23 may. 2008

En Cataluña, el cole obligatorio desde los 3 años


Esto es lo que podemos leer en el anteproyecto de Ley de Educación de la Generalitat de Catalunya:

Artículo 41. Ciclo de parvulario.

1. El ciclo de parvulario, de carácter obligatorio de los tres a los seis años tiene como objetivo el desarrollo global del niño y la niña y su socialización.
[todo lo que no sea que el niño vaya al cole a los tres años hará que su desarrollo no sea el adecuado ni que se socialicen ya que en los parques no hay niños, en la calle no hay personas y en horario escolar los padres se vuelven mudos y no se interrelacionan con sus hijos].

2. El Departament determina el currículum del ciclo de parvulario de manera que permita al centro educativo un margen amplio de autonomía pedagógica que haga posible y relevante la adaptación al entorno. [pues haber dejado las cosas como estaban, siendo la escolarización entre los tres y seis años un derecho que no una obligación, porque en ese amplio margen de autonomía también deberían tener cabida esos padres que prefieren educar a sus hijos de una manera alternativa en estos años tan importantes para el desarrollo emocional de los niños y margen en el que deberían estar aquellos niños cuya adaptación a los centros escolares es problemática con llantos y dificultades durante semanas o meses].

3. El currículum ha de ayudar a los alumnos a desarrollar las capacidades que les permitan identificarse como personas con seguridad y bienestar emocional, vivir unas relaciones afectivas consigo mismos y con los demás, conocer e interpretar el entorno, desarrollar habilidades de comunicación, expresión y comprensión mediante el lenguaje, así como la adquisición de unos instrumentos de aprendizaje y una progresiva autonomía personal. [si me parece fenomenal, pero hay un grueso de padres que quieren hacerlo ellos mismos, que quieren educar a sus hijos en base a sus principios y llegar a los mismos resultados promoviendo una educación más personalizada y un desarrollo con todavía más seguridad que en la escuela, puesto que los educadores son ellos mismos y no personas extrañas, por tanto, por favor, que siga como siempre, educación opcional en estas edades].

4. Los centros tienen que cooperar con los padres o los tutores en la educación de los niños para garantizar la coherencia educativa entre el centro y las famílias. [si, claro, resulta que la maestra se va a adecuar al tipo de educación que cada padre ofrece a su hijo... pues para evitar estas incongruencias en los tipos de educación, lo dicho, permite al que quiera educar de otra manera que lo haga].

5. La evaluación del desarrollo y del aprendizaje de los alumnos debe ser continua y global y tiene que cumplir las funciones de verificar el grado de cumplimiento d los objetivos y adaptar la ayuda pedagógica. [no sea que con 5 años se den cuenta de que todavía no sabe leer o escribir y sea demasiado tarde. Por Dios, si España, en el informe Pisa ocupa el puesto 26 de 40 países en términos de educación. Es que no se puede ser más patético. En vez de acercarnos al modelo de educación del primer clasificado, Finlandia, donde los niños empiezan la escolarización a los 7 años lo hacemos al revés y los obligamos a que vayan todavía antes, a los 3. Olé y Olé].

6. El Departament puede regular formas alternativas de cumplimiento de la escolarización del ciclo de parvulario siempre que se garantice el cumplimiento de los objetivos de la etapa. [esto es una válvula de escape con la que intentan librarse de las críticas, pero sin embargo puede suponer un infierno de exámenes y tests de todo tipo a unos padres y unos niños que según la ley estatal y tal y como sucede en el resto de Europa, no tienen obligación de ir al colegio antes de los 6 años].


Os dejo un escrito al respecto de Carlota Franco (versión del original de Xavi y Rita, de L'Escola a partir dels sis) que me gustó mucho. Extraído de Vilaweb:

Una de las novedades más radicales que propone el documento de bases de la futura ley de educación y que ha pasado muy desapercibida (de hecho, ni siquiera entraba en el pliego de reivindicaciones de la manifestación del 14-F) es adelantar la escolarización obligatoria al segundo ciclo de la educación infantil, el tramo que va de los 3 a los 6 años.

Desde hace muchos años la ley garantiza que todos los niños puedan acceder a un centro de enseñanza (a menudo el que toca y no el que las familias escogerían como primera opción) a partir de los tres añoa, y según los datos de la Generalitat, el 98,5% de los niños están escolarizados. A pesar de este hecho consumado, el gobierno catalán quiere convertir el derecho en una obligación, sin ningún fundamente pedagógico que lo justifique. Y esto obligaría a miles de familias que han optado por otros modelos educativos a adelantar la integración de los hijos en un sistema que cuestionan.

No hay más que echar un vistazo a los países de alrededor para darnos cuenta de lo estrafalaria que es la propuesta de escolarizar obligtoriamente a los niños a partir de los 3 años: no hay ningún estado de la Unión Europea en el que la enseñanza sea obligatoria antes de los 6 años. Tampoco lo es en Canadá, en los Estados Unidos ni en Australia, por poner otros ejemplos. En el caso de Dinamarca, Suecia i Finlándia los niños empiezan a ir al colegio a partir de los 7 años. Ah, Finlandia! por cierto, es el país que en el último informe PISA ha obtenido los mejores resultados en materia educativa, el porcentaje de niños, de dos años a tres, que van a la escuela no supera el 50%. Por eso la Associació de Mestres (Asociación de Maestros) Rosa Sensat ha rechazado públicamente la medida propuesta en el documento de bases.

¿Y por qué prácticamente todos nosotros llevamos a los niños al colegio cuando tienen 3 años? Seguramente las dos razones son, en primer lugar, que tenemos que trabajar, y en segundo, un resignado "porque toca".

Como tenemos que trabajar, el gobierno nos garantiza que podamos dejar a nuestros hijos ocho horas al dia en una escuela donde los educarán durante el tiempo que nosotros no estamos. ¿Es ésta la conciliación de la vida familiar y laboral que queremos? ¿No preferiríamos disponer de mecanismos sociales que nos permetiesen, a padres y madres, reducir la jornada laboral para poder compartir más tiempo con los hijos?

El segundo argumento es el de la asimilación. Como todo el mundo lo hace, a nosotros también nos toca. Nos toca secarnos las lágrimas si nuestros hijos de tres años entran en el colegio sufriendo, llorando un día sí y otro también, durante semanas o incluso meses. Consentimos que se viva como una separación traumática aquello que tendría que ser una verdadera adaptación progresiva, de acuerdo con sus necesidades emocionales. Y a pesar de todo, continuamos creyendo a pies juntillas que es lo mejor para ellos. O nos sentimos impotentes porque tenemos que trabajar y no tenemos alternativa.

¿Es que no trabajan los padres y madres de los otros mal llamados países desarrollados? ¿Por qué ninguno de estos gobiernos ha fomentado la escolarización obligatoria a partir de los 3 años? ¿Como lo hacen para aventajarnos en los índices de bienestar y éxito escolar? Quizás es porque hacen caso de las corrientes pedagógicas más extendidas que consideran que hasta los seis años los niños se encuentran en una etapa clave de su desarrollo, en que la construcción emocional y social es más importante que la acumulación de conocimientos i la imposición de exigencias curriculares. Quizás es porque no menosprecian la importancia del tiempo que los niños pasan con la familia durante los primeros años de vida en este proceso de construcción de los sentimientos y de las relaciones con los demás. Y por eso promueven verdaderas medidas de conciliación, como permisos de maternidad más amplios, la existencia de excedencias remuneradas y con garantía de reincorporación en el puesto de trabajo, el mantenimento del sueldo para uno de los dos miembros de la pareja con niños pequeños o la flexibilidad horaria y previenen, de esta manera, una cantidad considerable de futuros problemas de conducta.

Es más que cuestionable que resulte socialmente beneficioso y pedagógicamente razonable imponer la obligatoriedad del enseñamiento antes de los seis años. Es una ocurrencia impropia de un gobierno progresista y de izquierdas, que se tendría que preocupar de favorecer alternativas que permitiesen socialización menos brusca i drástica de los niños en vez de dedicarse a recortar libertades de las familias.

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