le daré homeopatía”).

Qué no es la homeopatía

Muchas personas creen que la homeopatía es una medicina alternativa que se basa en el poder curativo de los extractos de las plantas o las hierbas. De hecho se asocia mucho homeopatía con herboristería, quizás porque allí se pueden conseguir algunos remedios homeopáticos, haciendo que realmente la gente crea que está tomando infusiones de plantas o cosas similares.

La realidad es diferente, porque la ciencia que estudia las hierbas y las plantas para tratar o prevenir enfermedades no es la homeopatía, sino la fitoterapia, que en muchas ocasiones sí tiene efectos verdaderos y sí puede provocar efectos secundarios, porque de hecho muchos de los tratamientos de la medicina convencional proceden de principios activos que se hallan en las plantas.

Qué es la homeopatía

Una vez hemos dejado de lado las plantas y las hierbas es necesario definir entonces qué es la homeopatía.

La homeopatía fue inventada por Christian Friedrich Samuel Hahnemann (1775-1843), quien tras dejar la medicina en 1794, cansado porque decía que la medicina causaba más sufrimiento que beneficio al paciente, decidió utilizar nuevas técnicas para tratar a los enfermos.

Hahnemann explicó que para curar una enfermedad había que centrarse en los síntomas y dijo que para tratar un síntoma era necesario buscar una sustancia que lo provocara y dársela al paciente en cantidades diminutas para activar al cuerpo y promover la resolución del síntoma y en consecuencia de la enfermedad (una vez se han tratado todos los síntomas).

Como a menos dosis de una sustancia los efectos secundarios de la misma eran menores, Hahnemann postuló que a menor cantidad de una sustancia, más rápida sería la curación (menos síntomas padecería el paciente).

Entonces, recapitulando, la homeopatía se basa en la utilización de una sustancia, que se conoce como “tintura madre”, diluida en agua. Cuanto más diluida esté, al ser menores los síntomas, mayor será el efecto (dicen).

Cómo se diluye una tintura madre

La tintura madre puede ser casi cualquier sustancia. Puede ser una hierba, el mismo café (que utilizando la lógica homeopática sirve para aquellas personas que no pueden dormir), caca de perro, cucarachas, humo de cigarro, caspa y cientos de sustancias más que luego se diluyen para conseguir el preparado homeopático.

Para hacer una dilución se coge 1 unidad de la tintura, por ejemplo 1 ml y se diluye en 99 unidades de agua, en este caso ml. De este modo se consigue una concentración 1:100, que se conoce como 1 CH (Centesimal de Hahnemann).

Esta concentración obtenida es, según las “leyes” homeopáticas, demasiado débil, poco curativa. Por eso hay que seguir diluyendo para que sea un mejor “medicamento”.

Entonces se coge 1 ml de la dilución 1 CH y se mezcla con 99 ml de agua otra vez, mezclándolo enérgicamente (acción que recibe el nombre de sucusión) para obtener un concentrado 1:10000, conocido como 2 CH.

En el mercado se pueden encontrar fácilmente productos homeopáticos con concentraciones 30 CH. Para que os hagáis una idea de la cantidad de agua que supone dicha dilución decir solamente que una disolución 30 CH es algo así como una molécula de un principio activo diluida en una cantidad de agua equivalente a una esfera de agua de 150 millones de km de diámetro, que es la distancia entre la luna y el sol.

Según esto está claro que la probabilidad de tomarse una sola molécula de principio activo en un producto con concentración 30 CH es cero. De hecho, según el principio de Avogadro, a partir de 12 CH cualquier molécula está tan diluida que lo único que encontramos es agua.

¿Avogadro?

Amadeo Avogadro descubrió cómo averiguar cuántas moléculas de una sustancia determinada hay en una determinada cantidad de dicha sustancia según su peso molecular. Lo que conocemos comúnmente como “mol”. El número de Avogadro, redondeado, es 6,02 × 10^23.

Según esta ley (ya demostrada hasta la saciedad), cualquier preparado con una dilución 12 CH o mayor es agua, porque ya no queda ni una sola molécula de lo que se supone que te estás tomando.

La memoria del agua


Por si acaso a alguien se le ocurre pensar que tomándose algo muy diluido no va a curarse existe lo que se conoce como la memoria del agua.

Hahnemann explicó que el efecto curativo no se produce por la sustancia disuelta, sino porque de alguna manera, en el proceso de dilución y agitación la sustancia transmite al agua su espíritu curativo. Esto se conoce como la memoria del agua, que viene a decir que el agua recuerda la sustancia con la que ha estado en contacto y por eso cura.

¿Y las demás sustancias que entran en contacto con el agua?

Que levante la mano el que nunca se ha meado en el mar. ¿Nadie? Vale, ahora que levante la mano el que nunca ha tragado un poco de agua en el mar sin querer. ¿Nadie?

Pues eso, según la homeopatía, cuando alguien da un trago de agua del mar, debe de estar tomando orina humana en concentraciones muy bajas, por lo que debe tener un efecto potentísimo sobre nuestro cuerpo. Por no hablar de cuando te encuentras un trocito de caca de algún niño (o de algún adulto con pocos escrúpulos) que no ha podido aguantarse, o incluso del petróleo que vierten los barcos de tanto en cuanto.

Resumiendo

La homeopatía no puede tener efecto alguno porque las sustancias homeopáticas son agua con azúcar. De hecho existen remedios homeopáticos en pastillas, como si la memoria del agua se hubiera transmitido al concentrado de azúcar que compone la pastilla.

De todas maneras, como sé que hay mucha gente que explica que “a mí me funciona”, hablaré del efecto placebo, que es el efecto que tiene este tipo de productos.

Foto: Fotomontaje realizado con fotos de Boa-sorte&Careca y distillated en Flickr

28 may 2011

¿Y ahora qué le digo yo a mis hijos?



Dicen que para afirmar algo debes creer en ello, pues si no nunca tendrás credibilidad: a ver cómo le explico yo a mis hijos que la policía está para defender a las personas buenas.

De momento, para estar en paz conmigo mismo, he firmado pidiendo la dimisión del (Sr.) Puig.

Las infusiones pueden ser peligrosas para los bebés (II)



Hace unos días hablamos de lo peligrosas que pueden llegar a ser las infusiones para los bebés, ya que se desconoce la dosificación e incluso los efectos que pueden llegar a tener (además de otras razones).

Para solucionar el tema de las dosis algunas casas comerciales cuentan con infusiones instantáneas para bebés que vienen preparadas para mezclarlas con agua cuya misión es la de ayudar en la digestión o el sueño de los pequeños.

Es cierto que el problema de la dosificación se resuelve, sin embargo estas infusiones no se recomiendan pues son en esencia azúcar y poco más.

Si miramos la composición de estos preparados vemos que aproximadamente el 92% de su contenido es dextrosa, que es glucosa en polvo o en otras palabras, azúcar. Es decir, que la mayor parte de los preparados es azúcar, y “a precio de oro”.

Hagamos algunos cálculos:

La recomendación para la preparación de estas infusiones es la siguiente:
  • 0 a 2 meses: 2,5g en 50 ml de agua, máximo 3 tomas diarias.


  • 2-6 meses: 5g en 50 a 100 ml de agua, máximo 3 tomas diarias.


  • 6-12 meses: 10g en 100 ml de agua, máximo 3 tomas diarias.


Suponiendo que al bebé se le ofrecen las 3 tomas diarias, un bebé de 0 a 2 meses estará tomando 150 ml de agua al día que contienen 7,5g de infusión, de los cuales 6,9g son azúcar.

Casi 7 gramos son prácticamente dos terrones de azúcar. ¿Qué sentido tiene que un bebé de menos de dos meses tome dos terrones de azúcar al día? Ninguno, por supuesto.

Un bebé de 2 a 6 meses tomará 13,8g al día (y entre 150 y 300 ml de agua) y uno de 6 a 12 meses estará tomando 27,6g de azúcar diario con 300 ml de agua.

Como hemos dicho más arriba, dar agua a los bebés hace que se les llene el estómago de algo que no es leche y esto va en detrimento de su nutrición.

Para que veáis la relevancia que esto puede llegar a tener pensad en lo importante que es, al preparar la leche artificial, que la cantidad de agua sea 30 ml por cazo. Ni 35, ni 50. Tienen que ser 30 para que la mezcla sea adecuada y no tomen más agua de la necesaria.

Si además estamos hablando de que la infusión se acaba convirtiendo en agua azucarada, peor que peor. El azúcar contiene calorías vacías (no aportan ningún nutriente) y provoca caries severas.

Hace años que se desterró la costumbre de mojar el chupete en cosas dulces para evitar caries y no interferir en la alimentación de los bebés, por ello cuesta creer que este tipo de infusiones sigan en el mercado.

Si una madre le diera a su hijo, durante un año, la cantidad que se recomienda en la etiqueta tomaría nada menos que 7,038 kg de azúcar. Teniendo en cuenta que no la necesitan para nada, 7 kg de azúcar en un año es “un poco demasiado”, como lo es el precio de semejante cantidad de azúcar (más de 300 euros).

Si realmente una madre quiere dar infusiones a su hijo (pese a que no las necesita y que, como dijimos en la entrada anterior, son peligrosas), mejor que compre infusiones normales y las haga sin azúcar.

Si lo que quiere es darle azúcar (que tampoco necesita), mejor que compre azúcar normal, que unos 7 kg de azúcar cuestan unos 7 euros.

Más información: Guía de Lactancia Materna para profesionales de la AEP (pág. 402), IHAN (pág. 21), Lactancia y Pediatría La Plata

Publicado originalmente en Bebés y más.

26 abr 2011

Entrevista a Rosa Jové sobre rabietas y conflictos

Como os dije, durante el congreso de lactancia materna de Ávila tuve el honor y el placer de compartir un ratito con Rosa Jové y entrevistarla.

Tras unos cuantos problemas solventado un pequeño problema de post-producción (Aran estuvo jugando con el micro de corbata unos días antes y al parecer dejó la pila en coma), publiqué la misma hace escasos días en Bebés y más.

Os enlazo allí para que la veáis:

"Los niños no necesitan límites, sino normas y valores" - Entrevista a Rosa Jové

9 abr 2011

En Ávila, en el VI Congreso IHAN de lactancia materna



Sólo paso por el blog para explicar que estoy en Ávila, donde acaba de finalizar el VI Congreso IHAN de lactancia materna. Han sido 3 días intensos, con muchas ponencias interesantes y con poco tiempo para hacer otra cosa que hablar de leches, madres, tetas y bebés.

He podido hablar con gente importante y entendida en la materia como Luis Ruiz, Carlos González y José María Paricio, he compartido tiempo y ratos con Eulàlia Torras, de los grupos de Alba Lactància Materna y he entrevistado tanto a Luis Ruiz como a Rosa Jové en vídeo, para publicarlos próximamente en Bebés y más.

Vamos, que he aprovechado el tiempo tanto como he podido. Además he conocido a gente majísima como Susana, de Amamanta o Eloísa, de Una maternidad diferente, entre otras, que no demasiadas, porque soy un tío, como dice Pedro Guerra, "bastante p'adentro".

Como curiosidad explicar que me lo he costeado yo todo, todito y que en el trabajo me ha quedado la sensación de que no me entendían... Digamos que allí acuden a los congresos si alguien se lo paga y, cuando digo alguien, me refiero a la industria de leche artificial o a las de los medicamentos. Así que, cuando dije que iba me preguntaron: "¿y quién te lo paga?". Y al responder "yo", se quedaron bastante asombradas por no haber intentado que alguien me lo costeara. En fin...

PS: Esta tarde, en un rato, llegan a Madrid Miriam y los niños. Abrazaco que les voy a meter después de 3 días sin verlos. Mañana, a la Warner, ya veis, rico que es uno que a pesar de que le bajen el 5% sigue teniendo dinero para estas cosas (en detrimento de muchas otras, ojo), que estoy cobrando sólo un poquito más que una cajera del Mercadona (sin minusvalorar el trabajo que realizan, Dios me libre).

26 mar 2011

Las infusiones pueden ser peligrosas para los bebés (I)



La típica frase que dice que el cuerpo humano es una máquina perfecta hace tiempo que pasó a la historia. Estamos asistiendo en la actualidad a un fenómeno de “hipermedicación” en que cualquier variante de la normalidad se considera como un error o enfermedad a subsanar y este problema está afectando también a los niños (ya que son medicados por los padres).

En la intención de dar a los pequeños un tratamiento lo más sano posible muchas madres y padres ofrecen a sus hijos infusiones o preparados que muchas veces se venden con la garantía de ser un producto natural, como si la coletilla “natural” significara “exento de efectos secundarios”.

La realidad es que las infusiones de hierbas son más peligrosas de lo que parece y por tanto no deberían darse a los niños enfermos, y mucho menos a los sanos (la mayoría de los que las reciben).

Los bebés son más pequeños

Los bebés son más vulnerables que los adultos ante la toma de cualquier medicación dado su menor tamaño y las dosis deben ser calculadas en base a su peso, para evitar intoxicaciones.

Las infusiones de hierbas no dejan de ser tratamientos que pueden tener efectos secundarios ya que la mayoría contienen principios farmacológicamente activos y por lo tanto pueden provocar intoxicaciones según la cantidad administrada.

Si tenemos en cuenta también que la composición de las infusiones o preparados no está estandarizada, el peligro aumenta, pues un sobre de la infusión A puede provocar mayor efecto que un sobre de la infusión B.

No hay datos sobre su seguridad

Se calcula que alrededor del 80% de los medicamentos que actualmente se administran a los niños no han sido estudiados con ellos(básicamente por una cuestión ética… ¿quién dejaría que se hicieran pruebas médicas con su hijo?).

Si no se han realizado pruebas con la mayoría de medicamentos y por lo tanto se administran en base a suposiciones, con el riesgo que ello conlleva, menos seguridad hay todavía en los posibles efectos que puedan provocar las infusiones, que tampoco han sido estudiadas y cuya dosificación no está descrita.

Pueden ser tóxicas

Algunas plantas contienen productos tóxicos y si se toman en cantidad o tiempo suficiente podrían dañar al bebé.

Estamos hablando de alfalfa, amapola, anís estrellado (retirado del mercado español), anís verde, artemisa, boj, boldo, caulofilo, cornezuelo, efedra, eucalipto, fucus, hinojo, hisopo, kava (retirado del mercado español), nuez moscada o salvia.

Muchas infusiones contienen taninos y otros compuestos que ligan el hierro y otros minerales, disminuyendo su biodisponibilidad (o sea, evitando que el bebé lo absorba correctamente). Es el caso, por ejemplo, de la manzanilla, el té verde y otros tipos de tes.

El anís, el hinojo y el comino actúan según su principio activo anetol, un depresor neurológico que produce, según la dosis, somnolencia, convulsiones y coma. Por desgracia existen muchos casos de niños intoxicados con estas hierbas (sobretodo por el anís estrellado).

Azúcar y agua: mejor no

Otro factor a tener en cuenta es el azúcar con que se suelen preparar. El azúcar aumenta el riesgo de obesidad y caries y predispone a los niños al sabor dulce, dificultando más adelante la aceptación de otros sabores.

Las infusiones, además, no tienen ningún valor alimenticio, por lo que no sustituye nutricionalmente a ningún otro alimento. Si el que la toma es un bebé lactante la sustitución de leche por una infusión (agua+hierbas) es todavía más grave, pues estará llenando el estómago de líquido cuando podría haber recibido una toma de leche, mucho más nutritiva.

Un punto y aparte merecen las infusiones instantáneas para bebés, que vienen en latas para ser preparadas con agua. En unos días os hablo de ellas.

Más información: Guía de Lactancia Materna para profesionales de la AEP (pág. 402), IHAN (pág. 21), Lactancia y Pediatría La Plata

Publicado originalmente en Bebés y más.

23 mar 2011

Entrevista en El Blog Alternativo



Con motivo del Día del Padre decidieron, desde el magnífico blog El blog alternativo, que sigo diariamente, realizarme una entrevista.

Disfruté con ella y se nota porque le dediqué un tiempecito a responderlo todo, así que para los que no la hayáis leído aún, os dejo un enlace:

PADRES Y CRIANZA: entrevistamos a Armando Bastida, padre, enfermero de pediatría y bloguero

3 mar 2011

Al ir al médico hay que decir siempre la verdad



Las visitas al pediatra o a la enfermera suelen ser motivo de angustia y de rechazo por parte de los niños. Para que lo lleven lo mejor posible se recomienda decirles siempre la verdad.

Cuando son bebés no hay mucho problema, pues van donde les lleven sin rechistar, pero a la que empiezan a entendernos aparecen las primeras reticencias a la hora de acudir al médico.

Sobre la actuación de los profesionales con los niños hay mucho que debatir y probablemente mucho a mejorar (el trato, las miradas, el tacto,…), quizás otro día hable de ello, si a alguien le interesa.

Sin embargo hay otras cosas que pasan en la consulta que no se pueden cambiar demasiado, es lo que hay:

  • No se puede ver la garganta sin el depresor o “palito” que tantas arcadas provoca (a menos que el niño esté entrenado y sepa abrir la boca y bajar la garganta, pero esto sólo lo saben hacer algunos niños mayorcitos).
  • No se puede poner una vacuna sin pinchar.
  • No se puede sacar sangre sin una aguja.
  • No se puede suturar una herida sin una aguja y un hilo.
  • ...
Ante estos eventos y dado que los padres solemos estar siempre informados de lo que les van a hacer a nuestros pequeños debemos decirles siempre la verdad: dónde vamos y a qué vamos (con un poco de tacto, claro).

Muchas madres y padres engañan a sus hijos diciéndoles que van a otro sitio, que van al médico pero que a ellos no les visitará, que van al médico pero que no les pinchará, etc.

Sin ir más lejos, hace unos días entraba una mamá con su hija de 4 años para hacerle una extracción de sangre y ante el llanto de la pequeña la madre le dijo: “No llores, tranquila, que no te van a pinchar”. Un minuto después la niña tenía clavada una aguja sacándole sangre.

¿Qué sentido puede tener para una niña que su madre le diga y le repita que puede estar tranquila, que no le van a pinchar, si acto seguido se lo van a hacer? ¿A qué nivel puede quedar la confianza de la pequeña hacia las palabras de su madre?

Lo más lógico es que cada vez que acuda al médico, aunque su madre le diga que no le van a pinchar, la niña crea que sí le van a pinchar, desconfiando de su madre y temiendo a las personas vestidas de blanco.

Quizás por esto mismo hay tantos adultos hoy en día con fobia a las agujas y jeringas (quizás no).

Lo ideal es decirles siempre la verdad. No hace falta entrar en demasiados detalles, sino adaptar lo que sucederá a su capacidad de entendimiento.

Si un día toca un pinchazo o algo desagradable y se lo comunicamos así, el niño va avisado y se dará cuenta, al confirmarse las palabras de la madre, de que ha sido sincera.

Si un día la visita es más bien de rutina y no va a haber ningún procedimiento doloroso, les decimos que no le van a hacer ningún daño y se dan cuenta que es cierto, el círculo se cierra y acaban comprendiendo que pueden confiar en mamá.

Publicado originalmente en Bebés y más.

26 ene 2011

Presentación del libro "Maternidad adaptada"


Mañana a las 20:30, en el Cau Ple de Lletres de Terrassa, presentaré el libro Maternidad Adaptada junto a Estrella Gil, su autora.

Os dejo información acerca del libro a continuación:

Tener un hijo es una vivencia que supone un cambio radical para la mayoría de padres y madres. De repente aparece en tu monótona pero controlada vida una criatura que desmonta tus horarios y que agota a diario tus energías hasta el punto que hay días que no acabas de ver la luz al final del túnel.

Si esto sucede con muchas de las personas que tenemos de nacimiento todo nuestro cuerpo y nuestros sentidos al cien por cien de nuestras capacidades, imaginad cómo puede ser tener un hijo cuando eres Estrella Gil, una mujer que tiene una parálisis cerebral por una mala praxis en el nacimiento que le produjo una discapacidad del noventa por ciento y que necesita un andador o una silla de ruedas para desplazarse.

Esto mismo es lo que Estrella explica en su libro Maternidad adaptada, un libro en el que muestra una manera diferente, pero igual, de ser madre, y digo igual porque esta mujer tiene un hijo de 22 meses llamado Miquel que crece, engorda, habla y sonríe feliz como pudiera hacerlo cualquier niño de su edad.

No es que lo haya tenido fácil en ningún sentido, ni ahora que es madre, por su evidente discapacidad, ni antes de serlo, por la mayoritaria incomprensión. Según comenta en un pasaje de su libro:

El miércoles, siguiendo las instrucciones del médico de urgencias, llevé mi orina a la enfermera y ella hizo la prueba. Al cabo de un minuto la miró y dijo sin mirarme a la cara: "Sí, estás preñada. ¿Qué piensas hacer con el niño?"

Ahora que es madre tiene que demostrar casi a diario que es capaz de serlo y con este libro lo muestra, tanto a las personas que al verla dudan de ello, como a aquellas personas que, con alguna discapacidad, piensan que debe ser imposible cuidar de un bebé.

Esta es la magia de este libro, que sirve como muestra de que pueden cumplirse los deseos de ser madre, casi contra viento y marea e incluso como muestra de que una lactancia difícil y complicada (Estrella ha tenido siempre problemas para poner al pecho a Miquel), que ella misma llegó a dar por perdida, puede salvarse con paciencia y constancia, pues aún ahora da el pecho.