Daniel: Hoy le he tenido que pegar a mi hijo, porque me ha liado una...
Antonio: Umm, pero ¿qué ha hecho?
Daniel: Pues nada, venga a tocarlo todo, yo diciéndole que lo dejara y mira, hasta que no le he pegado no lo ha entendido.
Antonio: Bueno, yo creo que ni cuando le has pegado lo ha entendido.
Daniel: ¿Qué dices? Pues claro que lo ha entendido. ¡Ha dejado de hacerlo!
Antonio: Claro que lo ha dejado, pero no porque lo haya entendido, sino porque le has pegado... Lo que ha entendido es que si hace algunas cosas que no te gustan, le pegarás. Eso no es entender que algo se puede o no se puede hacer, eso es entender que papá puede hacerle daño en algunas ocasiones y así aprenden incluso a temerte.
Daniel: Anda hombre! Si sólo le he dado en el culo... ¡ni que le hubiera dado una paliza!
Antonio: Bueno, le has hecho parar, así que algo habrá notado... a veces el problema es que acaban aprendiendo a hacer lo que quieren hacer cuando no estás delante. Incluso mienten si les preguntas para evitar el cachete... En definitiva, que aprenden a huir del cachete, pero no a comportarse bien.
Daniel: Tú no tienes hijos ¿no?
Antonio: Sí, tengo uno de dos años... creo que es como el tuyo.
Daniel: Sí, el mío tiene dos años, pero ya te digo, que si no lo hago así, no entiende nada.
Mira, más vale un cachete a tiempo, que no que luego se te suban a las barbas.
Además, a mí también me pegaron y ya ves, aquí estoy. No tengo ningún trauma.
Antonio: Hombre, tanto como decir que no te afectó... Por lo pronto te parece normal e incluso útil pegar a un niño de 2 años. A mí eso me parece suficiente como para decir que sí te influyó. Además, nadie dice que se vayan a traumatizar por pegarles... es una cuestión de autoestima y de respeto. No quieras para ellos lo que no quieras para ti. Cada vez que le pegas, te coge más miedo. Yo prefiero que mi hijo me respete porque vea que yo le respeto a él, pero no quiero que me tema, y el respeto se consigue, pero no se exige.
Seguro que sin los golpes que tus padres te dieron serías una persona diferente (mucho o poco) y con, seguramente, más autoestima y seguridad en ti mismo (mucha o poca)... ¿No crees?
Dedicado a Norm Lee y a su "Ser padres sin castigar", que se puede leer gratis aquí.
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24 jun 2009
11 mar 2009
Un cachete a tiempo

Hoy papá me ha pegado...
Tengo dos años y me llamo Iker. Hoy he descubierto un interruptor mágico. Creo que lo había visto antes, pero nunca me había preguntado para qué serviría.
He pasado a su lado y de repente he notado como una necesidad imperiosa de conocerlo, de tocarlo y de ver qué pasaría si lo hacía. Quiero saber, ¡necesito saber!
Papá y mamá están todo el día tocando cosas a las que yo no llego o que no conozco. Hoy he querido tocar el interruptor.
Y lo he hecho.
Papá estaba viendo la televisión y a la tercera vez me he dicho que estuviera quieto, que lo dejara, pero yo necesitaba acabar de entender cómo era posible que tocando un plástico irregular de una u otra manera nos ilumináramos completamente o volviéramos a la oscuridad.
Lo he vuelto a tocar y me ha pedido de nuevo que lo dejara.
Pero me gusta, es divertido, es curioso. Quiero aprender de él. Nunca había tenido un juguete tan poderoso.
Papá se ha levantado deprisa, enérgico. Me he detenido y le he sondeado con la mirada, se ha acercado rápido, me ha agarrado la mano con un brazo y me ha pegado en el culo.
He notado mi cuerpo moverse en dirección al golpe. No me ha gustado verle así, no me ha gustado sentirme así.
"Venga, ¡vete a jugar a otra cosa!" me ha dicho empujándome del brazo fuera del salón.
Lo he hecho, no quiero que me pegue otra vez.
Pero me gusta ese interruptor. Otro día, cuando no esté él, jugaré con él.
Cada vez que papá me pega se hace más grande. Cada vez que me pega, yo soy más pequeño.
17 feb 2008
Un mal sueño

Estoy dormida, no, estoy inconsciente. Sí, parece que estoy inconsciente y estoy despertando. Ay, no sé cómo explicarlo, es como si estuviera inconsciente, con los ojos cerrados, pero sin embargo estoy de pie. No tiene mucho sentido. Intento adivinar donde estoy, no puedo abrir los ojos, todavía no. No sé donde estoy, pienso en qué hice ayer y recuerdo que desperté con el sonido del despertador. Juan se levantó para ir a trabajar. Le besé y se marchó. Me acerqué a ver a Ivette, mi niña. Dormía en el moisés. Qué felices somos desde que nació, hace 3 semanas. Recuerdo que la observaba dormir, respirar. Hizo una mueca y apretó un poco los párpados. ¿Qué sueñas mi niña? – pensé. Recuerdo que por un momento pensé que sería bonito poder entrar en su mente, conocer sus pensamientos, ver la vida a través de sus ojos, sentir sus sensaciones y así conocer cómo funciona su pequeño cuerpecito y ver qué pasa por su pequeña cabecita. Sería tan bueno poder recordar esa época de nuestra infancia. Recuerdo que el día de ayer pasó sin más, sin ser diferente en absoluto de otros días. Incluso recuerdo el momento antes de acostarme, con Ivette mamando de mi pecho, recibiendo mis caricias, susurrándole una canción al oído. Es tan precioso verte dormir, amor mío. Se durmió, y muy despacito la dejé en el moisés. Salí de la habitación, recogimos la cocina Juan y yo, comentamos algunos planes para el fin de semana, nada definitivo, y nos fuimos a la cama. Miré de nuevo a Ivette desde la cama, la oía respirar y me tranquilizaba. Buenas noches vida mía. Buenas noches Juan.
Nada me ayuda a esclarecer mi situación. Empiezo a abrir los ojos. Aaarrgghhhh! Me duelen, demasiada luz...penetra en mis ojos, en mi mente, todo es blanco resplandeciente, como si viviera en el sol, pero sin calor, más bien todo lo contrario, siento frío, es como una luz helada, imposible ver nada. Poco a poco baja la intensidad, levanto mis manos y las giro para observarlas. Sigue habiendo mucha luz, pero distingo las formas de mis manos. Muy borroso, lo veo todo borroso. Me toco. Llevo una ropa liviana, quizá sea el camisón. Pero está húmedo, como si hubiera llovido hace poco. Miro al suelo y al frente, veo personas, veo figuras que caminan. Debo estar en medio de la calle. ¿En camisón? Que vergüenza...
Me siento pesada, como clavada al suelo, como drogada. Drogada pero con dolor, me duele todo el cuerpo, todas las articulaciones, la cabeza, como si acabara de recibir una paliza.
Las figuras indescriptibles empiezan a ser más visibles para mi. Ya no me deslumbro al mirar las cosas, me miro de nuevo. Sí, llevo un camisón, como...como de hospital. ¿Acaso me he escapado de un hospital? Ay dios mío, pero qué mal lo estoy pasando...intento caminar, descalza, doy un traspié. Mis piernas no responden como yo quisiera. Izquierda, derecha, izquierda...tengo que pensarlo antes de hacerlo, veo como mi pierna ejecuta la acción torpemente, luego la otra. Estoy andando. Debo dar muy mala impresión porque tengo un equilibrio espantoso. El dolor me impide hacerlo mejor. El mareo estropea mi estabilidad. Me acerco a una pared y me ayudo de ella para seguir avanzando. Aparto una gota que recorre mi frente hasta mi barbilla. Tengo el pelo mojado, separado en infinidad de mechones mojados que gotean y mojan mi ropa más si cabe. La gente camina, hace su vida. Veo cómo unos me observan y como otros ni siquiera reparan en mi. ¡Que angustia! ¿Donde estoy? ¡A-yú-den-me! – las sílabas salen de mis labios pero no parecen llegar a nadie.
¡Socorro!¡Ayúdenme! – sigo tambaleándome agarrada de la pared para no caer.
Veo a una persona pasar cerca de mí, me mira, pero gira la cara y continúa su camino.
- ¡Oiga, oiga! ¡Ayúdeme!! – le suplico haciendo valer las pocas fuerzas que tengo. Se gira, se acerca a mí extrañado.
- Go Nan Tu Sai, Mon Sei Ti Hana. Man Sei Non Tei – me dice con cara triste.
- ¡No te entiendo! Oh, Dios, no te entiendo – empiezo a llorar. ¿Donde estoy?¿Donde está mi niña?¿Y Juan? ¡¡¡Mi niñaaaa!!! ¿Acaso en el hospital? Quizá hemos tenido un accidente, pero ¿como he llegado aquí?
La gente sigue caminando, es posible que esté en otro país, sin duda el ambiente es diferente a lo conocido y la gente actúa extraño para mi. Aunque entiendo que yo debo parecer extraña para ellos. ¿Por qué diablos estoy empapada?
Sigo caminando, casi arrastrándome, y pidiendo ayuda a todo el que pasa, muchos no me hacen caso, pasan a mi lado mirándome extrañados. Otros me sonríen, pero siguen su camino. Otros se paran, hablan conmigo. Unos más, otros menos, pero a ninguno le entiendo. Me doy cuenta que el sonido me llega amortiguado. Como si mis tímpanos estuvieran a tensión y no pudieran absorber los ruidos. La situación, en general, es desesperante. Me siento totalmente aislada.
De repente me sorprendo. Una persona viene decidida hacia mi. Me mira, me sonríe, su cara denota dulzura, cariño. Camina segura en mi dirección. Aguardo apoyada en la pared para no caer, temblando del frío y tremendamente asustada. Sigue doliéndome la cabeza. No comprendo como he llegado aquí, ni qué significa esta bata de hospital y el estar mojada pese a ser un día soleado.
Es una mujer, me habla con dulzura, rodea mi cuerpo con sus brazos y me anima a caminar a su lado. Le miro a los ojos, tremendamente agradecida, le sonrío. Me devuelve la sonrisa y caminamos. Por fin alguien me ayuda. Caminamos unos metros y por fin me hace girar para entrar en un lugar cerrado. En torno a una mesa una familia se dispone a comer. La comida está servida sobre la mesa. La mujer me ayuda a sentarme en una silla, pero alejada de la mesa.
*
Gracias – le digo de corazón.
*
Moi Si Ter – me responde.
Le sonrío. No la entiendo. No sé qué me quiere decir. De todas maneras se gira y marcha a sentarse junto con la familia y empiezan a comer.
Tengo hambre, me doy cuenta de que tengo hambre, no me había percatado de ello hasta que los he visto comer. Estoy sucia y mojada, descalza, tengo frío, no sé donde estoy, me cuesta moverme como querría, me duele la cabeza.
Empiezo a llorar desesperada. ¿Donde estoy? Se lo digo a ellos:
-¿ Donde estoy?!? Por favor...decidme algo...- lloro, me encorvo, me llevo las manos a la cara mientras lloro, cada vez más. Levanto de nuevo la mirada, empiezo a enfadarme por la situación - ¡¡¡quienes sois vosotros!!! ¿Qué hago aquí? ¡¡¡Tengo hambre!!! – me siento absurda, ridícula, no me entienden... me levanto de nuevo, no puedo quedarme ahí sentada, no sé qué está pasando, pero no me quedaré sentada esperando. La mujer se levanta y se acerca a mí, me abraza, me habla dulcemente en su lengua desconocida.
- ¿Donde estoy? Tengo hambre... – le digo. Pero ella no me entiende, me sonríe de nuevo y me ayuda a sentarme otra vez.
La familia sigue comiendo, me miran y hablan de mí. Sé que hablan de mí, pero no me dan de comer. ¿Por qué no me dan un poco de su comida? Veo que queda mucha comida en los platos. Les pido, pero no me escuchan, no me entienden. Gesticulo haciéndoles ver que me llevo alimento a la boca para que me traigan algo. Me miran, algunos sonríen, otros parecen no entenderme, nadie me trae nada.
Intento levantarme de nuevo, una vez, y otra vez, y otra. Cada vez que lo hago viene esa mujer y me ayuda a sentarme de nuevo. Me habla en su idioma extraño y yo sigo aquí con un hambre impresionante, el estómago completamente vacío, gruñe, se queja. Mis fuerzas, ya limitadas de por sí, bajan poco a poco. ¿Pero porque no me dan nada?
Agotada me recuesto en la silla, mi respiración se va calmando poco a poco. Cierro los párpados para intentar pensar en algo diferente a alimento. Me concentro.
Abro los ojos de nuevo. La mesa está vacía, todo recogido. Estoy en un sillón, más cómoda, seca y con ropa limpia. Me he quedado dormida. Mi hambre se convierte en un sentimiento atroz. Comería cualquier cosa. Hasta aquella comida asquerosa que hizo Juan el último día que decidió atreverse a cocinar. Siento que saliveo sólo de pensarlo.
- ¡¡Tengo hambre!! ¡¡Hola!! ¡¡Hola!!! Alguien por favor, ¡¡tengo hambre!!! – grito.
Tras un rato de suplicar por comida, viene la mujer que me ayudó a llegar hasta ahí con un plato. ¡Por fin! Me da de comer... Estoy tan hambrienta, tanto, que me cuesta masticarlo, intento tragarlo antes de tenerlo totalmente triturado, me atraganto, toso, lo echo en el plato. Pero sigo, no puedo parar. Creo que nunca había pasado tanta hambre, no se lo deseo a nadie. Sigo nerviosa, debo calmarme. Respiro profundamente y empiezo a comer con más calma, tranquilizándome.
De repente noto un movimiento en mi interior. Como si mis intestinos despertaran, parece ser que el alimento los ha puesto en guardia. Bueno, más que en guardia los ha activado enormemente, me vienen unas increíbles ganas de, para decirlo finamente, cubrir mis necesidades de eliminación. Pido ayuda, grito, no me responden. Aparto la comida e intento levantarme, lo hago. Camino despacio. Me acerco a la pared, pero es imposible. No sé donde voy, y creo que aunque lo supiera, no llegaría a tiempo. En efecto. No llego a tiempo. Mis bonitas y secas ropas ya no lo están.
Pido ayuda de nuevo. Nadie acude. Me giro y observo la comida. Mi hambre sigue siendo feroz, así que decido hacerle caso a mi estómago y darle algo con lo que entretenerse un rato.
Devoro la comida. Que situación tan incómoda, tan impersonal, tan denigrante. Comiendo llena de m**rda, con todas las letras. Comer algo, por bueno que esté, oliendo a otro algo, no se lo recomiendo a nadie. Menos mal que mi hambre, en este momento, no sabe de olores.
Acabo la comida y grito de nuevo. Pido ayuda, socorro, nadie me hace caso. Me levanto de nuevo. No soporto estar sucia, ¡¡¡soy una persona!!!
Camino junto a la pared. Pero estoy tan cansada. Una digestión como la que mi cuerpo necesita hacer, de ese calibre, debe necesitar un gran flujo de sangre, todo el que necesito para el sobreesfuerzo de caminar. No puedo hacer las dos cosas. Me dejo resbalar por la pared y me tumbo en el suelo.
Lloro. Lloro en silencio, a escondidas, acurrucada. Odiando a esta gente que no entiende lo que pasa por mi cabeza, pensando en mi niña, en mi marido, en mi trabajo, en mi hogar, pero sobretodo en ella. Lo siento, pero preferiría morir a vivir una vida de esta manera, como la estoy viviendo ahora mismo. Es sólo un pensamiento, no una intención. Tengo que salir de aquí para buscar a mi niña. Tengo que salir de aquí, tengo que...mis ojos se cierran y entro en un sueño molesto, pesado, tormentoso.
Despierto, estoy de nuevo en el sillón. Limpia, seca y cómoda. Delante de mí, sentada en otro sillón, la señora que me trajo la comida y me ayudó a llegar aquí.
- Me voy, lo siento, no puedo estar aquí – le digo mientras empiezo a levantarme.
Me contesta en su idioma muy calmada, me sonríe, me habla, pero no me detiene. Mis pasos son algo más ligeros. Aún apoyada en la pared voy caminando hacia la salida de la habitación. Veo luz al final del pasillo. Parece la salida a la calle. Camino, me acerco a esa luz y veo gente pasar. Sí, es la calle. Deambulo por ella, pidiendo ayuda, rogando, tropezando. Nadie me entiende, nadie me ayuda. De vez en cuando alguien me sujeta para evitar que me caiga, me sonríen, me ayudan a sentarme en un banco. ¡¡Pero no es eso lo que quiero!! ¡No quiero un banco en el que sentarme! Necesito a alguien que me comprenda. Me siento sola, totalmente sola. No sé donde estoy, y no se donde está mi familia. Todos los edificios son iguales. Ni tiendas, ni ayuntamientos, ni policía, ni siquiera el supuesto Hospital. Nada donde entrar y preguntar. Tras más de tres horas recorriendo la ciudad me doy cuenta de que he visto pasar los mismos edificios una y otra vez. Las caras de la gente empiezan a ser familiares. Tengo la sensación de que se han ido repitiendo una y otra vez, como si caminara en círculos. Como si hubiera pasado cien veces por la misma calle y ellos también. Miro a mi alrededor y todo es siempre igual. Rendida, me siento en el suelo y lloro de nuevo, de desesperación, de incredulidad. Me siento inútil. Me siento vacía. Me siento sola.
Abro los ojos. Estoy sentada en un sillón, con ropas limpias y secas. Estoy cómoda. Miro la estancia y estoy en el mismo piso de antes, otra vez. Veo pasar ante mi a la mujer que me ayuda. Me sonríe.
Dios mío. Nunca saldré de aquí.
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!
Abro los ojos en un sobresalto. Empapada en sudor. Es de noche, estoy tumbada. Una lámpara en el techo. ¡¡Mi lámpara!! ¡¡Mi techo!! Me giro a un lado, ¡¡mi niña!! Al otro mi marido, roncando. No me importa, no me molesta. ¡¡¡Mi niña!!!! Me acerco al moisés. Respira, duerme tranquila. La cojo, la abrazo. Me tumbo en la cama con ella a mi lado, gime. Le ofrezco el pecho y mama de él, siento su calor en mi pecho. La huelo. ¿Porque huelen tan bien los bebés? Cariño, como te he echado de menos. Sé que ha sido un sueño terrible, pero aún estando contigo, estaba sin ti.
Gracias Ivette. Ayer te pedí que me enseñaras el mundo a través de tus ojos y de tu mente.
Gracias por enseñármelo. Ahora te entiendo, ahora sé porqué lloras, porqué sufres y porqué me necesitas.
Te quiero Ivette. Nunca te dejaré sola.
Nunca.
Conclusión: Después de nueve meses de embarazo, de estar acurrucadita y calentita. De oír la voz de mamá, a veces la de papá. De estar en movimiento, calmándose. Después de todo ello llega un día en que toda esta paz cambia. Atraviesa el canal del parto y llega a un nuevo mundo. Fría, mojada, dolorida. Un mundo con una luz insoportable a la que debe ir acostumbrándose. Sin capacidad para desplazarse, sin entender nada de lo que le rodea, pues todo es nuevo. Caras desconocidas, olores extraños. Algunas caras se van repitiendo con el paso de los días. Utilizan la única forma de comunicarse que conocen, que es quejarse, llorar, porque es el instinto y porque no saben hacerlo de otra manera.
Tiene que ser muy duro nacer, pero más duro debe ser que en los días después pidan ayuda, pidan alimento y pidan cariño y que no siempre se conceda.
Quiéreles siempre y no l@s dejes sol@s nunca. Nunca.
1 feb 2008
La Paternidad
Aviso: Este mensaje está escrito a modo de sarcasmo, es mi manera de escribir y con la que más disfruto cuando quiero hacer llegar un mensaje, para entenderlo completamente (y por tanto entender mi visión de lo que estoy hablando) hay que leerlo completo.
La paternidad, ese maravilloso suceso, ese sentimiento de tener a alguien que es parte de ti, que nace del amor con tu pareja, que...bien, no hace falta seguir, todos somos padres, madres o hijos, así que sabemos de que hablo. Tener hijos es algo muy bonito, pero es muy duro...Nosotros tenemos dos hijos. Un niño y una niña (qué bien, la parejita!!!).
El niño es el mayor, tiene 6 años y es lo que se suele decir, un diablillo. La verdad es que lo estamos pasando mal con él, ya desde pequeño lloraba mucho en la cuna para que lo cogiéramos y hasta que no lo hacíamos no se calmaba. Se dormía, lo poníamos de nuevo en la cuna y al rato volvía a llorar para que lo cogiéramos de nuevo. Esto era un continuo (para que luego digan que los niños no son listos!), siempre era así, nos tomaba el pelo a todas horas, si mi mujer le daba el pecho se dormía y teníamos que despertarle, porque todo el mundo sabe que cuando se tiene que comer, se tiene que comer y no dormir. El momento de dormir es en la cuna, cuando toque, no cuando se come. Yo creo que por eso se despertaba en la cuna llorando, porque como se dormía mamando, luego no tenía sueño y aguantaba muy poco. Le dijimos a la pediatra que no podía ser, que le daba de mamar cada tres horas, pero el niño se quejaba de hambre antes de llegar a las tres horas, por lo que seguro que tenía poca leche, o que no alimentaba suficiente. Menos mal que se lo dijimos. Nos dio unas muestras de leche artificial para probar, y BINGO!! El niño mamaba y después le dábamos biberón y así aguantaba nuestras preciadas tres horas.
En fin, a lo que iba, con 5 meses empezamos a darle fruta, el tío no la quería, sólo quería biberón (ya no le dábamos leche materna porque ya no le alimentaba) y nosotros que no...que necesitas vitaminas, venga, come...se la dábamos como podíamos. Muchas veces vomitaba para hacernos sentir mal, menos mal que no nos dejábamos engañar y seguíamos dándole. Esto mismo pasaba por la noche, el problema de dormir no se solucionaba, todo lo contrario, ahora se despertaba todavía más, con ganas de juerga y todo...El mamón (lo digo cariñosamente) hacía siestas de día y luego por la noche no tenía sueño y se dormía tarde y luego se despertaba cada dos por tres. Hambre no podía ser, porque le dábamos muchos cereales para dormir, como nos dijo la pediatra así que era pura marranería. Suerte que su habitación queda un poco alejada de la nuestra y casi no le oíamos. Cualquiera duerme con esos berridos. Sé que puede sonar mal dicho así, pero claro, imagínate que vamos y le cogemos: pues la has cagao bacalao!!! Se ha salido con la suya, ahora siempre que llore esperará que le cojas y llorará aún más si no lo haces. Nosotros no bajamos la guardia en ningún momento, y poco a poco la situación fue a mejor, pasados unos días no lloraba tanto y empezó a dormir bien. Papás:1 Bebé: 0.
Así fue pasando el tiempo, cumplió un año y empezó a andar. Lo tocaba todo, abría mis cajones, me los desordenaba y yo: NO, NO y NO!!! Eso no se toca!!! Fijáos lo malo que era, que me miraba, se reía y seguía tocándolo. Llegaba un momento que hasta que no le daba un cachete en el culo (en el pañal, que no hace daño) no entendía (o no quería entender) y eso que ya llevaba 6 meses en la guardería, que de ahí salen muy preparados. A veces le reñíamos y como no le gustaba lo que le decíamos nos pegaba (veis como es un diablo?). Suerte que teníamos las cosas claras y que decidimos que eso era una falta de respeto. Eso de pegar en esta casa no. A los papás no se les pega.
Tiene que saber quienes son sus padres, así que cuando nos soltaba la mano le dábamos un cachete a él para que viera lo que es y le castigábamos en una habitación en la que no hay juguetes durante un par de minutos. A veces salía muy calmado, pero otras veces lloraba como un poseso, así que lo dejábamos un rato más.
Os explico todo esto para que veáis lo duro que es ser padre, pero si seguís un poco estos consejos veréis que al final te respetan, porque todo esto lo hicimos porque le queremos, por su propio bien.
Sigo...Llegaron los dos años, las rabietas, se tiraba en el suelo llorando y moviéndose como un loco. Si lo hacía en medio de la calle caminábamos unos metros más y lo dejábamos ahí, en el suelo, hasta que se le pasaba y venía. La gente nos miraba y le miraban a él, a ver cómo acababa la cosa. Por suerte siempre bien. No dejábamos que se saliera con la suya. Imagínate que se echa al suelo por la razón que sea y lo coges. Pues te ha ganado, se ha salido con la suya. Cada vez que quiera algo, al suelo a llorar. Con la comida otro tanto. En la guardería nos decían que comía bastante bien, pero en casa un suplicio!!! No quiero, no me gusta, cerraba la boca con todo. Peleas todos los días para comer, nada le gustaba. No sé porqué les cuesta tanto entender a los niños que lo haces por su bien. Pues nada, le poníamos la verdura para comer, si no la quería otra vez para merendar, para cenar. Al final se la comía, con malas caras, pero se las comía. Gracias Estivill por esos sabios consejos...
Qué vergüenza pasaba yo cuando venían las visitas a casa. El niño corriendo por todas partes, molestando, haciendo ruido: Portate bien!!! No podemos ni hablar!!! y el tío seguía. En serio, se portaba muy mal. Yo le decía a mi mujer que donde leches había aprendido el niño a ser así, si venía de su familia o qué...o que si en esa guardería no lo estaban educando bien quizá habría que cambiarlo a otra. Mis padres, por supuesto, me daban la razón: el niño se portaba muy mal. Esos días se solía ganar algún castigo. Parecía que esperaba a que hubiera gente para sacar sus juguetes al salón, desordenarlo todo y molestar. Llegó un punto que mi mujer y yo estábamos tan cansados del tema, que decidimos hacer un viaje, a ver si así se arreglaban un poco las cosas y al menos cargábamos las pilas. Nos fuimos una semana a París, es precioso, si no habéis estado os lo recomiendo. Lo pasamos genial... La pena es que al volver todo seguía igual o peor...Sí, volvimos como nuevos, pero nuestro niño se tiró una semana o más casi sin hablarnos por haberle dejado con la abuela. Con lo que la abuela le quiere!!! Además tiene que entender que lo hicimos porque lo necesitábamos. Estando tan saturados no puedes cuidar bien de un niño.
Así entró en el cole, peleas con sus amigos, peleas en casa para hacer los deberes, peleas con la comida, peleas para ir a dormir y discusiones continuamente. Menos mal que nos recomendaron que el niño hiciera actividades con las que se desfogara, que liberara toda esa tensión acumulada (yo pienso que hasta debe tener un principio de hiperactividad) y lo apuntamos a natación y a fútbol, así puede quemar todas esas calorías que necesita quemar y luego en casa se porta mejor. A veces está tan cansado que es cenar y el pobre cae rendido en la cama. Mano de santo!!!!!
Viendo que las cosas iban mejor, mi mujer y yo lo hablamos y fuimos a por la niña. No nos costó mucho. Vino rápido. Con ella todo ha sido diferente. Siempre ha comido de buen grado lo que le hemos dado, siempre ha dicho que está bueno. Se puede decir que nos pedía ir a dormir. La poníamos, cerraba los ojos y se dormía, ni lloros, ni pedir brazos, sólo la cogíamos algún ratillo durante el día y se puede decir que lo hacíamos más porque la echábamos de menos que porque ella nos lo pidiera. No hace ruido, no molesta, se porta fenomenal. Vienen las visitas y no se percatan de que está, porque es supereducada. No se queja si le cambias de ropa, de pañal (si hasta hace una caca superfácil de limpiar), si la bañas. De verdad, una auténtica maravilla de niña que nos ha hecho ser totalmente felices. Se puede decir que todo lo que aprendimos y todo lo mal que lo pasamos con el primero ha hecho que nos veamos recompensados con esta segunda hija. Con ella es todo tan fácil...
No hemos ido nunca al pediatra con ella, y eso que siempre le hemos dado biberones, pero es que no se pone mala nunca. Nos vamos a trabajar y la dejamos en casa (el niño en el cole), volvemos y nunca tiene malas palabras para nosotros. Imagino que ha entendido rápido que nosotros somos los papás, que nosotros somos los que mandamos en casa y que todo se hace por el bien de ella, del niño y de la familia. Este año tenemos pensado viajar de nuevo. Hemos decidido llevarnos a uno de los dos, el que se porte mejor...La verdad es que esto lo hemos dicho para no hacer sentir mal al niño, pero está de sobra decidido que será la niña a la que nos llevaremos. Se lo ha ganado con creces.
El niño? Pues con sus 6 años sigue a la suya, desafiándonos a todas horas, superceloso de su hermana, tanto que un día le sacó un brazo de la pelea que tuvieron. Ese día le tuve que pegar ya en serio. Me dolió a mi más que a él, pero fue la única manera de hacerle ver que eso no se hace.
Nos cuesta mucho educarlo, pero sé que al final del camino, cuando sea adulto, nos dará las gracias por todo lo que estamos haciendo por él. Ahora ya no hace natación, pero sigue con el fútbol y le hemos apuntado a clases de repaso, porque la maestra dice que va bastante flojo (quizá tenga un déficit de atención...).
Sobre la niña, somos tan felices con ella que casi estamos pensando ir a por otra. A todos nuestros amigos les recomendamos también que vayan a buscar una.
Sobretodo ahora, en esta época, después de las Navidades, que las tienen a mitad de precio.
Pulsad aquí para ver una foto de nuestra niña.
Conclusión: Si quieres un niño que se porte bien, que no llore, que no haga ruido, que no moleste, que no...cómprate un muñeco. Los niños viven, comen, lloran, juegan, aman, saltan, corren, exploran, rompen, y todo eso lo hacen porque están aprendiendo a vivir y a conocer el mundo en que viven y a sus propios padres. Lo hacen porque son niños.
No hacen las cosas para molestar. No hacen las cosas para probar hasta donde puede llegar tu paciencia. Todo lo que hacen es porque están aprendiendo y para ello necesitan el apoyo de sus papás, para sentirse seguros en cada nuevo aprendizaje. Saben que solos estarían indefensos, por eso te llaman, por eso piden insistentemente si es preciso que estés con ellos, porque tú, papá o mamá, eres su alimento, eres sus pies, sus piernas, sus ojos, sus manos, eres su abrigo y eres su protector. Necesitan de ti para aprender qué es lo que le rodea hasta que crezca y lo pueda investigar por si mism@. No lloran por la noche para engañarte, llora porque te necesita, porque tiene miedo y se siente inseguro, porque está enfermo y necesita atención, porque tiene hambre y necesita alimento.
Si un niño llora porque tiene hambre, no tardas en darle su alimento.
Si un niño llora porque tiene el pañal sucio, no tardas en cambiarlo.
Si un niño llora porque tiene sueño, lo duermes.
Si un niño llora porque está enfermo, lo cuidas.
Si un niño llora porque necesita cariño y compañía, te está tomando el pelo.
No me cuesta entender el porqué de que se hayan multiplicado las consultas a los servicios de Salud Mental. En pleno s.XXI, cuando más importancia se le está dando a los factores psicológicos en la vida de los personas, cuando la Depresión, el Estrés y la Ansiedad son habituales compañeras de viaje en nuestras vidas o en las de algún familiar o amigo, me cuesta entender que se siga sin entender (valga la redundancia) que las necesidades de amor, de respeto y de cariño de un niño no sean subsanadas. Al contrario de lo que muchos piensan (y nos quieren hacer creer) hacer pasar a un niño por situaciones de sufrimiento es contraproducente. La mente humana no es como un callo, que si sigues frotando se hace duro. La mente humana necesita unas bases adecuadas para poder afrontar en el futuro reacciones adversas. Si ya de pequeños basamos su crecimiento en sufrimientos (para que se acostumbre y se endurezca como persona) lo que estamos haciendo es permitir sufrimiento a una persona que no sabe gestionarlo, que no sabe huir de él y que piensa que eso es lo normal, sufrir, es decir: ha venido al mundo a sufrir. Todos hemos leído alguna vez los casos del orfanato en el que no se procuraba ningún tipo de contacto a los niños, ni caricias, ni brazos, lo mínimo para que se alimentaran y tuvieran cubiertas sus necesidades básicas (comer, dormir, mear, cagar). Sorprendió ver que lejos de convertirse en niños más independientes, más duros y con una mente a prueba de bombas, los niños morían, sí, sí, lo he dicho bien, morían. Los niños se mueren si nadie les muestra afecto, si nadie les da cariño, si nadie considera el alimentar la mente como una necesidad básica.
Referente a que los niños buenos son aquellos bien educados, de padres autoritarios, que se sientan cuando le dices que lo hagan, que se quedan sentados y callados para no molestar a las visitas y que no hacen ruido, es necesario comentar lo siguiente: Antiguamente los niños se pasaban las horas jugando con sus amigos en el parque, en la calle, en mil y un sitios en los que desarrollaban sus facultades físicas y psíquicas. Ahora los niños no pueden estar en la calle, el temor a un atropello, a un secuestro, a un accidente es demasiado fuerte para dejarlos a sus anchas. Entonces sólo hay dos posibles soluciones. O los padres juegan con ellos en la calle o los niños juegan en casa. Si elegimos la segunda, tenemos que entender que los niños necesitan jugar, pues es su manera de aprender.
Sobre la alimentación comentada en el artículo, es otro cantar. Los pediatras dan a menudo indicaciones "pasadas de moda". Dar el pecho o el biberón cada tres horas es una bonita manera de estropear la alimentación de los niños. Sobretodo si es leche materna que se digiere mejor y por tanto necesitan de más tomas (es lo ideal). Tener a un niño pasando hambre "porque todavía no te toca" es como no cenar nosotros cuando tenemos hambre sino a las 22 en punto, aunque nos estemos muriendo de hambre.
He dejado abiertos muchos temas a los que no he dado respuesta:
...los niños salen muy preparados de las guarderías...
...le di un cachete en el culo...en esta casa no se pega...
...las rabietas...
...le castigamos en un cuarto sin juguetes hasta que se calmaba...
Supongo que imaginaréis que no estoy de acuerdo con ellos (o con la visión que se tiene de ellos), pero por no extenderme más, serán temas que trataré en otro momento.
La paternidad, ese maravilloso suceso, ese sentimiento de tener a alguien que es parte de ti, que nace del amor con tu pareja, que...bien, no hace falta seguir, todos somos padres, madres o hijos, así que sabemos de que hablo. Tener hijos es algo muy bonito, pero es muy duro...Nosotros tenemos dos hijos. Un niño y una niña (qué bien, la parejita!!!).
El niño es el mayor, tiene 6 años y es lo que se suele decir, un diablillo. La verdad es que lo estamos pasando mal con él, ya desde pequeño lloraba mucho en la cuna para que lo cogiéramos y hasta que no lo hacíamos no se calmaba. Se dormía, lo poníamos de nuevo en la cuna y al rato volvía a llorar para que lo cogiéramos de nuevo. Esto era un continuo (para que luego digan que los niños no son listos!), siempre era así, nos tomaba el pelo a todas horas, si mi mujer le daba el pecho se dormía y teníamos que despertarle, porque todo el mundo sabe que cuando se tiene que comer, se tiene que comer y no dormir. El momento de dormir es en la cuna, cuando toque, no cuando se come. Yo creo que por eso se despertaba en la cuna llorando, porque como se dormía mamando, luego no tenía sueño y aguantaba muy poco. Le dijimos a la pediatra que no podía ser, que le daba de mamar cada tres horas, pero el niño se quejaba de hambre antes de llegar a las tres horas, por lo que seguro que tenía poca leche, o que no alimentaba suficiente. Menos mal que se lo dijimos. Nos dio unas muestras de leche artificial para probar, y BINGO!! El niño mamaba y después le dábamos biberón y así aguantaba nuestras preciadas tres horas.
En fin, a lo que iba, con 5 meses empezamos a darle fruta, el tío no la quería, sólo quería biberón (ya no le dábamos leche materna porque ya no le alimentaba) y nosotros que no...que necesitas vitaminas, venga, come...se la dábamos como podíamos. Muchas veces vomitaba para hacernos sentir mal, menos mal que no nos dejábamos engañar y seguíamos dándole. Esto mismo pasaba por la noche, el problema de dormir no se solucionaba, todo lo contrario, ahora se despertaba todavía más, con ganas de juerga y todo...El mamón (lo digo cariñosamente) hacía siestas de día y luego por la noche no tenía sueño y se dormía tarde y luego se despertaba cada dos por tres. Hambre no podía ser, porque le dábamos muchos cereales para dormir, como nos dijo la pediatra así que era pura marranería. Suerte que su habitación queda un poco alejada de la nuestra y casi no le oíamos. Cualquiera duerme con esos berridos. Sé que puede sonar mal dicho así, pero claro, imagínate que vamos y le cogemos: pues la has cagao bacalao!!! Se ha salido con la suya, ahora siempre que llore esperará que le cojas y llorará aún más si no lo haces. Nosotros no bajamos la guardia en ningún momento, y poco a poco la situación fue a mejor, pasados unos días no lloraba tanto y empezó a dormir bien. Papás:1 Bebé: 0.
Así fue pasando el tiempo, cumplió un año y empezó a andar. Lo tocaba todo, abría mis cajones, me los desordenaba y yo: NO, NO y NO!!! Eso no se toca!!! Fijáos lo malo que era, que me miraba, se reía y seguía tocándolo. Llegaba un momento que hasta que no le daba un cachete en el culo (en el pañal, que no hace daño) no entendía (o no quería entender) y eso que ya llevaba 6 meses en la guardería, que de ahí salen muy preparados. A veces le reñíamos y como no le gustaba lo que le decíamos nos pegaba (veis como es un diablo?). Suerte que teníamos las cosas claras y que decidimos que eso era una falta de respeto. Eso de pegar en esta casa no. A los papás no se les pega.
Tiene que saber quienes son sus padres, así que cuando nos soltaba la mano le dábamos un cachete a él para que viera lo que es y le castigábamos en una habitación en la que no hay juguetes durante un par de minutos. A veces salía muy calmado, pero otras veces lloraba como un poseso, así que lo dejábamos un rato más.
Os explico todo esto para que veáis lo duro que es ser padre, pero si seguís un poco estos consejos veréis que al final te respetan, porque todo esto lo hicimos porque le queremos, por su propio bien.
Sigo...Llegaron los dos años, las rabietas, se tiraba en el suelo llorando y moviéndose como un loco. Si lo hacía en medio de la calle caminábamos unos metros más y lo dejábamos ahí, en el suelo, hasta que se le pasaba y venía. La gente nos miraba y le miraban a él, a ver cómo acababa la cosa. Por suerte siempre bien. No dejábamos que se saliera con la suya. Imagínate que se echa al suelo por la razón que sea y lo coges. Pues te ha ganado, se ha salido con la suya. Cada vez que quiera algo, al suelo a llorar. Con la comida otro tanto. En la guardería nos decían que comía bastante bien, pero en casa un suplicio!!! No quiero, no me gusta, cerraba la boca con todo. Peleas todos los días para comer, nada le gustaba. No sé porqué les cuesta tanto entender a los niños que lo haces por su bien. Pues nada, le poníamos la verdura para comer, si no la quería otra vez para merendar, para cenar. Al final se la comía, con malas caras, pero se las comía. Gracias Estivill por esos sabios consejos...
Qué vergüenza pasaba yo cuando venían las visitas a casa. El niño corriendo por todas partes, molestando, haciendo ruido: Portate bien!!! No podemos ni hablar!!! y el tío seguía. En serio, se portaba muy mal. Yo le decía a mi mujer que donde leches había aprendido el niño a ser así, si venía de su familia o qué...o que si en esa guardería no lo estaban educando bien quizá habría que cambiarlo a otra. Mis padres, por supuesto, me daban la razón: el niño se portaba muy mal. Esos días se solía ganar algún castigo. Parecía que esperaba a que hubiera gente para sacar sus juguetes al salón, desordenarlo todo y molestar. Llegó un punto que mi mujer y yo estábamos tan cansados del tema, que decidimos hacer un viaje, a ver si así se arreglaban un poco las cosas y al menos cargábamos las pilas. Nos fuimos una semana a París, es precioso, si no habéis estado os lo recomiendo. Lo pasamos genial... La pena es que al volver todo seguía igual o peor...Sí, volvimos como nuevos, pero nuestro niño se tiró una semana o más casi sin hablarnos por haberle dejado con la abuela. Con lo que la abuela le quiere!!! Además tiene que entender que lo hicimos porque lo necesitábamos. Estando tan saturados no puedes cuidar bien de un niño.
Así entró en el cole, peleas con sus amigos, peleas en casa para hacer los deberes, peleas con la comida, peleas para ir a dormir y discusiones continuamente. Menos mal que nos recomendaron que el niño hiciera actividades con las que se desfogara, que liberara toda esa tensión acumulada (yo pienso que hasta debe tener un principio de hiperactividad) y lo apuntamos a natación y a fútbol, así puede quemar todas esas calorías que necesita quemar y luego en casa se porta mejor. A veces está tan cansado que es cenar y el pobre cae rendido en la cama. Mano de santo!!!!!
Viendo que las cosas iban mejor, mi mujer y yo lo hablamos y fuimos a por la niña. No nos costó mucho. Vino rápido. Con ella todo ha sido diferente. Siempre ha comido de buen grado lo que le hemos dado, siempre ha dicho que está bueno. Se puede decir que nos pedía ir a dormir. La poníamos, cerraba los ojos y se dormía, ni lloros, ni pedir brazos, sólo la cogíamos algún ratillo durante el día y se puede decir que lo hacíamos más porque la echábamos de menos que porque ella nos lo pidiera. No hace ruido, no molesta, se porta fenomenal. Vienen las visitas y no se percatan de que está, porque es supereducada. No se queja si le cambias de ropa, de pañal (si hasta hace una caca superfácil de limpiar), si la bañas. De verdad, una auténtica maravilla de niña que nos ha hecho ser totalmente felices. Se puede decir que todo lo que aprendimos y todo lo mal que lo pasamos con el primero ha hecho que nos veamos recompensados con esta segunda hija. Con ella es todo tan fácil...
No hemos ido nunca al pediatra con ella, y eso que siempre le hemos dado biberones, pero es que no se pone mala nunca. Nos vamos a trabajar y la dejamos en casa (el niño en el cole), volvemos y nunca tiene malas palabras para nosotros. Imagino que ha entendido rápido que nosotros somos los papás, que nosotros somos los que mandamos en casa y que todo se hace por el bien de ella, del niño y de la familia. Este año tenemos pensado viajar de nuevo. Hemos decidido llevarnos a uno de los dos, el que se porte mejor...La verdad es que esto lo hemos dicho para no hacer sentir mal al niño, pero está de sobra decidido que será la niña a la que nos llevaremos. Se lo ha ganado con creces.
El niño? Pues con sus 6 años sigue a la suya, desafiándonos a todas horas, superceloso de su hermana, tanto que un día le sacó un brazo de la pelea que tuvieron. Ese día le tuve que pegar ya en serio. Me dolió a mi más que a él, pero fue la única manera de hacerle ver que eso no se hace.
Nos cuesta mucho educarlo, pero sé que al final del camino, cuando sea adulto, nos dará las gracias por todo lo que estamos haciendo por él. Ahora ya no hace natación, pero sigue con el fútbol y le hemos apuntado a clases de repaso, porque la maestra dice que va bastante flojo (quizá tenga un déficit de atención...).
Sobre la niña, somos tan felices con ella que casi estamos pensando ir a por otra. A todos nuestros amigos les recomendamos también que vayan a buscar una.
Sobretodo ahora, en esta época, después de las Navidades, que las tienen a mitad de precio.
Pulsad aquí para ver una foto de nuestra niña.
Conclusión: Si quieres un niño que se porte bien, que no llore, que no haga ruido, que no moleste, que no...cómprate un muñeco. Los niños viven, comen, lloran, juegan, aman, saltan, corren, exploran, rompen, y todo eso lo hacen porque están aprendiendo a vivir y a conocer el mundo en que viven y a sus propios padres. Lo hacen porque son niños.
No hacen las cosas para molestar. No hacen las cosas para probar hasta donde puede llegar tu paciencia. Todo lo que hacen es porque están aprendiendo y para ello necesitan el apoyo de sus papás, para sentirse seguros en cada nuevo aprendizaje. Saben que solos estarían indefensos, por eso te llaman, por eso piden insistentemente si es preciso que estés con ellos, porque tú, papá o mamá, eres su alimento, eres sus pies, sus piernas, sus ojos, sus manos, eres su abrigo y eres su protector. Necesitan de ti para aprender qué es lo que le rodea hasta que crezca y lo pueda investigar por si mism@. No lloran por la noche para engañarte, llora porque te necesita, porque tiene miedo y se siente inseguro, porque está enfermo y necesita atención, porque tiene hambre y necesita alimento.
Si un niño llora porque tiene hambre, no tardas en darle su alimento.
Si un niño llora porque tiene el pañal sucio, no tardas en cambiarlo.
Si un niño llora porque tiene sueño, lo duermes.
Si un niño llora porque está enfermo, lo cuidas.
Si un niño llora porque necesita cariño y compañía, te está tomando el pelo.
No me cuesta entender el porqué de que se hayan multiplicado las consultas a los servicios de Salud Mental. En pleno s.XXI, cuando más importancia se le está dando a los factores psicológicos en la vida de los personas, cuando la Depresión, el Estrés y la Ansiedad son habituales compañeras de viaje en nuestras vidas o en las de algún familiar o amigo, me cuesta entender que se siga sin entender (valga la redundancia) que las necesidades de amor, de respeto y de cariño de un niño no sean subsanadas. Al contrario de lo que muchos piensan (y nos quieren hacer creer) hacer pasar a un niño por situaciones de sufrimiento es contraproducente. La mente humana no es como un callo, que si sigues frotando se hace duro. La mente humana necesita unas bases adecuadas para poder afrontar en el futuro reacciones adversas. Si ya de pequeños basamos su crecimiento en sufrimientos (para que se acostumbre y se endurezca como persona) lo que estamos haciendo es permitir sufrimiento a una persona que no sabe gestionarlo, que no sabe huir de él y que piensa que eso es lo normal, sufrir, es decir: ha venido al mundo a sufrir. Todos hemos leído alguna vez los casos del orfanato en el que no se procuraba ningún tipo de contacto a los niños, ni caricias, ni brazos, lo mínimo para que se alimentaran y tuvieran cubiertas sus necesidades básicas (comer, dormir, mear, cagar). Sorprendió ver que lejos de convertirse en niños más independientes, más duros y con una mente a prueba de bombas, los niños morían, sí, sí, lo he dicho bien, morían. Los niños se mueren si nadie les muestra afecto, si nadie les da cariño, si nadie considera el alimentar la mente como una necesidad básica.
Referente a que los niños buenos son aquellos bien educados, de padres autoritarios, que se sientan cuando le dices que lo hagan, que se quedan sentados y callados para no molestar a las visitas y que no hacen ruido, es necesario comentar lo siguiente: Antiguamente los niños se pasaban las horas jugando con sus amigos en el parque, en la calle, en mil y un sitios en los que desarrollaban sus facultades físicas y psíquicas. Ahora los niños no pueden estar en la calle, el temor a un atropello, a un secuestro, a un accidente es demasiado fuerte para dejarlos a sus anchas. Entonces sólo hay dos posibles soluciones. O los padres juegan con ellos en la calle o los niños juegan en casa. Si elegimos la segunda, tenemos que entender que los niños necesitan jugar, pues es su manera de aprender.
Sobre la alimentación comentada en el artículo, es otro cantar. Los pediatras dan a menudo indicaciones "pasadas de moda". Dar el pecho o el biberón cada tres horas es una bonita manera de estropear la alimentación de los niños. Sobretodo si es leche materna que se digiere mejor y por tanto necesitan de más tomas (es lo ideal). Tener a un niño pasando hambre "porque todavía no te toca" es como no cenar nosotros cuando tenemos hambre sino a las 22 en punto, aunque nos estemos muriendo de hambre.
He dejado abiertos muchos temas a los que no he dado respuesta:
...los niños salen muy preparados de las guarderías...
...le di un cachete en el culo...en esta casa no se pega...
...las rabietas...
...le castigamos en un cuarto sin juguetes hasta que se calmaba...
Supongo que imaginaréis que no estoy de acuerdo con ellos (o con la visión que se tiene de ellos), pero por no extenderme más, serán temas que trataré en otro momento.
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