29 feb. 2008

Las agresiones de hijos a padres se denuncian 7 veces más que hace 4 años


En España, como en todo el mundo, existe la violencia intrafamiliar. A diario vemos violencia de género con incontables agresiones de hombre a mujer, alguna de mujer a hombre (pocas se explican, imagino que por vergüenza por parte del hombre, pero haberlas la hay), agresiones de padres a hijos y de hijos a padres. Parece ser que ésta última es la que más escandaliza, pese a que todas deberían ser vistas de la misma manera, imagino que por ser la más novedosa y a la que menos acostumbrados estamos. Por eso se oye continuamente un "En mi época, esto no pasaba".

La noticia dice que ahora se denuncian más, pero no especifica si ahora se producen más. Sería un dato interesante, aunque tampoco es del todo relevante, ya que lo importante de la noticia no es la cantidad de hechos que se producen (que lo es), sino el simple hecho de que se produzcan.
Algo ha tenido que ir muy mal en casa para que un hijo agreda a sus padres y algo ha tenido que ir muy mal para que los padres decidan finalmente denunciar a su hijo.

La noticia en cuestión está en 20minutos. Al verla me interesé por ella y un poco más por los comentarios que me iba a encontrar, pese a que ya sabía el cariz que tomarían.
Leo en muchos de ellos una culpabilización social y legal en forma de un exceso de libertades y derechos a los niños que se supone han dejado de cohartar su crecimiento como persona "bien educada" dejando que sus instintos florezcan. En otras palabras, le hemos abierto la jaula a los leones y los leones han atacado.

Me molestan estas opiniones, puesto que muestran y fortalecen el pensar mayoritario de la sociedad: Los niños nacen malas personas. Se piensa que son seres destructivos, instintivos, sin inteligencia, manipuladores, mentirosos. Nacen así y precisan de nuestra seriedad, rigidez psíquica, de unos límites estrictos que no deberán rebasar, de unos horarios marcados, de una educación impecable o ese ser que lleva dentro, maltratador, asesino, drogadicto y ladrón en potencia saldrá a la luz.
Hay muchos otros comentarios que apoyan el cachete a tiempo (que han recibido muchos votos de apoyo) y el castigo ejemplar. A la antigua usanza, criticando las "modernidades" de hoy en día.

¿Cual es mi opinión?

Pues la contraria, evidentemente. El maltratador, la mala persona, el manipulador y tirano se hace. No se nace.
Estoy de acuerdo en que algo está pasando con nuestros hijos. Estoy de acuerdo en que hay más agresiones verbales y físicas a profesores, padres, y a las personas adultas en general.
Ayer, sin ir más lejos, vi como unos chicos casi fueron atropellados cruzando, con la calma, en rojo, un semáforo. El conductor, con el consabido susto en el cuerpo, les recriminó su actuación. Los chicos se rieron y le dijeron de todo menos bonito.
Es cierto que algo ha cambiado y algo ha motivado este cambio de comportamiento en nuestros hijos, pero no creo que ese algo sea un aumento de los derechos y libertades de los niños que no hacen sino protegerles del maltrato social físico y psíquico.

¿Que es entonces?

Pues son muchas cosas, seguro, pero me centraré en las que creo que más han influido.

1. - Pensar que los niños son tiranos por naturaleza: Ya lo he explicado arriba y en otros posts. Creer que los niños nacen malos y que no te pueden doblegar convierten la crianza y la educación de los niños en una auténtica batalla campal en la que el niño no debe vencer. NUNCA.
Creer que no lo puede tener todo o no se le puede dar todo porque la vida es así, no siempre lo vas a tener todo y de esta manera no cogerle en brazos porque llora ya que si lo coges le demuestras que llorando uno consigue lo que quiere, cuando quizá, por la edad, ni siquiera sabe hablar y no tiene otra forma de pedirlo. O quizá si tenga otra forma de pedirlo pero acaba llorando al ver que no se le hace caso. Este es el momento en el que debemos actuar. Debemos valorar si lo que pide puede ser beneficioso o no para él antes de dárselo/comprárselo, si podemos dárselo/comprárselo y hacer lo que veamos mejor, pero siempre, SIEMPRE, comunicándole un porqué coherente:

  • Juan, no te puedo comprar esto ahora porque no nos va bien comprarlo, si quieres lo dejamos para más adelante.
  • Juan, ahora tenemos un poco de prisa y no nos podemos parar, mañana con más calma lo miramos.
  • Juan, no te puedo comprar un cuchillo de cocina porque es muy peligroso, te puedes hacer daño.
  • Etc.

La cuestión es ser sinceros con ellos, hablar como si fuera un igual. Ya que en cierto modo lo es. Es una persona, igual que sus padres, con la diferencia de que depende en gran medida de ellos y por tanto necesita de ellos (o de alguien que les muestre el camino) para aprender. Por eso comenté el otro día la importancia de predicar con el ejemplo. Si quieres que tus hijos hablen y razonen contigo, házlo tú con ellos.

Si en cambio las respuestas cogen un cariz autoritario el niño no podrá entender el fondo:

  • No Juan, te he dicho que no, que no y que no.
  • Pues porque lo dice el papa. Venga, vamos y no quiero hablar más del tema.
  • Que te he dicho que no. Esta noche castigado! y no llores que no es pa tanto, hombre!
No quiero hablar más del tema, no, que no, y que no. Castigado. Esta falta de comunicación, ese no explicar los motivos y dejarlo en un "porque lo digo yo", ese no llores minimizando su angustia a un "pero hombre, como puedes llorar por eso?" sin entrar a ver el porqué real, que nos puede parecer una tontería, pero quizá para él no lo sea. Esa guerra continua que se crea...

Se declara la guerra

El hecho de pensar en un niño como en una persona a la que debemos doblegar hace que se establezca una guerra continua. Todos sabemos que en una guerra uno gana y el otro pierde. Imaginad dos contrincantes que mantienen una guerra constante en la que uno de ellos pierde, se vuelve a levantar y se establece de nuevo la batalla, pierde, se vuelve a levantar y se establece de nuevo la batalla, pierde, se vuelve a levantar... Así una y otra vez, día tras día, año tras año.
Una guerra, llena de batallas perdidas, hace que crezca una distancia y una sensación de separación y ganas de huida, que puede ser incluso inconsciente. No quiero decir que todos los adolescentes estén deseosos de largarse de casa, ni mucho menos, pero sí hay una distancia, una cuerda que se ha tensado demasiado, y a que acaba rompiéndose. Una rotura que hace que los adolescentes acaben con frases: "que si mama, que me dejes!""que plasta eres""paso de limpiar mi habitación""me piro con mis amigos, ya vendré...no sé a que hora, ya vendré!!". Se ha roto la vía de la confianza. Se ha roto el diálogo. A veces la del diálogo ni siquiera se rompe sino que nunca ha existido. Es la de la confianza la que se acaba rompiendo o no, pues los niños confían en sus padres y les aman, les hagan lo que les hagan. Aunque los padres peguen a sus hijos, y aunque lo hagan sin razón, ellos piensan que la hay. Piensan que lo merecen, que han hecho algo mal. Por eso digo que la confianza aguanta mucho, muchísimo. Hasta que se rompe.

La verdad, no me extraña que la cosa acabe así. El perdedor constante ha crecido bajo una frustración casi constante también y ahora ve que ha aumentado en poder. Es más independiente como persona (¿no es eso lo que querían sus padres, que fuera independiente?). Tiene amigos en los que refugiarse, un grupo de iguales en parecidas o idénticas condiciones que él. Sus conductas se refuerzan entre ellos, sean socialmente aceptables o no.

Han crecido luchando, han aprendido que la vida es una lucha constante y ejercen esa visión en nuestra sociedad. Han aprendido lo que les han enseñado. Ellos sí han hecho los deberes. Han recibido una educación y la han captado perfectamente.

2. - Nuestros hijos están muy solos. Desde muy pequeños a la guardería, 6-8 horas ahí metidos, sin recibir el cariño de su madre, la persona más amada en su mundo.
A menudo se oyen a madres decir: "si, luego al recogerlo de la guardería está enfadado, me gira la cara, pero luego se le pasa" o "cuando lo recojo está que no para, llamando la atención continuamente, pero luego se le pasa". Ah, bueno, si luego se le pasa pues ya está.
No, no está. Que tu hijo te gire la cara o que intente llamar tu atención constantemente en la búsqueda de tu aprobación o tu cariño es significativo de que algo falla.

Acaba la guardería. Al cole. "Ah! cariño, para que no estés dando tantos viajes y tengas más tiempo para comer te dejo en el comedor, así juegas con tus amiguitos". ¿Que más le dará al niño los viajes si está con mamá (o con el abuelo)?¿Que más le dará el tiempo que tenga para comer o poder jugar con sus amiguitos si lo puede hacer el resto del día?¿No estará deseando, pese a que en el cole se lo pase bien, llegar a casa para estar con las personas a las que más quieren en el mundo?¿No se sentirán mal cuando ven que sí hay niños que pueden ir a mediodía con sus padres, pero que ellos no?
Los niños se quedan a comer porque a los padres les va bien. Igual que los niños van a la guardería por esto mismo.
Si los dos padres están trabajando, se quedan a comer porque no hay nadie que los pueda ir a buscar. Si tienen horario partido porque "no me da tiempo de ir a buscarlo, estar pendiente de que coma, comer yo y llevarlo de nuevo. Además en el cole les enseñan a comer muy bien". Sí, sí, que hay madres que los dejan a comer para que coman bien, porque "en casa no come nada" y tan tranquilas, ale! "yo es que como no sé hacerlo o no entiendo que los niños comen lo que necesitan y no más, pues lo dejo en el cole para que le obliguen". El niño llega luego a casa y por la noche no cena casi nada porque está empachao. "Ves, Jose? Tu hijo en casa no come nada!!! Menos mal que lo dejamos a comer!!"
Súmale a las 8 horas de cole la hora que se tira en casa haciendo deberes, el fútbol, la natación, el conservatorio, el inglés y la profesora de refuerzo... ojo, que no digo que no deba hacer deporte ni estudiar música. Si el niño quiere, adelante, por supuesto! pero se ha de tener en cuenta que los niños tienen a menudo más obligaciones que los adultos, y estas obligaciones suman una cantidad de horas impresionante a lo largo del día. La relación padres-hijos y la comunicación es casi inexistente. Al final del día los niños llegan a casa, y en vez de recibir cariño incondicional, diálogo y comprensión empieza una nueva batalla, sea la cena, sea que no vea la tele, sea lo que sea.
Como diablos vamos a tener hijos que den amor y cariño SI NO LO RECIBEN DE SUS PADRES?!?!?

La frase "Son así porque los padres de ahora les dan todo lo que quieren" es falsa.
Debería ser así: "Son así porque los padres de ahora les dan lo que quieren menos lo que más quieren y necesitan, amor, cariño, diálogo y respeto".
Como los niños no reciben eso transforman esa carencia en otro tipo de necesidades, las materiales. Sea el último juguete que ha salido, sea la play, sea lo que sea. Necesitan de ese objeto material para llenar los vacíos que los padres les dejan.

Leyendo más opiniones en 20minutos.es, me he encontrado con una, escrita por un lector llamado el último romántico, que me ha hecho reflexionar mucho. Habla también de la desatención de los hijos fruto de la entrada al trabajo de la mujer, pero comenta el cómo se originó ese fenómeno de necesidad de igualdad por parte de las mujeres. Os la copio íntegra porque no tiene desperdicio:

"Los hijos y sus madres.

¿Es hoy la mujer occidental más libre que ayer? ¿Se ha igualado realmente al varón, si es que tal cosa es posible? Veamos: Occidente hunde parte de sus raíces, quiérase o no, en el cristianismo, el cual saca a la mujer de la semiesclavitud del Imperio Romano, convirtiéndola así en hija de Dios y por ende, en hermana del varón. Quien realmente ha discriminado a la mujer, y mucho más que el varón, es la Naturaleza, exactamente igual que a las hembras del resto de los mamíferos, y suponiendo, que es mucho suponer, que un reparto de papeles pueda ser considerado como discriminación. El problema de la mujer “moderna” es que el sistema la ha metido en un doble papel: el de mujer y el de hombre, contraviniendo con ello lo dispuesto por la Naturaleza. Y todo lo que sea ir contra la Naturaleza acaba pagándose, sobre todo cuando, pretendiendo ser mujer-hombre, se antepone o se equipara el trabajo remunerado a la maternidad, esa pequeña diferencia, origen de todas las discriminaciones de sexo. Mujeres trabajadoras las ha habido siempre; lo que no había antes era tantas mujeres para las que la maternidad fuese algo secundario o, en el mejor de los casos, equiparable al trabajo remunerado.

La mujer, más pasiva que el hombre por naturaleza, no ha hecho casi nada por esa revolución feminista de hoy. Ha sido el sistema de capitalismo liberal, tan condenado por la Iglesia Católica como el comunismo, el que, utilizando los poderosos medios de comunicación actuales y aprovechando la mayor inseguridad psicológica femenina, poco a poco ha ido metiendo las ideas feministas a la mujer por cuatro motivos, entre muchos que se podrían mencionar:

1º- En la empresa privada, a igualdad de trabajo, la mujer cobra menos que el hombre. Es algo parecido a lo que ocurre con el uso de los inmigrantes para tener mano de obra barata.

2º- Si la mujer trabaja, habrá más gente con poder adquisitivo, es decir, consumidores potenciales, lo que generará una mayor circulación de capitales.

3º- Si en una pareja trabajan el hombre y la mujer, el precio de la vivienda podrá ser mayor.

4º- Las guarderías también hacen su negocio de “aparcamientos de hijos de la mujer-hombre”.

Esto último explica que el capitalismo aceptase en su sistema de producción a alguien como la mujer, atada en buena parte de sus mejores años a la posibilidad de la maternidad.

Esa mujer-hombre, que se ha creído liberada del “yugo” del varón, ahora sí ha caído en una verdadera esclavitud, la del capital, y además, con doble cadena, la de mujer trabajadora y la de mujer objeto. (Nunca como hoy la mujer ha sido tan explotada sexualmente ni tan esclava de su cuerpo; nunca como hoy, por ejemplo, se han visto en la prensa tantos anuncios de sexo de pago o de clínicas de belleza). Dentro del capitalismo, que, encima, es cada vez más salvaje, lógicamente el más débil es el que tiene que sufrir las peores consecuencias. La mujer, más que débil, es frágil, puesto que lleva dentro algo tan precioso como el vaso de la vida, con las consecuencias físicas y psíquicas que ello conlleva. Frente a esa fragilidad, la mujer poseía la fortaleza de su pudor natural, pero el capitalismo ultraliberal se lo ha ido quitando interesadamente, dejándola así doblemente desamparada: ante el varón y ante el capital, o, precisando más, ante el natural impulso sexual del varón y ante la despiadada codicia del capital. El feminismo, pues, ha sido un hábil invento del capital para dominar a la mujer, haciéndola creer que es más libre hoy. El varón, como ser humano que es, podrá ser bueno, malo o regular; podrá ser fiel o no a su pareja; podrá ser más o menos egoísta o podrá ser más o menos cariñoso con su compañera, pero el capital siempre será igual de codicioso, sin importarle el sexo del trabajador.

La mujer-hombre ya está empezando a recibir la factura de la Naturaleza de varias formas, como trastornos psíquicos y físicos, adicción al tabaco (acercándose ya en esto, si no superando, al varón), incomprensión, soledad, abandono etc. (Curiosamente, en las agencias matrimoniales y en los foros de contactos de Internet cada vez se inscriben más mujeres, y ya en mayor número que los hombres). El hombre no quiere ser mujer, pero la mujer quiere ser hombre, o al menos, mujer-hombre, porque el sistema se lo ha metido en la cabeza. Ahora bien, no sólo el varón no ha cambiado: la Naturaleza y el capital tampoco han cambiado ni piensan hacerlo. Si acaso, el capital sólo puede cambiar a peor. He ahí el drama de la mujer actual.

Partiendo de la mencionada desigualdad natural, y entrando en el terreno jurídico, no se puede considerar igual lo que no es igual. Por ejemplo, si son iguales ambos sexos, ¿por qué por sentencia judicial se sigue dando la custodia infantil preferentemente a la madre? ¿No contradice este hecho esa supuesta igualdad de sexos? Más bien parece que hayan querido confundir interesadamente igualdad jurídica con igualdad política, a la vez que hipócritamente se reconoce la desigualdad natural entre los dos sexos. Otra cosa es que para actos jurídicos iguales haya derechos iguales. Por ejemplo, para sacarse un permiso de conducir o para recibir asistencia sanitaria o educativa, obviamente, deberá haber las mismas condiciones para ambos sexos. Dicho esto, ¿por qué, por ejemplo, para ser policía a la mujer le ponen un baremo más fácil en las pruebas físicas? ¿Acaso el ladrón correrá menos si lo persigue una mujer policía? ¿No es eso un caso evidente de cuota política de introducción de mujeres, como se puso de relieve en la conocida película “La teniente O'Neill”? Reconociendo la desigualdad natural entre los sexos, se ha llegado, y no es la primera vez, al absurdo de considerar una discriminación como “positiva”, en una clara muestra del más interesado cinismo del sistema hoy imperante.

Y, finalmente, los hijos han acabado pagando también una factura: la de tener como madre a una mujer-hombre. Y con esos hijos, lógicamente, la sociedad ha terminado por sufrir también las inevitables consecuencias. Hoy ya se ve claramente que sólo el capital se ha beneficiado realmente del feminismo. Es lógico: éste fue un invento de aquél."


Vuelvo a ser yo... me ha hecho reflexionar mucho este escrito...

¿Es un error la búsqueda de igualdad por parte de las mujeres?

Yo creo que no. No en el fondo, aunque quizá sí en la forma. Es decir, merece los mismos salarios y merecen ser tratadas exactamente igual que lo somos los hombres. Por supuesto. Pero en esa búsqueda de igualdad la mujer ha salido del cariño de sus hijos, de la dedicación completa por ellos para igualarse al hombre en busca de un salario equitativo y de una realización personal fuera de la familia.

Si en la sociedad antigua (digamos los años 40) hubiera sido al revés, si el hombre trabajara sin un salario, siendo una obligación social inherente a su género y la mujer en casa, criando a sus hijos, hubiera percibido un salario para alimentar a la familia, hubieran buscado los hombres la igualdad con las mujeres? Yo creo que sí. Demandarían poder realizarse en lo personal, poder estar más con sus hijos y disfrutar de ellos y de paso llevar más dinero a casa.

Entonces, lo que se busca al luchar por la igualdad que es, una necesidad de ampliar conocimientos y de crecer social y laboralmente en un puesto de trabajo o la necesidad de demostrar que "yo también puedo traer dinero a casa"? Quizá sean las dos cosas, no lo sé, pero yo preferiría estar en casa con mi hijo y que me pagaran por ello.

Entonces la igualdad debería haber pasado por aquí, establecer un salario según el número de hijos a las madres: "cariño, me van a subir el sueldo, estoy embarazada!!!" y que de esta manera los niños tuvieran una educación basada en recibir cariño, respeto y amor a todas horas. Personalmente creo que una persona que crece con todo eso no puede ser mala persona.

Myriam, mi mujer, y yo, estamos tan convencidos de esto que ella no trabaja. No fue algo premeditado, pero a medida que Jon fue creciendo vimos que era lo mejor. Que no queríamos privarle de amor y menos del de su madre. Y ella se merece cobrar aún más que yo, seguro.


Cuando Myriam dice: "no, no va a la guardería, es que yo no trabajo" recibe respuestas tipo "qué suerte tienes, todo el día en casa" o comentarios tipo "tú no puedes estar cansada, que no trabajas". El dar una educación maravillosa a tu hijo es "ser una vaga". Es una lástima, pero así es la sociedad, tanto tienes tanto vales.

Yo admiro tremendamente a mi mujer. Desde que Jon nació hace 2 años, ha estado las 24 horas de cada uno de los 365 días de cada uno de los dos años con él. Podemos exceptuar algún momento muy concreto en que yo he ido al parque con él, una cena de Navidad (creo recordar) y alguna cosita más. La admiro porque creo que lo fácil es lo que hago yo y lo que hacen los padres trabajadores. Me voy a trabajar sabiendo que mi niño está bien. Hablo con otras personas, me relaciono y desconecto mentalmente de muchas preocupaciones. Lo que hace Myriam es lo que puede cansar. Estoy seguro de que lo hace con muchísimo gusto, como todas las madres que se quedan con sus hijos. También yo lo haría, me encantaría vivir todas las experiencias posibles con él, pero psicológicamente es más duro que salir a trabajar. Por eso me cabrean esos comentarios y por eso pienso que las madres, en casa, deberían cobrar por hacer de sus hijos unos adultos responsables, cuerdos y con capacidad de amar y dialogar.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Me ha encantado tu artículo. Tengo 18 años, he recibido cachetes hasta la saciedad igual que muchos de mis amigos. También he escuchado cosas como "con los hijos mano dura", "si salen así incluso pegandoles,imagínate si no se les pegase".
En cambio cuando oigo muchas tertulias decir que los hijos han salido mal "porque no se les puede dar ni una bofetada ". Me quedo alucinada.
Si es verdad que no se puede, ¿por qué he recibido tantas? ¿por qué entonces tanto revuelo con la ley anti-cachete, si total prohibía algo que ya no se podía hacer?.
Lo que dan ha entender es que los jóvenes tienen que ser buenos,por mucho que los padres no lo hayan sido con ellos. Es como si se exigiese saber tocar el violín por mucho que no hayas visto ninguno en tu vida.
En mi corta vida he visto muchas cosas. A recibir golpes sin poder devolver y sin poder cuestionar la validez de quien me los daba. A ser obligada a dar la razón a alguien aunque supiese que no la tuvira. Más tarde he visto como mis amigos hacían caso diligentemente los "superiores", ya se tratase de fumar porros o de vestir ropa de marca. Que iban hacer si no, ¿cuestionar la "autoridad"?. por supuesto que no, igual que la de sus padres que les han golpeado por necesidad y por su bien.

cuando se habla del cachete se trata de algo necesario que no hace a la víctima ningún daño. No hay ningún dato cientifico que avale eso, los psicologos mismos lo reconocen:

-Está demostrado que los cachetes en la infancia afectan negativamente. De todas formas, por que se de un cachete no pasa nada.

Traducción personal: Está demostrado cientificamente que los cachetes son malos. Pero a mi me pegaron, y me enseñaron a no cuestionar sus métodos. Por eso a día de hoy, tampoco los cuestiono.

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