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23 oct 2011
El mundo mejorará cuando se deje de comparar el comer con el cagar
Siento lo escatológico del titular, pero llega un momento en que parece que hay que explicarlo así para que las personas abran un poco los ojos y la mente: El mundo será mejor cuando la gente deje de comparar el comer con el cagar.
Tan sólo al 49% de los pediatras le parece bien que las mamás den el pecho en público. Si entre los pediatras, teóricos defensores de la lactancia materna, hay tanto rechazo al amamantamiento público, no quiero imaginar qué porcentaje de la población es contrario a que un bebé tome leche materna ante ellos.
Siempre que se argumenta a favor de que una madre pueda alimentar a su hijo allí donde quiera, decimos que es un acto totalmente natural y una necesidad básica que en la mayoría de ocasiones requiere de un alto grado de premura. Los bebés no saben esperar y tienen derecho a recibir alimento allí donde lo necesiten.
Sin embargo, sigue existiendo un sector de la población que considera que dar el pecho a un bebé en público es algo obsceno y que no tienen por qué ver el seno de una señora, cuando tiene la posibilidad de hacerlo en otra parte. Para ellos, y así lo verbalizan muchas personas, “mear o cagar” también es una necesidad fisiológica y algo totalmente natural, y sin embargo no lo van haciendo delante de los demás en medio de la calle.
Viendo esta visión equiparadora del comer con el cagar, entiendo perfectamente que en un restaurante se sugiera a estas madres que vayan al lavabo a amamantar a sus hijos. Y esto da que pensar, porque dudo que nadie se comiera un bocadillo o su plato en el lavabo de un restaurante.
Lo siento, queridos detractores del amamantamiento en público, si vosotros tenéis derecho a comer delante de los demás, un bebé también lo tiene. Es más, este debate no existe cuando el bebé en cuestión es alimentado con biberón, por lo que allí donde un bebé pueda tomar biberón sin molestar a los demás (creo que en cualquier sitio), un bebé amamantado podrá tomar leche materna de su madre.
Hasta donde tengo entendido, las mujeres tienen glándulas mamarias y pechos para alimentar a sus bebés, qué pena que muchos se hayan quedado única y exclusivamente con el factor erótico (secundario) de los mismos.
Esperemos que poco a poco la sociedad avance (que nos estamos quedando muy atrás, demasiado) y acepte de una vez que dar de mamar a un bebé no es un acto censurable.
Foto: Flickr (Shward)
28 may 2011
¿Y ahora qué le digo yo a mis hijos?
Dicen que para afirmar algo debes creer en ello, pues si no nunca tendrás credibilidad: a ver cómo le explico yo a mis hijos que la policía está para defender a las personas buenas.
De momento, para estar en paz conmigo mismo, he firmado pidiendo la dimisión del (Sr.) Puig.
25 nov 2009
Eulàlia Torras: “La guardería puede frenar el desarrollo de los bebés”

Eulàlia Torras de Beà es médica, psiquiatra, psicoanalista y una de las firmantes del Manifiesto “Más tiempo con los hijos”.
Está casada y tiene tres hijos y seis nietos. Hace un par de días fue noticia tras publicarse en La contra de La Vanguardia una entrevista suya titulada “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé” en la que declara que las guarderías pueden frenar el desarrollo de los bebés.
La entrevista es muy interesante y en general estoy bastante de acuerdo con todo lo que dice y por ello he querido hablar de sus palabras en esta entrada.
Antes de hacerlo quiero comentar que el título de la entrevista en La Vanguardia (“La guardería no puede criar saludablemente a un bebé”) no es una frase literal de Eulàlia Torras y está sacada de contexto. Realizo esta aclaración porque no estando de acuerdo con esta frase quise buscar el momento en que la expresaba y al verlo observé que no eran sus palabras.
Qué necesita un bebé
La guardería es un servicio que se ofrece para cubrir una necesidad de los padres: que alguien cuide y eduque a los hijos mientras ellos no pueden hacerse cargo, “pero no es lo que necesita un bebé”.
Un bebé precisa de “la cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres” y la consecuencia de no proporcionárselo “podría comprometer el desarrollo de los bebés”.
Un bebé puede desarrollarse adecuadamente en un entorno estable que le proporcione seguridad. Sentirse seguro es lo que le anima a explorar y un bebé que se atreve a explorar puede madurar adecuadamente.
Alterar su entorno entrando en una guardería puede hacer que retroceda temporalmente en competencias que está adquiriendo como hablar, caminar, etc.
Qué dicen los últimos estudios en neurociencias
Los últimos hallazgos en neurociencias y en psicología evolutiva dicen que, “de los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores…”.
Todos estos estímulos hacen que el bebé establezca una relación emocional y cognitiva sana tanto con su entorno como consigo mismo.
Es cierto que un centro de educación infantil puede ofrecer todo eso pero normalmente no lo hará en la medida que un bebé o un niño puede necesitar. Unos padres implicados y amorosos sí pueden ofrecer todo eso.
Los niños enferman más
Comenta Eulàlia Torras que al entrar a la guardería se multiplican las posibilidades de enfermar, ya que el bebé está más expuesto a gérmenes.
Un bebé que pueda permanecer en su hogar, con un círculo reducido de personas y con los brazos de papá y mamá tendrá una mayor fortaleza emocional, cognitiva y física (ya habréis oído alguna vez que los masajes, por ejemplo, hacen que los bebés ganen más peso).
Sobre este tema existe un estudio reciente que concluye que los niños que van a la guardería sí tienen más riesgo de sufrir algún problema respiratorio durante los primeros meses, aunque esta situación se invierte a medida que van cumpliendo años (a los cinco años son los niños que no han ido a la guardería los que sufren más enfermedades respiratorias) y no supone ningún problema posterior (a los ocho años la situación se iguala y todos sufren los mismos trastornos y tienen las mismas probabilidades de ser asmáticos o alérgicos).
Ante este estudio cabría entonces decidir en qué momento preferimos que nuestros hijos tengan problemas respiratorios, si prontito siendo aún bebés, o más adelante (personalmente me sumo a la segunda opción, ya que puedo elegir).
El fracaso escolar
En España (y en otros países) se piensa que adelantando la escolarización y las materias se evitaría el fracaso escolar, sin embargo a un niño “hay que escolarizarlo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar”, momento que no suele llegar antes de los tres años.
En Finlandia, el país con menor fracaso escolar de Europa los niños no están obligados a ir al colegio hasta los siete años. El Estado sufraga durante el primer año a los padres y permite horarios laborales intensivos o reducidos para que sean los padres los que críen a sus hijos.
En España en cambio los estamos separando tempranamente, tenemos un elevado fracaso escolar, y en vez de analizar las causas estamos cortando los síntomas sin analizar las causas: somos “el tercer país que más psicofármacos receta a menores”.
Sobreproteger a los niños
Uno de los mayores miedos de los padres y de lo que más se les acusa es de mimar y sobreproteger a los niños.
Atender las necesidades de hambre, sueño y sobretodo cariño “no es sobreprotegerlo, ¡es protegerlo de lo que vendrá!”. Un niño criado con cariño y con seguridad “gozará de estabilidad emocional, autoestima y coherencia: estará bien preparado para los reveses que vendrán”.
Un niño que haya sido criado en una guardería con pobreza de estímulos será “poco orientado, intemperante y más agresivo, más vulnerables a la frustración, más depresivos…” (nótese que la entrevistada dice “más que” antes de cada posible adjetivo).
Los centros de educación infantil pueden ser útiles
Muchos tienen excelentes cuidadoras, sin embargo las ratios son demasiado elevadas y repartirse entre tantos niños hace imposible que la calidad de la atención sea personalizada.
Hay ocasiones en que una guardería puede ser muy útil para los niños: “Ante un hogar con abandono, conflicto permanente y agresividad crónica” un niño estará mejor en una guardería que en casa, pero “no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé” (como veis esta frase dista bastante de “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé”, que La Vanguardia quiso utilizar como título).
Qué podría hacerse por el bien de los hijos
Algo que ya hemos comentado más de una vez en Bebés y más, dejar de dedicar recursos a inaugurar centros de educación infantil y subvencionar a los padres para que “dediquen tiempo a criar a sus hijos hasta los tres años”.
“Dedicar tiempo a los hijos de pequeños os ahorrará mucho tiempo cuando sean mayores”, dice Eulàlia Torras citando a la doctora Julia Corominas.
Para acabar con esta entrada quiero citar a una conocida mía: “Armando, es tan absurdo que se tengan que hacer estudios científicos para demostrar que un niño, lo que necesita, es estar con sus padres…”. Me dejó boquiabierto por la sencillez de la frase y le di las gracias por hacerme entender lo penosa que es una sociedad que necesita demostrarse a sí misma que se equivoca cuando separa a unos seres en pleno aprendizaje emocional de las personas emocionalmente más ligadas a ellas, sus padres.
Fuente: La Vanguardia
Sitio Oficial: Fundació Eulàlia Torras de Beà
Foto: Flickr (htlcto)
Publicado originalmente en Bebés y más.
6 nov 2009
¿Hasta qué punto debemos hacer campañas solidarias de juguetes?

Arranca estos días la II Campaña Anual “Niños Solidarios” de Imaginarium en colaboración con la Fundación Antena 3 y Mensajeros de la Paz, que se basa en enviar desde los países occidentales juguetes a aquellos países en vías de desarrollo (los países pobres, vamos), en época de Navidad y Reyes.
Los niños tienen que decorar una caja de zapatos en la que meterán el juguete o juguetes, especificando si es para niño o niña, y llevarla a Imaginarium entre el día 1 y el 14 de Noviembre.
A simple vista suena todo muy bonito, sin embargo a veces me pregunto (quizá me esté haciendo viejo o mal pensado): ¿Hasta qué punto debemos hacer campañas solidarias de juguetes?
Hace tiempo que los occidentales sufrimos una gran enfermedad que consiste en creernos el ombligo del mundo. Creemos que todo lo que hacemos, todo lo que tenemos y el modo en que vivimos es el mejor posible, el más avanzado y al que deberían aspirar el resto de mortales.
Todo el que no vive como nosotros, o es una persona extraña y antisocial, o no tiene recursos para vivir de esta manera, sino parece difícil de entenderlo.
El caso es que, aunque parezca mentira, los niños de los países pobres, sonríen y comparten probablemente más de lo que lo hacen nuestros hijos. Aprenden a ser felices a pesar de todo y aprenden a vivir con lo que tienen, porque no pueden tener más y porque, simplemente, no necesitan mucho más.
Es por eso que el mensaje que damos a nuestros hijos: “vamos a mandar juguetes para los niños pobres, que no tienen dinero para comprarlos” me resulta algo chocante, primero porque no se qué puede hacer un niño con según qué juguete europeo (un coche de plástico rojo, un juguete que vaya a pilas o un action man, por poner algunos ejemplos…) y segundo porque los niños de los países en vías de desarrollo no necesitan estos juguetes para ser felices.
Los nuestros tampoco
Cierto, nuestros hijos tampoco necesitan juguetes para ser felices, sin embargo, en la sociedad en la que viven, es impensable que un niño crezca sin juguetes.
No existe el gen juguete, no nacen necesitando cosas materiales. Somos nosotros y nuestra sociedad de consumo los que imponemos, poco a poco, la necesidad de tener bienes materiales y la necesidad de desearlos.

Los niños sin recursos de los países pobres no tienen esta necesidad porque son capaces de jugar y divertirse sin juguetes (o lo hacen con los que ellos mismos se construyen) y es por este motivo que me parece incluso cruel poner un granito de arena que ayude a hacer sentir a estos niños que para ser felices necesitan tener juguetes como los nuestros.
Pero los niños tienen que aprender a ser solidarios ¿no?
Por supuesto, pero los niños no tienen que ser solidarios con los países pobres para lavar la imagen de los adultos que no lo somos, y menos si con esta solidaridad creamos necesidades en aquellos que no las tienen o si con ello hacemos creer a nuestros hijos que nosotros somos felices gracias a lo que tenemos y que ellos son infelices por no tenerlo.
Se puede ser solidario de cien maneras diferentes. No hace falta enviar cosas a otros países, sino mirar en cualquier esquina de nuestras grandes ciudades para encontrar personas con necesidades.
Voy más allá, no hace falta ni siquiera buscar al mendigo que pide en cualquier esquina, sino mirar a nuestros familiares más cercanos, a nuestros vecinos, a nuestros conocidos, a nuestros amigos y a los desconocidos porque son múltiples las situaciones en que alguien puede necesitar nuestra ayuda (sea echar una mano, sea ofrecer un hombro en el que llorar, sea ofrecer un oído para escuchar, sea…).
Así, empezando desde nuestro entorno más cercano nuestros hijos pueden aprender lo que es la solidaridad.
Binta y la gran idea
Binta y la gran idea es un corto relacionado con este tema que pertenece a una película realizada por Unicef titulada “En el mundo a cada rato“ que llega fácilmente al corazón porque es precioso y porque ayuda al occidental medio a conocer cómo viven los niños en los países pobres.
Está dirigido por Javier Fesser y formó parte de los preseleccionados para los Oscars. Os recomiendo que lo veáis, porque es maravilloso y porque ayuda a ver el hemisferio sur desde otro prisma.
La persona que me recomendó esta película me comentó que sus hijos de 5, 8 y 12 años la habían visto con ella y al parecer se originó en su casa un amplio debate en que aparecieron las palabras “necesidades”, “playstation”, “ropa de marca”, etc. Lo mejor es que dicho debate surgió de sus hijos y no de ella.
La buena vida
Os recomiendo también este cuento de Tony Mello que ayuda a pensar sobre este tema:
Enzo, un rico comerciante de Puerto Ayacucho, visita a las comunidades indígenas del alto Orinoco y se horroriza cuando ve a Orawë, indígena Yanomami tumbado tranquilamente en su chinchorro (especie de hamaca), mascando tabaco.
- ¿Por qué no sales a pescar? – le pregunta Enzo. – Porque ya he pescado bastante por hoy – le contesta Orawë. – ¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas? – insiste el comerciante. – ¿Y qué iba a hacer con ello? – pregunta a su vez el indio. – Ganarías más dinero. De este modo podrías poner un motor fueraborda en tu canoa. Entonces podrías llegar lejos en el río y pescar más peces. Y así ganarías lo suficiente para comprarte una red de nylon, con lo que obtendrías más pescado y más dinero. Pronto ganarías para tener dos canoas y hasta dos motores y más rápidos… Entonces serás rico, como yo. – ¿Y qué haría entonces? – preguntó de nuevo el indígena. – Podrías sentarte y disfrutar de la vida – respondió el comerciante. – ¿Y qué crees que estoy haciendo en este momento? – respondió satisfecho el indio Orawë.
Conclusión
La iniciativa es muy loable. Me parece maravilloso tratar de que los niños aprendan lo que significa la palabra solidaridad, sin embargo no me parece correcto hacerlo a costa de “trastocar” la paz y la felicidad de aquellos niños que no necesitan juguetes para sonreír creándoles la sensación de que para ser más felices precisan de cosas así.
Podemos mostrar a los niños cómo ser solidarios y cómo compartir actuando nosotros como personas solidarias con aquellas personas de nuestro entorno que necesitan de nuestra ayuda en algún momento. Sólo hace falta abrir un poco los ojos y la mente para buscar los momentos y las infinitas posibilidades que aparecen a diario para prestar nuestra ayuda.
Foto: Flickr (Graham Crumb)
Publicado originalmente en Bebés y más.
8 oct 2009
Si funciona será el euro con 20 al mes mejor gastado

Estoy hasta los mismísimos de los números con identificación oculta. Han llegado a llamar a las 21:50 de la noche, cuando están Jon y Aran durmiendo... tú corriendo a cogerlo pensando que es alguien que te quiere decir algo importante y aparece la telefonista de turno metiéndote un trolón:
- Hola, Armando, soy de telefónica (yo también tengo telefónica), hemos detectado problemas en su zona que estamos intentando solventar. Hasta que esto suceda le vamos a pasar temporalmente a Orange, para que pueda mantener el servicio...
- ¿Mande? A mí me funciona perfectamente. Cuando falle les llamo y se lo digo...
Que me dejéis en paz hombre!!!
Si es que llaman y me cuelgan en cuanto contesto...
Así que he llamado al 1004 y he pedido que me anulen, si puede ser, todos los números con identificación oculta.
Cuesta 1,20 Euros mensuales, pero, si funciona, va a ser el euro con 20 mejor gastado, seguro.
14 may 2009
Cuando se espera vida... y no llega

A raíz del post de ayer, Claudia me dejó un mensaje hablando de Uma.manita, una página de apoyo para los padres que sufren la pérdida del bebé que esperaban.
Es un momento triste, desolador... tanto que algo en mí me pide que dedique mi mente a otra cosa, que no lo imagine, que no me ponga en su piel, que no me va a gustar...
Os pongo el mensaje del blog de Claudia, que seguro lo expresa mejor que yo:
Nadie está preparado para la muerte de un hijo. Perderlo es, seguramente, uno de los dolores más grandes que existen.
Perder un hijo que aún no ha nacido es también una experiencia desoladora y terrible. La ilusión en esos meses de espera, soñar con él e imaginar mil caras, mil nombres para ese bebé que anhelamos y luego no mecerle, llegar a casa sin él, es devastador.
Poco importan las razones; cuando se espera vida y ésta no llega, cuando la espera tiene un final triste en vez de uno feliz, no existe consuelo. Parir a un hijo al que sólo tendrás en tus brazos un momento tiene que ser casi como que te arranquen el corazón. En algunos hospitales ni siquiera dejan que la madre vea al niño.
Actualmente no existen (o si los hay, están incompletos y son poco empáticos) protocolos específicos para las mamás que se encuentran en un proceso de abortar o parir un niño que no está vivo. Todo es ambiguo y poco personalizado. He tenido que escuchar muchas veces –tragándome las lágrimas- el dolor de mujeres que han pasado por este terrible momento al lado de otras que están en un trabajo de parto feliz. A la pena de estas mujeres se suma la alegría de otras. Algo inhumano e injusto.
Muerte perinatal o neonatal... parece tan complicado... tiene un nombre poco compasivo. Como si esos bebés no tuvieran derecho a un nombre y a ser parte de una familia. De hecho, la ley no contempla todavía estos casos; no se puede inscribir al hijo no nacido en la libreta de familia y el único soporte legal para esa inscripción es, de momento, la Reforma Amanda, una proposición no de ley, impulsada por unos papás que perdieron a su hijita.
Existen pocos recursos sobre este tema. Es una cuestión delicada en la que nadie quiere ser “sujeto activo” y que todavía resulta tabú en cualquier conversación. Nadie quiere imaginar jamás que algo tan triste nos suceda algún día y no sabemos cómo enfrentar a la amiga, la vecina, la conocida que cruzamos por la calle sin embarazo y sin niño.
Uno de esos recursos es Uma manita, una página web desde la que se brinda apoyo a los papás que han sufrido esta pérdida y que está coordinada por una pareja que la ha vivido. Les dedico este espacio dándoles las gracias por hacer de su tristeza un instrumento de soporte y acompañamiento a otras familias e intentar cambiar con su trabajo desinteresado esos protocolos inhumanos; empujar leyes más solidarias y sensibilizar a la sociedad sobre un tema del que sabemos poco y al que, con toda razón, le tememos.
Fuente: Papá conejo - Mamá piojo
Premio Pulitzer 2009: parir en Haití

Acaba de parir tumbada en esa camilla, acompañada de otras mujeres en camillas paralelas que también esperan un bebé.
No sabe qué es eso del contacto piel con piel al nacer, no sabe qué es eso de poner a los bebés inmediatamente al pecho, no sabe qué es un protocolo de parto, ni un plan de parto, ni un ingreso de tres días para ver que todo vaya bien.
Esta mamá se levanta después de parir para dejar paso a la siguiente. Hay pocas plazas y hay que parir deprisa. Una lágrima recorre su rostro, a punto de llegar a su labio, fruto del dolor, de los nervios, del momento…
No hay sábanas, ni aire acondicionado, ni demasiada higiene. No hay intimidad ni posibilidad de desconectar, no hay silencio que le permita relajarse.
No hay tampoco un camillero que la acomode en una habitación, ni una enfermera que venga de vez en cuando para ver cómo va de dolor o qué tal se coge el niño al pecho, ni un control de aquí a unas horas para ver que su hijo y ella estén bien.
Esta mamá se levanta, como una más, para coger a su bebé recién nacido y volver a su casa. Eso es todo, “ya pasó”. Así se pare en Haití.
Esta fotografía ha sido premiada con el premio Pulitzer 2009.
Fuente: ABC
Más información: The Pulitzer Prizes
Publicado originalmente en Bebés y más.
13 may 2009
Bocado de realidad: por una atención más humanizada

Hoy he podido leer una historia real que me ha dejado el corazón en un puño. Se trata de la historia de Inés, una mujer madre de dos hijos que parió a una niña a las 23 semanas y dos días de gestación que falleció al poco de nacer.
Tres días después de parir Inés seguía en el hospital ingresada y dialogando con el enfermero le dijo: “Ya ves, pensando en mis dos hijos, los he dejado en casa, y mi hija muerta, ¿qué les puedo decir después de tanto? Pienso en ellos. Y yo aquí para nada, todo el tiempo perdido. Me dijo mi marido que no viera a la niña.”
Inés estuvo un mes ingresada sin poder moverse de la cama porque tenía contracciones y su hija corría riesgo.
De vez en cuando tenía metrorragias, pero una mañana fueron más abundantes y ella notó que algo estaba pasando. Se lo comunicó al médico que dijo que no había ningún cambio, todo normal para su estado.
A las tres o cuatro horas Inés notó que algo se movía por abajo. Su hermana levantó la sábana y vio las piernas moradas del bebé asomando por la vulva.
Inés fue tratada de urgencia: “Les dije que no me durmieran, que quería verla, pero no me hicieron caso. Nació viva, notaba sus piernas cuando salía, pero ya me habían dicho que viviría unos minutos si llegaba a nacer [...] Yo quería haber estado con ella esos minutos de vida.”
Pidió que le dejaran ver a su hija muerta, días después, y el enfermero traspasó el deseo a la supervisora que le dijo que “aquí nunca se les ha dejado que lo vean por su bien, se las duerme cuando el niño va a salir y cuando se despierta todo ha pasado”.
Al final consiguieron que le dejaran ver a su hija. Inés necesitaba elaborar su duelo, comprender la pérdida. En la silla de ruedas le entregaron a su pequeña, envuelta en paños estériles verdes. La cogió entre sus brazos, llorando, la acurrucó, la apretó contra su pecho y le dio un beso.
“No le veo nada malo [...] no entiendo porqué los médicos no me dejaron verla [...] Salió viva, respiraba, yo la noté. Es muy guapa, ¿no crees? No es tan pequeña, tenía cinco meses. Ahora me siento mejor.”
Esto es sólo un resumen de la historia. Os recomiendo que la leáis completa, pues merece la pena. Está narrada en primera persona por Alberto Gálvez Toro, el enfermero que, haciendo la residencia de matrona, vivió el suceso junto a Inés.
Ella pidió estar despierta, ella quiso verla, sentirla y tocarla en el momento de nacer. Sin embargo la durmieron por su bien, para que todo pasara sin enterarse.
Ojos que no ven, ¿corazón que no siente? ¿Qué clase de profesionales de la salud tenemos (y somos) que obvian de esa manera las emociones de una persona? ¿Por qué no se respetan los deseos de una madre? ¿Querer hacer algo diferente es impropio?
Inés escuchó su cuerpo, sintió que algo no iba bien y así lo comunicó. Ella sabía que estaba de parto pero no la creyeron. Ella lo sabía. La niña habría fallecido igualmente, pero la sensación para esta madre habría sido bien distinta si al menos hubieran confiado en ella.
Esta es una de tantas razones por las que las mujeres piden una atención al parto (y la sociedad un trato) más humanizado por parte de los profesionales de la sanidad. Las mujeres que van a parir son personas sanas que solicitan una ayuda por si algo no va bien, sin embargo a menudo se les trata como personas enfermas y a la vez como si no lo fueran: “venga, no te quejes tanto, que sólo vas a parir”, “estate quieta o te dolerá más”, “¿que estás de parto? Jajaja, primeriza, seguro…”
Fuente: Revista Índex de Enfermería
Publicado originalmente en Bebés y más.
28 abr 2009
Los gritos también dejan huella en la personalidad de los niños

Siempre que se habla de maltrato infantil la imagen que viene a nuestras cabezas es la de un padre o madre golpeando a su hijo, sin embargo hay otro tipo de maltrato que no deja huella física pero sí psicológica, el llamado maltrato psicológico.
Un reciente estudio llevado a cabo por científicos de la Escuela Simmons de Trabajo Social de Boston (EEUU) muestra que no hace falta pegar a un menor para dejar señales de por vida en su personalidad, sino que basta con gritarle.
Los científicos revelaron que no esperaban los resultados obtenidos. Según comentó la directora del estudio: “Esperábamos que la exposición a la violencia física dejara cicatrices perdurables, pero no creíamos que nos íbamos a encontrar con que la exposición a gritos e insultos entre miembros de una familia tuviera efectos en la vida adulta”.
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23 abr 2009
La juventud se pierde...
Digo esta frase y me recuerda a un tema de Ismael Serrano en que dice "la juventud se pierde, cómo se pierde".
Pues cómo se va a perder, como esta "pobre" muchacha que espera (im)paciente la llegada de su ídolo Sergio Ramos y que se enfada cuando otra chica, supuesta rival por el amor de Ramos, se desmaya y se la llevan dentro.
En fin, ver para creer... El corte dura 30 segundos, pero tuve la (mala) suerte de verlo entero por la TV y no tenía desperdicio. Le dijo a la cámara, como si hablara con el futbolista, que estaba dispuesta a casarse con él.
Solo espero que no se lo crea mucho y no desperdicie su juventud esperando que el muchacho le corresponda.
Dentro vídeo:
Pues cómo se va a perder, como esta "pobre" muchacha que espera (im)paciente la llegada de su ídolo Sergio Ramos y que se enfada cuando otra chica, supuesta rival por el amor de Ramos, se desmaya y se la llevan dentro.
En fin, ver para creer... El corte dura 30 segundos, pero tuve la (mala) suerte de verlo entero por la TV y no tenía desperdicio. Le dijo a la cámara, como si hablara con el futbolista, que estaba dispuesta a casarse con él.
Solo espero que no se lo crea mucho y no desperdicie su juventud esperando que el muchacho le corresponda.
Dentro vídeo:
Los niños son el futuro pero también el presente

Todos hemos dicho u oído en alguna ocasión que “los niños son el futuro”. Desde pequeños les educamos, les escolarizamos y estamos pendientes de su crecimiento y su comportamiento para que el día de mañana sean el relevo de los adultos de hoy.
Sin embargo, y creo que estaréis de acuerdo conmigo, los aprendizajes se consolidan cuando se llevan a la práctica y a los niños les dejamos practicar poco. Este es de hecho uno de los peros que veo en la sociedad actual y en la escuela.
Los niños acuden a aprender y son enseñados desde la perspectiva de sujeto sin conocimientos que debe aprender lo que el sistema considera, con poca capacidad para tomar decisiones (los padres y los profesores saben lo que es mejor para ti) para, una vez llega a la adolescencia deber tomar una gran decisión de futuro como es orientarse hacia una profesión cuando nadie te ha enseñado a tomar decisiones, pues como digo, las han tomado por ti.
De este hecho se hace eco César Muñoz Jiménez, consultor internacional de infancia, juventud y participación ciudadana en una entrevista en que expresa la necesidad de que los adultos tengamos en cuenta los polos más importantes del cambio social: los niños, por su capacidad creativa, imaginativa y su tremenda ilusión y los ancianos por su experiencia y su memoria social. Justamente, los dos grupos de edad más olvidados.
Los niños deben tener más implicación en la vida social y esto debe empezar en la familia y en la escuela, permitiendo que tengan voz y si es preciso que tengan voto. No olvidemos que son personas y que tienen una vida que vivir con sus opciones, sus elecciones y sus consecuencias. De nada les sirve si las elecciones las hacemos los adultos por ellos, pues estarán viviendo la vida que esperamos que vivan y no la que ellos quieren vivir. Normal que luego no se sientan responsables de sus actos porque, como digo, no suelen ser sus elecciones, sino las nuestras, las de sus padres.
Implicándose más en la sociedad se convierten en, como dice César Muñoz, personas activas, menos violentas y más respetuosas con su entorno:
"A mayor participación, menos violencia. Baja el nivel de violencia, de agresividad y sube el de conciencia, orgullo y cuidado con el espacio en el que participan. Si los jóvenes participan desde niños en el diseño de un parque, luego lo cuidan, es un trozo suyo, de su idea, de su sugerencia. La infancia nunca será futuro si no es presente. Debe dejar de ser una transición, hay mentiras organizadas que dicen que para ser hay que ser adulto. Los niños y los ancianos tienen que participar más. La base del cambio está en la infancia."
Así a priori, es posible que suene descabellado, sin embargo los niños y jóvenes son muy capaces de elegir y de ver las consecuencias de sus elecciones (y si no las ven ahí estamos nosotros para hablar sobre ellas y promover la reflexión), sólo falta que se les ceda un poco de la responsabilidad que curiosamente se les pide.
Por poner un ejemplo, y cito de nuevo al entrevistado:
"En un pueblo de Barcelona un grupo de niños de entre 12 y 18 años participaron en el diseño de su pueblo, de la fiesta, hasta tienen la llave del Ayuntamiento para reunirse los domingos por la tarde en el salón de plenos. Administran un millón de pesetas de subvención del Ministerio, y eso creó un escándalo entre padres, políticos, etcétera, y lo hacen bien."
Y añado que probablemente lo hacen mejor que los adultos, con más implicación, con más ilusión y con más responsabilidad a la hora de gestionar el dinero.
Si vemos a nuestros hijos desde el punto de vista de que son niños tiranos, futuros rebeldes, adolescentes perdidos, inconscientes e irrespetuosos les estamos abocando directamente a ello, pues no les dejamos elegir, no les dejamos encontrarse, ser conscientes de sus vidas ni por tanto ser consecuentes ni responsables de sus propias elecciones.
Los niños son el futuro, pero también el presente. Debemos aprender a aprender de ellos.
Fuente: Comercio Digital
Publicado originalmente en Bebés y más.
20 abr 2009
Aumenta la oferta y la demanda de bebés y niños para trabajar en televisión

El aumento de canales de televisión privados y de pago ha hecho que la demanda de niños para trabajar en anuncios y series de televisión sea cada vez mayor.
Curiosamente, y quizás en esto tenga algo que ver la crisis económica actual, la oferta también se ha disparado, habiendo en la actualidad el doble de niños que optan por conseguir un trabajo que hace dos años.
Cabe valorar esta situación sobretodo por el bien de los pequeños, pues en muchas ocasiones tienen horarios abusivos, no pueden estudiar y su niñez se ve seriamente afectada por la presión familiar y social.
El problema radica en que el trabajo infantil en espectáculos no está debidamente vigilado. En el artículo 6 del Estatuto de los Trabajadores podemos leer: “La intervención de los menores de 16 años en espectáculos públicos sólo se autorizará en casos excepcionales por la autoridad laboral (…) y para actos determinados”, sin embargo nadie controla esa excepcionalidad.
Este tipo de autorizaciones se suelen dar en bloque (de hasta 70 u 80 niños a veces) y se informa al fiscal que no las revisa caso por caso a menos que haya una denuncia.
Esto quiere decir que no hay nadie que compruebe que los horarios de trabajo o las condiciones en las que están los niños (horas bajo el sol, en salas de espera,…) sean adecuadas, que la fama no esté afectando psicológicamente al niño, que no se produzca ningún tipo de presión al niño “para que lo haga bien” ni dónde acaba el dinero que gana.
Según el Código Civil las ganancias de un menor en esta situación deberían entrar a formar parte de su patrimonio personal, sin embargo se permite detraer una parte importante para el sostenimiento de las cargas familiares y por aquí es por donde se escapa el control del dinero, pues admite diversas interpretaciones.
En otros países, en cambio, el dinero debe ir a una cuenta del menor que no se puede tocar hasta que llegue a la mayoría de edad.
Según un especialista en castings infantiles lo importante para regular el trabajo de estos menores y los abusos sería “el control del dinero. Si los padres no pudieran tocar lo que gana el niño, seguirían llevando a sus hijos a esas pruebas sólo los que piensan en el bien del crío y se evitarían decenas de situaciones de presión y abuso”.

El psicólogo infantil José Antonio Luengo comenta que en algunos de estos niños, si pasan demasiadas horas trabajando y no se les permite un desarrollo psicológico en un entorno de iguales (crecer entre otros niños), con una salud cuidada y un ambiente familiar equilibrado, el desarrollo emocional se resiente y afecta tanto a la infancia como a la vida adulta.
“Los efectos no se ven al día siguiente, sino con el tiempo. Les pasa también a los niños que se dedican al deporte profesional”, comenta Luengo.
En la edad adulta viven las dificultades de la desnaturalización de la infancia: “Me he perdido muchas cosas” o “Yo creía que iba a ser así toda mi vida” son frases que le dicen muchos ex niños artistas.
Los actores de Madrid han conseguido un convenio para el teatro en que los niños de 4 a 16 años no pueden trabajar más de cinco horas diarias, ensayos incluidos.
Para los rodajes de anuncios y series de televisión en cambio no hay regulación de este tipo y son los representantes o los padres los que tienen que velar por los niños.
Aún así se dan ocasiones en que los niños hacen los mismos horarios que los actores adultos (recogiéndoles en casa a las ocho de la mañana para devolverles a las siete de la tarde) y los mismos padres piden que no se haga nada porque el trabajo del niño o niña les está salvando la vida.
Un niño trabajando haciendo series de televisión o anuncios (o haciendo teatro o en un circo) no deja de ser una situación de trabajo infantil y debería ser, por ello, totalmente regulado y vigilado para evitar abusos, presiones y excesos que puedan afectarles.
- Fuente: El País
- Fotos: Flickr (allspice1), Flickr (MiikaS)
Publicado originalmente en Bebes y más.
18 abr 2009
Muchos niños se aburren en vacaciones

Recién pasadas las vacaciones de Semana Santa vengo a comentar una situación que se da a menudo: muchos niños se quejan porque en vacacionesse se aburren. Al parecer no todo es diversión y se ha comprobado que muchos niños echan de menos las clases y a sus compañeros.
Al llegar las vacaciones (y con las de verano pasa igual), los niños dejan de lado sus apretadas agendas y cuentan con una gran cantidad de tiempo libre que muchos no saben cómo llenar.
Muchos padres siguen trabajando, los que se quedan en casa con los niños se quedan pronto sin ideas y la consecuencia es que los niños acaban aburriéndose.
El problema es de los padres, pero lo es también de los niños. Es muy difícil llenar los días de los pequeños con actividades y juegos que les gusten y es fácil llegar al punto de “no sé qué más podemos hacer”.
Por una parte digo que el problema es de los niños porque los padres deben llenar el tiempo de los hijos, cuando lo normal sería que la mayor parte del tiempo libre lo gestionaran ellos mismos.
Son ellos los que tendrían que inventar juegos y situaciones y pasar el tiempo libre desarrollando su creatividad y su imaginación sin la necesidad de que el juego fuera dirigido.
Por otra parte digo que el problema es también de los padres porque esta situación, en que los niños se aburren porque no saben a qué jugar, viene dada por el exceso de control de los horarios de los pequeños por parte de la sociedad y de los padres y por el nivel de dependencia que acaban adquiriendo los niños, que se acostumbran a hacer lo que se espera de ellos y lo que se ha planeado para ellos.
Y el aburrimiento, ¿es bueno o es malo?
Lo mejor es que no se aburran demasiado, pero el tiempo libre es oro y los niños deben aprender a valorarlo.
Lo ideal es no llenar las agendas de las vacaciones de los niños de actividades y juegos y dejarles tiempo para “no hacer nada”. Como mucho, si realmente no sale de ellos ningún juego, iniciar algunas actividades para que ellos las continúen y estar a su lado para jugar con ellos permitiendo que cambien las reglas o el juego si así lo desean.
¿No hacer nada?
Suena raro, pero pensad por un momento a cuántos nos cuenta “no hacer nada”. Vivimos cegados por las actividades, por las obligaciones, por nuestras responsabilidades. ¿Qué pasaría si alguien nos dijera “ahora no hagas nada”? Probablemente no sabríamos.
En un momento social en que no hacer nada está mal visto (los que no hacen nada son unos vagos, ¿no?) debemos ofrecer a los niños momentos de “no hacer nada” para que piensen en ellos mismos, se conozcan un poco más y para que del “no hacer nada” salgan aquellas cosas que les interesen.
En otras palabras: es bueno que se aburran un poco para que ellos mismos desarrollen la creatividad y busquen juegos que les gusten y estimulen.
Si se aburren demasiado y no saben llenar su tiempo libre, probablemente dependen de los padres más de lo que deberían.
Fuente: Telecinco
Publicado originalmente en Bebés y más.
8 abr 2009
¿Es malo ser zurdo?

El otro día hablaba con una enfermera de pediatría amiga mía y me explicó una situación que le había pasado unos días atrás.
Mamá: Mire, es que me parece que mi niña es zurda.
Ella: ¿Ah sí? ¿Le ve que utiliza más la mano izquierda?
Mamá: Pues sí... ¿No se puede hacer nada para que sea normal?
Que en el siglo XXI los zurdos sean considerados no normales (por no decir anormales) tiene delito.
El cabreo de mi amiga era considerable. Ella es zurda.
9 mar 2009
El niño que no hay en tí o el sentido de la vida

"En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta".
Pablo Neruda (1904-1973).
Argg!!!! Es tan cierto que leerlo me araña la mente, me desgarra el alma y me hace hervir de odio hacia mí mismo.
En mi fuero interno me doy cuenta que me cuesta jugar, me cuesta tumbarme a su lado porque si y permanecer jugando con Jon, me cuesta...
Cuando él está tranquilo en su habitación pienso: "aprovecho que está tranquilo para..." cuando debería decir: "voy con él, ahora que está tranquilo".
Sé que no me necesita. Puede estar tanto tiempo solo que a veces hasta me apena y voy con él. Juego un rato pero me canso, me aburro, me siento vacío. ¿Será que no queda nada del niño que fui?
Los adultos, estamos siempre tan ocupados que damos asco!!
Tantos años de lucha de la sociedad para que creciera (yo), para que madurara, para que me hiciera un adulto responsable y competente, tantos años de hacerme sentir uno más del rebaño y para nada especial... Tantos años para darte cuenta, cuando tienes hijos, que te han pasado de rosca, que has olvidado la esencia, lo que nos une entre nosotros, los valores, el juego, el compartir, la niñez, la relación...
Porque los humanos somos eso, relación. Crecemos con ella (Tarzán creció sin ella y mira cómo le fue) y vivimos necesitándola. Necesitamos relacionarnos continuamente con los demás, pero...
De lo que necesitamos a lo que recibimos hay un trecho.
La competitividad, el capitalismo, el egoísmo, la búsqueda de un beneficio constante ha hecho que las personas nos relacionemos, pero mal. No sabemos. Hemos pasado de ser sujetos a ser objetos.
Los objetos se utilizan, se manipulan, se tiran cuando no sirven o se guardan en la caja "de nunca jamás". Los objetos se compran, se venden, se rompen y se arreglan. Hoy tienen un valor y mañana a no.
Somos objetos.
Me vendo. Valgo lo que ves y mi trabajo vale tanto. Me compran.
A mí me pagan más, yo soy un objeto más valioso que tú.
A mí me pagan menos, tú vales más que yo.
Así somos, así funcionamos, dejando colgada la dignidad, lo que nos hace personas, en la puerta, al salir de casa. Qué importa qué me digan o hagan. Soy un objeto, lo que importa al fin y al cabo es que me paguen, si es a costa de sentirme vacío y de ir contra mis ideas, da igual.
¿Da igual? ¿Esto es vivir? ¿Esto es ser persona?
"Por el interés te quiero Andrés", "no te fies de nadie", "mira lo que me ha dicho esa"...
No sabemos escuchar, no sabemos guardar secretos, no sabemos contar, no sabemos relacionarnos.
No tenemos confidencias, porque no nos fiamos de nadie. No podemos ir con el corazón en la mano porque nos hacen daño.
"No me quiero volver a enamorar, por si me dejan"...
En todo este aprendizaje vital, y para que no nos hagan daño nos hemos hecho personas individualistas. Individuos. Individuales. Cómodos sólo con nosotros mismos y nuestro silencio.
En nuestra soledad y nuestra falta de relación nos sentimos cómodos y confiados, pero tristes y desdichados. Sin relación no hay vida. Nos cerramos en nosotros mismos, nos acorazamos para sobrevivir y, tratando de sobrevivir, morimos.
Vivimos sin vivir...
Es lo que nos han enseñado, es lo que hemos mamado de la sociedad, es lo que nos piden que hagamos con nuestros hijos, que se sientan desdichados, que no tengan conciencia, que no sepan relacionarse, que sean seres maleables e indefensos y que no se unan por un bien común.
Así se controla a una sociedad: Divide y vencerás.
Y hemos picado como hijos y estamos picando como padres. Yo he picado en cierto modo.
Estamos tan vacíos que necesitamos bienes externos. Estamos tan vacíos que cuando nuestros hijos nos reclaman, tenemos poco que darles, porque sentimos que todavía tenemos que acabar de llenarnos.
En vez de ofrecerles lo que nos piden (calor humano, cariño, TIEMPO) dedicamos nuestro esfuerzos en controlar sus vidas. En vez de enseñarles, les limitamos. En vez de acompañarles en la libertad les dejamos sueltos en una jaula con dos o tres puertas que dan a nuevas jaulas.
"No puedo estar contigo porque tengo cosas que hacer" significa que no puedo darte mi presencia porque tengo que satisfacerme a mí mismo primero.
Quizás un día, cuando me sienta lleno, pierda el egoísmo que me invade y deje atrás mi propia inutilidad y la poca capacidad que tengo para relacionarme con los demás (me tranquiliza al menos saber que no estoy solo, todos somos iguales) y para tratarte como mereces pueda empezar a darte y llenarte.
Ese día veré que has crecido y que todo lo que tengo para darte no te interesa. Buscarás satisfacer tus necesidades en otro sitio, en otra parte, con otra gente. Habrás aprendido que el amor no se crea de la nada y que el espacio que tenías en tu mochila para mi amor, que nunca se llenó de amor está vacío.
Me daré cuenta que no habré sido un buen padre para ti y en mi afán por evitar que le pase a nadie más le diré a mis amigos padres novatos que aprovechen, que "los niños crecen muy deprisa, tanto que no te das cuenta" y sonreirán agradeciendo el consejo desde la ignorancia de un ser vacío como lo fuera yo.
Lo sentiré por sus hijos, pues el ciclo "padre vacío de contacto y calor no llena la mochila de sus hijos" se repetirá.
Lo sentiré por mis hijos, pues yo no les habré llenado y el ciclo continuará, probablemente, con sus hijos.
Así funciona el mundo, seres imperfectos engendran seres perfectos y los hacen imperfectos para que el sistema no se derrumbe.
Mientras tanto seres imperfectos en su totalidad y faltos de valores engrosan sus cuentas bancarias riéndose de nuestras imperfecciones.
No quiero, no me da la gana.
Estoy vacío. De acuerdo. Lo sé. Lo asumo.
Necesito buscar el sentido de la vida. El sentido de mi vida.
¿Cómo voy a dar sentido a vuestras vidas, hijos míos, si aún ando buscando el mío?
Todos somos así. Los problemas de hoy en día derivan de esas carencias. El que no tiene un motivo por el cual vivir, vive, y ya está, simplemente vive y hace lo que le han enseñado a hacer o lo que ve que hacen los demás, seguir la inercia.
El que no tiene un motivo por el cual vivir se deja llevar por la corriente e intenta, únicamente, sobrevivir.
Intentaré encontrar el sentido de mi vida lo antes posible, Jon y Aran, intentaré estar ahí. De verdad.
Intentaré acabar de hacerme como persona para acabar de llenarme de valores.
Sólo así os enseñaré a vivir, porque las ideas se explican, pero los valores se enseñan.
7 mar 2009
Los fumadores no podrán acoger niños en un distrito de Londres

A partir de enero del 2010 los fumadores no podrán ser padres de acogida en un distrito de Londres. La medida pretende velar por la salud de los menores protegiéndoles de la exposición pasiva al humo del tabaco. No han tardado en aparecer las críticas al respecto.
Diversos estudios advierten de lo especialmente susceptibles que son los niños al humo aumentando el riesgo de asma, neumonía, bronquitis, otitis e incluso de muerte súbita. Los fumadores que ya tengan niños a su cargo recibirán ayuda para abandonar el hábito tabáquico.
Michael Stark, responsable de atención al menor en esta área londinense, comenta lo siguiente al respecto: "Sabemos que mucha gente considera que se trata de una intromisión en sus libertades, pero también sabemos que el tabaco aumenta el riesgo de enfermedades graves en la infancia".
Las críticas a esta medida han venido tanto de los colectivos de fumadores como de la red nacional que gestiona el acogimiento infantil en Reino Unido (Fostering Network), que ha expresado su preocupación ya que entienden que con esta medida se puede excluir a familias válidas para el cuidado temporal de niños que lo necesitan.
La organización se muestra colaboradora al respecto y dispuesta a evaluar cada caso de manera individual. Una medida que es lógica si tenemos en cuenta que no es lo mismo la persona que fuma un cigarro en el jardín al final del día que el fumador habitual.
Los fumadores por su parte sienten esta medida como un nuevo intento de estigmatizarles y de dictarles de qué modo deben vivir sus vidas. Según el grupo pro-tabaco Forest "esta medida parece querer decir que los fumadores no pueden ser buenos padres, y eso es totalmente inaceptable".
Entiendo que los fumadores se sientan perseguidos y "estigmatizados" ya que es una medida más que se suma a la larga lista de situaciones en que el tabaco es casi perseguido.
Sin embargo estamos hablando de la salud de terceras personas, en este caso niños, que no han "elegido fumar".
El simple hecho de llevar ropa impregnada del olor del tabaco es suficiente para aumentar los riesgos de problemas respiratorios. No hace falta pues hablar de aquellas personas que fuman en una habitación del piso, aunque sea alejados de los niños o directamente delante de ellos.
Si nos centramos, por ejemplo, en el síndrome de la muerte súbita, solo el hecho de ser una persona fumadora (aunque fume en la calle) es motivo para desaconsejar que duerma en la misma habitación que el bebé hasta los 3 meses de edad.
Fuente: El Mundo
Escrito originalmente para Bebés y más
6 mar 2009
Una clínica de EEUU hace posibles los niños a la carta

¿Imaginas poder elegir algunos de los rasgos físicos de tu bebé?
Pues ahora es posible en Los Ángeles (EE UU), donde la clínica de fertilidad LA Fertility Institutes ofrece a los futuros padres la posibilidad de elegir el sexo del bebé o rasgos como el color de pelo o de los ojos.
Para hacerlo la clínica se basa en el Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) que es utilizado actualmente para eliminar la carga genética de determinadas enfermedades hereditarias.
El director de la clínica, Jeff Steinberg, opina que no hay nada malo en su propuesta y que igual que llevan a cabo técnicas médicas preventivas pueden trabajar también en base a motivos estéticos eligiendo los embriones que tengan las características solicitadas.
Según comenta una pareja podría querer tener un niño más moreno para protegerlo de un cáncer de piel si ya tienen un hijo con melanoma o simplemente pueden elegir por el capricho de tener un hijo rubio o para tener una niña o un niño si es lo que desean. "Yo no diría que se trata de un camino peligroso, sino de un camino aún sin explorar".
La posibilidad de elección no está disponible a todas las parejas, sino solo a aquellos que vayan a someter a sus embriones a test genéticos para detectar anomalías.
Este tipo de prácticas no están reguladas por ninguna ley en Estados Unidos, por lo que es posible hacerlo sin problemas.
En España, la Ley de Reproducción Humana Asistida, aprobada en 2006, permite tener bebés seleccionados genéticamente para servir de donantes y curar a hijos gravemente enfermos pero prohíbe elegir el sexo de los niños.
El debate está servido. Bajo mi punto de vista, al tener la capacidad de elegir cómo queremos que sea nuestro hijo como si fuéramos a comprarlo se pierde la esencia de la reproducción como la conocemos.
El misterio de saber qué sexo tendrá y cómo será queda revelado antes de que se produzca el mismo embarazo y creo que demasiado control social y estético hay de la población como para que se expanda al mundo de los bebés no nacidos.
Ya me imagino solicitudes en base a las últimas tendencias ("este año se llevan los niños castaños y con ojos azules") y, la verdad, me produce un cierto vértigo mental.
Fuente: El País
5 mar 2009
El síndrome de Down está desapareciendo en España

El 95% de las mujeres españolas aborta cuando se detecta la alteración cromosómica que origina el síndrome de Down.
Las técnicas de diagnóstico prenatal han mejorado mucho en los últimos años y ahora es más efectiva la detección de alteraciones cromosómicas. Sumando a estos avances la aprobación de la actual Ley del Aborto española los nacimientos de niños con síndrome de Down ha disminuido notablemente.
En 2006 se registraron un 56% menos de casos que en 1980. Este descenso es más acusado en el caso de madres de 35 años en adelante, que es de un 85%.
La mayoría de las madres en edad de riesgo se someten a la realización de una amniocentesis (a pesar de ser una prueba invasiva no exenta de riesgos) y el 95% de ellas se someten a un aborto al conocer el resultado positivo.
25 feb 2009
Separado de sus padres
Escrito por Mireia Long para Bebés y más:
El hijo de Sharon y Joseph tiene 13 meses. Esta noche duerme separado de sus padres por culpa de la estupidez y la inhumanidad de las instituciones. Sus derechos fundamentales han sido pisoteados sin piedad. Nadie puede explicarle a un bebé lo que sucede y él no puede explicar lo que siente.
Su suerte depende del Ministerio del Interior. Si no acceden a las solicitudes de reunificación, el pequeño seguirá separado de sus padres. No se sabe siquiera si para siempre, pues los padres podrían ser repatriados en breve.
Sharon y Joseph son sudaneses y están ingresados ambos en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Málaga. Están allí desde que el 2 de febrero, habiendo llegado a España en patera pocos días antes.
La ONG Andalucía Acoge pidió que la familia fuese puesta en libertad, pues el espacio donde se encontraban no es adecuado para un bebé. Incluso el Defensor del Pueblo ha solicitado que no sigan recluidos por puros motivos humanitarios. Pero la solución ha sido entregar al bebé a los Servicios de Protección del Menor, separándolo de sus padres.
No tengo palabras para expresar mi indignación y mi pena por un hecho como este. Pienso en este niño inocente y no encuentro justificación posible para su situación. Ninguna. Ninguna ley puede estar por encima de la necesidad de un bebé de estar con su familia. Apelo a la sensibilidad humana de los responsables. Que recapaciten. Es sencillo ponerse en la piel de estas personas, de este pequeño que no merece lo que le está pasando.
Las protestas y las peticiones por vía legal para reunir de nuevo a esta familia dándoles garantías de protección son muchas. Y serán más. Espero que el caso se solucione pronto y el pequeño hijo de Sharon y Joseph pueda de nuevo dormir abrazado por los padres de los que nunca debieron separarlo.
El hijo de Sharon y Joseph tiene 13 meses. Esta noche duerme separado de sus padres por culpa de la estupidez y la inhumanidad de las instituciones. Sus derechos fundamentales han sido pisoteados sin piedad. Nadie puede explicarle a un bebé lo que sucede y él no puede explicar lo que siente.
Su suerte depende del Ministerio del Interior. Si no acceden a las solicitudes de reunificación, el pequeño seguirá separado de sus padres. No se sabe siquiera si para siempre, pues los padres podrían ser repatriados en breve.
Sharon y Joseph son sudaneses y están ingresados ambos en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Málaga. Están allí desde que el 2 de febrero, habiendo llegado a España en patera pocos días antes.
La ONG Andalucía Acoge pidió que la familia fuese puesta en libertad, pues el espacio donde se encontraban no es adecuado para un bebé. Incluso el Defensor del Pueblo ha solicitado que no sigan recluidos por puros motivos humanitarios. Pero la solución ha sido entregar al bebé a los Servicios de Protección del Menor, separándolo de sus padres.
No tengo palabras para expresar mi indignación y mi pena por un hecho como este. Pienso en este niño inocente y no encuentro justificación posible para su situación. Ninguna. Ninguna ley puede estar por encima de la necesidad de un bebé de estar con su familia. Apelo a la sensibilidad humana de los responsables. Que recapaciten. Es sencillo ponerse en la piel de estas personas, de este pequeño que no merece lo que le está pasando.
Las protestas y las peticiones por vía legal para reunir de nuevo a esta familia dándoles garantías de protección son muchas. Y serán más. Espero que el caso se solucione pronto y el pequeño hijo de Sharon y Joseph pueda de nuevo dormir abrazado por los padres de los que nunca debieron separarlo.
22 feb 2009
Si vas a tocarme, lávate las manos por favor

Esta (asquerosa) imagen es un anuncio publicitario de un líquido para lavarse las manos llamado Just Liquid Hand Wash. Evidentemente en España no existe, pues nos apañamos muy bien con el agua y el jabón (o no).
Por desgracia las personas nos lavamos las manos bastante menos de lo que deberíamos y nos convertimos en unos perfectos transmisores de virus y microorganismos por contacto.
Así que ya sabes, lávate las manitas antes de comer, después de ir al lavabo, antes de tocar a un bebé, después de cambiarlo, etc.
Si vivieras en el Tercer Mundo estas medidas salvarían miles de vida cada año.
Fuente: Inventorspot vía Yonkis.com
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