24 oct. 2009

El olfato del bebé y el olor de una madre



Hace un tiempo Miriam, mi mujer, me sorprendió con una pregunta: "¿Tú recuerdas el olor de tu madre como algo especial?" Y yo, que destaco por tener una increíble carencia de olfato sólo pude responder que "no" (con cara de bobo).

Sin embargo esta conversación se amplió con otras personas y muchas coincidieron en que sí recordaban el olor de su madre y que este recuerdo, el oler prendas de sus madres u olerla a ella directamente les producía un sentimiento de calidez y de seguridad.

Sería algo así como volver a la infancia, a recordar aquellos momentos en que teníamos mucho tiempo libre, pocas preocupaciones y a nuestra madre siempre que necesitábamos un rincón de intimidad, de apoyo y de cariño.

Lo cierto es que la lógica de este fenómeno tan “animal” es aplastante. Los niños nacen con un olfato muy desarrollado y superior al que tenemos los adultos. Este nivel de desarrollo se explica desde la necesidad de asegurarse un alimento adecuado lo antes posible.

A las 24 horas de haber nacido (que es cuando les hicieron los estudios, por lo que quizá sea antes) los bebés son capaces de mostrar rechazo a ciertos alimentos en base a su olor.

Es tal el instinto de supervivencia que se aferran al olor de su madre como si les fuera la vida (bien, de hecho, prácticamente les va la vida). Para que veáis unas muestras de sus capacidades os dejo algunos ejemplos:

  • Si una mujer se lava uno de los dos pechos, el bebé preferirá mamar del que mantiene el olor corporal de su madre, el que no ha sido lavado.


  • Si a un bebé se le coloca a un lado un objeto con el olor de su madre y al otro un objeto con el olor de otra mujer el bebé gira la cabeza hacia aquel que preserva el olor de su madre. En este caso hablamos del olor de su madre, no exclusivamente del olor a leche materna.


  • Cuando un bebé amamantado tiene hambre de noche, es capaz, aunque no tenga luz, de dirigirse al pecho y empezar a mamar guiado por su olfato.


Una vez sus capacidades motrices van perfeccionándose y el resto de sentidos van cogiendo protagonismo el olfato se va perdiendo por desuso.

Los peligros reales de hoy en día que puedan ser detectados con el olfato son pocos, y por ello el resto de sentidos, probablemente más utilizados, adquieren mayor relevancia.

Por la importancia del olor de una madre en la primera etapa de la vida, la recomendación, tanto para el padre como para la madre, y sobretodo para ella, es la de evitar colonias y perfumes que añadan artificios al olor natural de la piel.

De esta manera el bebé tendrá una impronta en forma de olor que recordará durante mucho tiempo (como veis incluso hasta la edad adulta), ese olor de madre que le proporciona seguridad, calidez y amor.

Publicado originalmente en Bebés y más.

11 comentarios:

Caro dijo...

Qué tema tan bonito, Armando, y qué poco recordado...
Yo sí tengo esa experiencia...cuando abrazo a mi madre,sobre todo algún día que estoy plof -que es cuando más nos detenemos en los detalles de las cosas- me percato de su olor, y sin que me diga mucho más, ya me siento mejor. Supongo que me recuerda a todas las innumerables veces que estuve apoyada ahí mismo buscando consuelo (o mimos!)

A mí me gusta mucho oler... me encanta reconocer el olor de mi marido, de mi hijo,... olerlos a ellos, su ropa... soy de esas personas que les gusta ponerse los jerseys de las personas que quieren para sentir su frangancia mientras te los pones (qué friki, verdad?). Y los olores me traen cantidad de recuerdos y sensaciones.
Creo que por eso lo pasé tan mal al principio del embarazo... mi super olfato natural se desarrolló tantísimo que no podía soportarlo. Todo me daba un asco terrible. Esa sí fue una época xunga, xunga.

lobo dijo...

Si, a mi me pasa lo mismo. No sólo con mi madre sino con el resto de mi familia. Yo ahora vivo lejos de ellos, pero cuando vuelvo a la que fué mi casa lo primero que noto es el olor "de estar en casa".

Un saludo

Anónimo dijo...

Y yo que tengo una amiga que se reia de mi porque hasta que mi hijo no tuvo el año (mas o menos) no me ponia nunca colonia!!!!

Eva R.

Sol dijo...

Sí, es verdad, es un olor que se recuerda. Cuando mi madre murió, a veces me venían oleadas de su olor, al abrir un armario, por ejemplo, o al sacar ropa de ella. Es de esas cosas que hacen que te dé un vuelco el corazón. Y luego, cuando desaparece, se añora una barbaridad.

Anónimo dijo...

Genial articulo!! Totalmente cierto lodel olor, yo lo recuerdo, el de mi madre y el de mi padre...y como al estar cerca y olerlo ya me sentía mejor.

Eso, seguridad, cariño. Todo basado en el ser bebé.

Me encantan estas cosas.Gracias

Pablo

espacionutricio.com dijo...

Hola Armando,
Primero quisiera felicitarte por tu blog, que conocí a través de Ileana, por ese fabuloso post que publico hace poco y que tuvo tan buen acogimiento!
En relación al olfato, recuerdo identificar las almohadas de la cama de mis padres por su olor, tengo dos hermanos y todos lo hacíamos: "esta es la almohada de mamá y esta la de papá"
Cuando mi hija era bebé yo no soportaba ni las colonias ni cualquier otro olor fuerte que tapara los olores naturales, tampoco los ruidos fuertes. Para quienes hayan leído a Laura Gutman, tendrán en mente la fusión emocional entre mamá y bebé, que hace posible que la mamá sienta como el bebé. A todas las mamás que hayan podido vivir esta fusión plenamente saben en carne propia la importancia de los olores en el mundo de un bebé!
Fue muy lindo recordar esto a través del post, gracias,
María

Fémina dijo...

Armando, me lo prestas para mi blog si te linkeo?
(http://porunpartorespetado.espaioblog.com)

Armandilio dijo...

Por supuesto, Fémina...

Fémina dijo...

Mil gracias!
;)

EVA dijo...

Yo tambien tengo un olfato malisimo, al igual que mi memoria no destaco por estas cualidades, pero lo que si recuerdo perfectamente era cuando dormia con mi madre, porque mi padre trabajaba por la noche y a ninguna de las dos nos gustaba dormir solas, recuerdo el ruido de sus respiracion por la noche, y como ese ruido me relajaba profundamente.

Armandilio dijo...

Qué bonito, Eva...

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