12 jun. 2008

Bocados de realidad: Andrea

A raíz del post de hace unos días Quiero un niño independiente, Andrea envió un comentario que me gustó mucho, así que le pedí que me dejara ponerlo como post y ha accedido.
Sé que es un caso aislado, que con un caso no se puede generalizar, pero son ya muchos los casos de papás y mamás que empiezan a ver los resultados de dar a los niños todo el cariño del mundo.

Nosotros, por ejemplo, con Jon, lo estamos viendo...tiene todavía 2 años y medio, así que el recorrido que queda es muy grande...pero todo el mundo coincide en lo mismo "qué bueno es...". En la intimidad es un terremoto, pero es normal, es un niño y los niños juegan (y ya sabíamos que iba a ser movidito, porque en la barriga de Myriam dio MUCHAS pistas).

¿Es bueno?

No lo sé, todos los niños son buenos, sus comportamientos dependen de su propio carácter, de su manera de ser y SOBRETODO de lo que hayan aprendido de su entorno... como nosotros sólo le hemos dado cariño y diálogo, nos lo está devolviendo a diario y se lo ofrece a los demás.

Yo sé que su manera de ser es fruto, en gran medida, de nuestra manera de tratarle, sin embargo, tras el comentario de "qué bueno es..." suele llegar la coletilla de "qué suerte habéis tenido...". Bien, no me importa que se achaque a la suerte, yo sí sé porqué mi hijo es así.

Sin más rollos por mi parte, os dejo el comentario de Andrea (gracias wapa):

"He llegado aquí por casualidad y me han interesado mucho los temas que tratas con respecto a los "cuidados" a los bebés y niños. Estoy completamente con lo que escribes en este post y sin ánimo de parecer egocéntrica (quizá un fallo porque mi madre no utilizase ningún método Estivill) me apetece contar mi historia que me parece muy ilustrativa con respecto a lo aquí expuesto.

Tengo 17 años, a punto de cumplir los 18.

Desde niña he sufrido mucha ansiedad y he tenido muchos miedos. No sé el por qué, es desde bebé. Mi madre estaba acabando la licenciatura de psicología cuando yo nací y, a pesar de que en la época en que estudiaba estaba muy de moda el conductismo, siempre partió de la idea de que al tener un hij@ debían primar las necesidades del bebé frente a las de los padres, “dormiré cuando ella duerma” o “la cogeré en brazos y le daré cariño cuando las dos lo deseemos” son algunas de las frases que ella ha aplicado siempre. Cuando yo lloraba mi madre se levantaba inmediatamente y me cogía, me abrazaba y me tranquilizaba, cuando me quedaba dormida en sus brazos o estaba tranquila me metía en la cuna, y si me exaltaba o despertaba me volvía a coger sin pautar tiempos de espera. Cuando tenía una “muy mala noche” me paseaba en el carrito por el pasillo de la casa porque me tranquilizaba, me desnudaba porque me relajaba y se pasaba la noche en vela aunque al día siguiente se quedase dormida en el trabajo.

Por cuestionas laborales y de la “ausencia de un padre responsable” mi madre no podía dedicarme todo el tiempo que deseaba, pero por suerte me dejaba siempre con familiares, mis abuelos y mis tios durante el día, los cuales también me han dado siempre el mayor de los cariños. Cuando dejé de utilizar la cuna sufría terrores nocturnos y no quería dormir en mi cama, así que mi madre se quedaba hasta que yo me dormía y cuando en medio de la noche me despertaba ella me llevaba a su cama y mi padre se iba a dormir a otra. Llegó un momento en el que ya me acostaba desde el principio en la suya.

Cuando empecé el colegio por cuestiones de deplazamiento y del trabajo de mi madre, ella decidió que me fuese a vivir con mis bisabuelos, mis abuelos y mis tíos (que viven (vivían, porque por desgracia mis bisabuelos han fallecido) en una misma casa) para no dejarme en la guardería (teniendo gente que me cuidara). Ella se pasaba todo el tiempo libre conmigo y por la noche se iba.
Al principio los familiares con los que dormía se “empeñaban” en que durmiera solita, pero a mi me aterrorizaba, sentía que las muñecas me hablaban, tenía pesadillas, e incluso me autolesionaba. Me quitaban las muñecas y no yo seguía mal, así que mi abuela se dejó guiar por el corazón y decidió que yo dormiría con ella hasta que me sintiese segura (el tiempo que dormí sola no llegaría a las dos semanas). Por las mañanas me encantaba jugar con mis abuelos en la cama y me levantaba siendo la niña más feliz por tener una familia tan buena y sentirme tan querida.

Como anécdota contaré que mi tío se levantó un día a las 3 de la mañana para ir a buscarme a 10 km de mi casa porque me había quedado a dormir en casa de mis otros abuelos y demandaba incesantemente la demanda de mi casita. Y lo hizo, y me malcriaría, pero hoy aún me emociona pensar que mi tío hiciese eso por mi.

Los fines de semana los pasaba con mi madre y seguía durmiendo ella. Mis padres se separaron, pero eso no es de lo que trata este relato.

Llegado un punto decidí que quería dormir sola, pero sabía que si en algún momento me sentía mal, con miedo o simplemente necesitaba cariño, podría llama ra la puerta de mis abuelos y me harían un sitio en su cama.

Hoy sigo viviendo con mis abuelos y mis tíos, y duermo sola, pero cuando estoy enferma mi tía está dispuesta a venir y dormir en una cama individual por darme cariño, que cuando hay tormenta puedo dormir con ella porque a las dos nos asusta...

Y los fines de semana, voy con mi madre, sigo durmiendo con ella, tengo 17 años duermo con mi mamá y no me avergüenza decirlo ni aquí ni en ningún sitio. Me encanta sentir su contacto y abrazarme a ella, porque me da seguridad y me hace saber que por mucho que pase el tiempo mi madre será mi madre y siempre podré contar con ella, al igual que con toda mi familia.

He sido dependiente durante años, en los que no iba a campamentos ni nada de eso. Pero después he ido a dormir a casa de amigas, he pasado semanas con mis otros abuelos fuera de casa y me considero bastante independiente (excepto económicamente :) ).
He tenido una adolescencia rebelde e insoportable (he de reconocerlo) y he “odiado” a mi madre y mi familia, pero ahora me considero bastante madura para mi edad y creó que no he tenido ningún problema ni de socialización, ni de resolución de problemas por mi misma, ni de ningún tipo. Es más, me siento afortunada por el hecho de disfrutar saliendo con mi madre, de compras, al cine, a cenar porque nos apetece... y saliendo también con gente de mi edad y haciendo cosas propias de la misma.

Ahora mi madre me está ayudando a buscar un piso porque me voy a la universidad con una compañera de toda la vida, y aunque me dá respeto el hecho de dejar la comidad de un hogar seguro, me agrada el hecho de empezar una nueva fase, de ser algo más independiente.

Mi madre no puede estar conmigo todo el tiempo que se que le gustaría, pero no se lo reprocho, se que es su obligación y porque sé que si en cualquier momento de mi vida, aunque tenga 80 años, la llamo y le digo que la necesito hará lo que sea y vendrá a estar a mi lado, igual que toda mi familia.
Así que aunque haya estado “malcriada y consentida” considero que he salido bastante bien...

Perdona por estenderme tanto pero me parece que mi caso es bastante bueno para defender la teoría de críar sin hacer sufrir al niñ@ para que sea independiente, solo dejar que siga sus propios ritmos y aprenda que es también una persona independiente y que eso no supone no tener el cariño y el afecto que necesita."

2 comentarios:

Desi dijo...

Olé, olé y olé por Andre y por su familia. Es que creo que no puedo añadir nada más. Con eso, está todo dicho!

Aún así, y mal que nos pese, siempre estará quien quiera hacernos creer que se trata de "un caso aislado", que esta familia "ha tenido suerte" con la niña, pero que esa no es la norma.

A mí, sin embargo, me sirve para no desfallecer en el intento de darle en todo momento todo el cariño y toda la atención del mundo a mi pequeña.

Gracias por el testimonio.

Elena dijo...

Besos y achuchones, la mejor comida para el alma...¡oye, que también hay que alimentar al alma!

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