16 sept 2013
Con todos ustedes: "Una nueva paternidad"
Rescato el blog del olvido porque este post viene a ser un poco el rizar el rizo de lo que inicié hace 6 años, más o menos, cuando empecé en este blog explicando mis aventuras y desventuras como padre. Los cambios vividos, el ver que podía y quería ser una persona diferente al llegar al mundo Jon me hizo sentir la necesidad de explicar mi manera de ver la vida, un poco para mostrar mi nueva realidad a los demás y un poco para buscar personas con un interés común, pero a través del mundo virtual, del 2.0.
Pasó el tiempo, me invitaron a seguir explicando mis vivencias en Bebés y más y acepté, obviamente, porque el fin de mis palabras no es otro que tratar de ayudar a los niños y a sus padres, no para que sean como yo, sino para que entiendan a los niños, para que sepan cómo son, para que reciban otros inputs distintos a los que reciben en su entorno más directo y para que no se sientan raros por hacer cosas que casi nadie hace, y así podría llegar a más gente.
Cinco años después, sigo allí, sigo en Bebés y más, escribiendo casi a diario y explicando aún mi manera de ver la vida, tanto como padre como enfermero de pediatría, puesto que conseguí en 2010, si mal no recuerdo. Sigo allí y como colofón, como premio o como oportunidad, junto con otros padres que sintieron que había otra manera de hacerlo, otro modo de criar y educar, escribimos "Una nueva paternidad". Un libro en el que todos nos involucramos desde el principio para aportar nuestro grano de arena, nuestra visión, nuestro objetivo, nuestras intenciones, un pedacito de nuestras vidas.
Hoy es el día en que Una nueva paternidad se presenta oficialmente. Hoy es el gran día. Hoy cualquier persona podrá conocernos y saber que los padres, los hombres padres, también reclamamos nuestro hueco en esto de la crianza porque, aunque nadie nos dejó jugar con bebés de plástico de pequeños, somos lo suficientemente cariñosos, responsables y respetuosos como para querer cuidar de nuestros hijos y romper así la cadena o la herencia que la generación que nos precede nos dejó a nosotros, esa en la que a los niños se les enseñaba con jarabe de palo.
El libro lo ha publicado Pedagogía blanca, tiene un precio de 16€ y por ahora puede encontrarse en Amazon y pronto también en la página de la editorial y en tiendas físicas. Si lo queréis dedicado por mí, podéis pedírmelo enviándome un mail a armandobastida (arroba) gmail (punto) com.
Ojalá os guste. Ojalá lo disfrutéis tanto como nosotros lo hicimos escribiéndolo. Ojalá os sirva para reafirmaros en vuestra manera de actuar, o para tener claro que, cambiando nosotros, estamos cambiando un poco el mundo.
22 nov 2011
El origen del feminismo
Se abre el telón y aparecen dos hombres con traje. Uno de ellos está sentado contando dinero y haciendo cuentas. Es mucho el dinero que cuenta, pero al parecer necesita más, quiere más.
El otro hombre se pasea por la habitación de un lado a otro, acariciándose el mentón de tanto en cuanto, con la mirada fija en los pasos que está aún por andar en un infinito camino que se repite cada pocos segundos. De repente se detiene...
- Creo que ya lo tengo.
- ¿Lo tienes?
- Sí, necesitamos más hombres. Más hombres significará más producción, más producción más producto para vender y más producto equivaldrá a más ganancia.
- Lógico, pero ¿de dónde sacamos más hombres? No queda joven mayor de 14 años sin trabajar en toda la ciudad...
- Fácil, hagamos que trabajen sus mujeres.
- ¿Qué? Pero las mujeres tienen que estar en casa, cuidando de nuestros hijos y ¡de nuestra casa!
- Sí, pero si conseguimos más hombres, o sea, más mujeres, produciremos más y ganaremos mucho más dinero. Con ese dinero podrás contratar si quieres a una mujer para que haga lo que hace tu mujer.
- Cierto... sigue.
- Tenemos que hacer que las mujeres vengan a trabajar. Si conseguimos que todas las mujeres de los hombres que tenemos trabajando vengan, duplicaremos casi la plantilla de trabajadores.
- Brillante pero, ¿qué será de los niños? Una de las cosas positivas de ser mujer es que educan a nuestros hijos.
- Les haremos creer que eso es secundario, que lo importante en realidad es trabajar y conseguir dinero. Los niños son maleables, se adaptan a todo, sabrán crecer con una cuidadora o con las abuelas, o con quien sea, ¿qué importa?
- Uff, me empiezan a sudar las manos... me tiemblan los dedos imaginando la cantida de billetes que van a tener que contar. Sin embargo, aún me queda una duda, creo que importante: ¿cómo hacemos para que vengan a trabajar con nosotros? Ninguna querrá si se lo decimos nosotros.
- Lógico, por eso no seremos nosotros los que les digamos nada. Tiene que ser una mujer.
- ¿Una mujer?
- Claro, una mujer bien vestida, joven, guapa, que denoste poder, fuerza, independencia. Una que muestre que no depende de los hombres, una que sirva de modelo, a lo que las demás quieran aspirar, a ser libres.
- Pero eso hará que quieran dejar de ser madres... y a veces hasta a mí me gustaría poder estar más tiempo con mis hijos.
- Ya, pero ¿tú de qué lado estás? Contarás tanto dinero que podrás pasar más tiempo con tus hijos si quieres. No estamos hablando de ti ni de tus hijos, sino de los de los demás. Conseguiremos que las mujeres deseen ser como esta mujer, que nos supliquen un trabajo, que nos supliquen ganar dinero para ser como nosotros. Por contrapartida, debemos conseguir que la imagen de la mujer que está en casa dando amor a sus hijos, y recibiéndolo también, se deteriore. Que se sientan mal por hacerlo, que se crean inferiores, que se sientan esclavizadas para que necesiten huir. ¡Necesitamos más hombres! Y estos hombres serán mujeres.
- Ya lo veo, lo visualizo. Ohhh, me encanta como piensas. Eres malvado y maléfico.
- Lo sé. HahahaHahaha (risa siniestra).
Desconozco si el feminismo empezó así. De hecho, ni siquiera tengo ganas de saber dónde se originó ni cómo. Lo que sí sé es dónde ha acabado la mujer y, escribiendo la precuela del presente, muy probablemente podría ser este el origen del feminismo, porque muchas mujeres feministas han acabado siendo réplicas del hombre.
Por eso yo soy neofeminista, porque una mujer debe poder elegir qué hacer en su vida, si trabajar o no hacerlo, porque tiene que poder elegir si trabajar, como si fuera un hombre, siguiendo las reglas que los hombres crearon (por eso no existe la conciliación laboral y familiar) o si quedarse en casa con sus hijos, dando eso que tanto necesitan los bebés y niños: amor incondicional a todas horas y un modelo a seguir.
26 abr 2011
Entrevista a Rosa Jové sobre rabietas y conflictos
Tras unos cuantos problemas solventado un pequeño problema de post-producción (Aran estuvo jugando con el micro de corbata unos días antes y al parecer dejó la pila en coma), publiqué la misma hace escasos días en Bebés y más.
Os enlazo allí para que la veáis:
"Los niños no necesitan límites, sino normas y valores" - Entrevista a Rosa Jové
3 mar 2011
Al ir al médico hay que decir siempre la verdad

Las visitas al pediatra o a la enfermera suelen ser motivo de angustia y de rechazo por parte de los niños. Para que lo lleven lo mejor posible se recomienda decirles siempre la verdad.
Cuando son bebés no hay mucho problema, pues van donde les lleven sin rechistar, pero a la que empiezan a entendernos aparecen las primeras reticencias a la hora de acudir al médico.
Sobre la actuación de los profesionales con los niños hay mucho que debatir y probablemente mucho a mejorar (el trato, las miradas, el tacto,…), quizás otro día hable de ello, si a alguien le interesa.
Sin embargo hay otras cosas que pasan en la consulta que no se pueden cambiar demasiado, es lo que hay:
- No se puede ver la garganta sin el depresor o “palito” que tantas arcadas provoca (a menos que el niño esté entrenado y sepa abrir la boca y bajar la garganta, pero esto sólo lo saben hacer algunos niños mayorcitos).
- No se puede poner una vacuna sin pinchar.
- No se puede sacar sangre sin una aguja.
- No se puede suturar una herida sin una aguja y un hilo.
- ...
Muchas madres y padres engañan a sus hijos diciéndoles que van a otro sitio, que van al médico pero que a ellos no les visitará, que van al médico pero que no les pinchará, etc.
Sin ir más lejos, hace unos días entraba una mamá con su hija de 4 años para hacerle una extracción de sangre y ante el llanto de la pequeña la madre le dijo: “No llores, tranquila, que no te van a pinchar”. Un minuto después la niña tenía clavada una aguja sacándole sangre.
¿Qué sentido puede tener para una niña que su madre le diga y le repita que puede estar tranquila, que no le van a pinchar, si acto seguido se lo van a hacer? ¿A qué nivel puede quedar la confianza de la pequeña hacia las palabras de su madre?
Lo más lógico es que cada vez que acuda al médico, aunque su madre le diga que no le van a pinchar, la niña crea que sí le van a pinchar, desconfiando de su madre y temiendo a las personas vestidas de blanco.
Quizás por esto mismo hay tantos adultos hoy en día con fobia a las agujas y jeringas (quizás no).
Lo ideal es decirles siempre la verdad. No hace falta entrar en demasiados detalles, sino adaptar lo que sucederá a su capacidad de entendimiento.
Si un día toca un pinchazo o algo desagradable y se lo comunicamos así, el niño va avisado y se dará cuenta, al confirmarse las palabras de la madre, de que ha sido sincera.
Si un día la visita es más bien de rutina y no va a haber ningún procedimiento doloroso, les decimos que no le van a hacer ningún daño y se dan cuenta que es cierto, el círculo se cierra y acaban comprendiendo que pueden confiar en mamá.
Publicado originalmente en Bebés y más.
12 dic 2010
¿Acertamos con los juguetes?

El próximo miércoles daré una charla, en calidad de enfermero, acerca de los juguetes.
Es la primera vez que hago una charla para hablar de niños (normalmente he hablado de cosas muy diferentes, más centradas en las emergencias) y me hace especial ilusión porque puedo hablar de juguetes y de juego, haciendo pinceladas de muchas otras cosas como la creatividad, el tiempo con los padres, etc.
Si estáis cerca, pasaos, que cuantos más seamos, mejor nos lo pasaremos (eso dicen, ¿no?).
La charla será en Terrassa, en la Biblioteca del Distrito 6, en la Rambla Francesc Macià, el día 15 de Diciembre a las 18:00.
Foto: Diesel Demon en Flickr
17 sept 2010
Niños solos en el coche y llamadita al 112

Este domingo pasado nos sucedió una de esas inexplicables situaciones en que, caminando por la calle, te encuentras un coche cerrado, al sol, con niños dentro.
El coche estaba aparcado en la calle, no demasiado bien en cuanto a posición (muestra de que alguien los dejó "un momento", ya que un par de maniobras más lo habría dejado perfecto) y los niños estaban dentro con el cinturón de seguridad hablando, sonriendo y jugando (muestra de que no llevaban mucho rato dentro).
Sin embargo observé en el techo unas llaves y ambas situaciones me hicieron poca gracia. Nos detuvimos para ver si venía alguien al vernos merodear cerca del coche y al ver que nada sucedía decidí llamar al 112.
Mientras realizaba la llamada, sonó la alarma del coche sin que nadie viniera, hecho que me reafirmó en la decisión de alertar de que dos niños estaban solos dentro de un coche.
Hablé con la operadora, que me preguntó las edades de los niños, dónde se encontraban, qué coche era, etc. y mientras le explicaba la situación apareció una mujer que se acercaba al vehículo con bolsas en las manos.
- "Perdona, que ya está, que ya ha aparecido la madre".
- ¿Ya ha venido la madre?
- Sí, sí, ya ha venido la madre - repetí delante de ella para que me oyera.
- ¿Pasa alguna cosa? - me preguntó la mujer.
- No, que he llamado a la policía porque como he visto a dos niños solos dentro de un coche al sol y no me ha parecido muy normal...
- Ah, bueno..., es que, he ido tres minutos aquí, a la panadería.
- No, si yo no te juzgo. Yo solo he visto dos niños solos en un coche y nadie alrededor, con unas llaves encima del techo, ha sonado la alarma y nadie aparece...
- Bueno, gracias - me dijo semiasustada por la situación.
- Bueno, coge las llaves, que las tienes ahí (la señora ya se metía en el coche sin ellas).
- Vale, uhmmm, gracias,...
Probablemente la señora se asustó un poco al oír "he llamado a la policía". No era mi intención asustarla, pero sí hacerle saber que dejar a los niños solos dentro de un coche no es algo demasiado normal (o al menos no demasiado recomendable) y sí era mi intención velar por la seguridad de esos niños (llamé pensando en ellos).
Al final pasó lo que era más probable que pasara, que apareciera la madre, se montara en el coche y se fueran todos tan contentos. Ahora bien, lo más probable no es lo que sucede siempre y son varias las ocasiones en que hemos oído en las noticias que un niño fallece al quedar olvidado dentro del coche.
En este caso no parecían estar olvidados ya que, como he comentado, la posición del coche demostraba que era un aparcamiento circunstancial.
Sin embargo los accidentes no saben de hechos circunstanciales y pueden ocurrir en el preciso momento en que menos lo esperas (bueno, de hecho ocurren cuando menos los esperas) y dejar un coche solo con niños dentro es peligroso por diversos motivos:
Cabe la posibilidad de que alguien trate de robar el coche (difícil y peliculero, con los niños dentro, pero no imposible), cabe la posibilidad de que un coche pierda el control y le de un golpe al coche aparcado con los niños dentro (no es tan difícil, es mucha casualidad, pero no es imposible), cabe la posibilidad de que alguien trate de secuestrar a los niños (peliculero también, pero vete a saber...) y sobretodo, cabe la posibilidad de que a la madre le pase algo allí donde esté.
La mamá podría desmayarse en la panadería, podría ser asaltada por el camino por algún ladrón de bolsos que la tirara al suelo o podría sufrir un atropello al correr con las bolsas cruzando la calle hacia el coche porque sabe que sus hijos están solos (además de muchas otras situaciones). En caso de que algo le sucediera a la madre nadie tendría por qué saber que ha dejado a sus hijos solos dentro de un coche, cerrado y al sol de la tarde.
Sé que todo ello son sucesos poco probables, sin embargo, no son imposibles y no me parece una acción responsable dejar a los niños dentro del coche encerrados y por ello, cada vez que vea dicha situación, avisaré al 112.
Foto | Ken Wilcox en Flickr
14 abr 2010
Nadie dijo que tener un hijo fuera fácil

Ya he dicho en más de una ocasión que la llegada de un hijo cambia la vida de los padres, seguro.
En mi caso personal (y como en la mayoría diría yo) el cambio fue para bien, pero el proceso fue duro, muy duro y sinceramente no esperábamos que fuera así, sin embargo nadie nos dijo que tener un hijo fuera fácil.
Vivimos en una sociedad en la que todo se exige para ayer, en la que todo aquello que suponga un esfuerzo excesivo o una recompensa demasiado pequeña tiende a ser rechazado.
Estamos en un momento en que necesitamos trabajar mucho para pagar los bienes materiales que nos facilitan la vida, esa que no podemos disfrutar porque estamos trabajando.
En este proceso o círculo vicioso hemos cambiado la caminata hasta el trabajo por el coche, los libros por las películas, el café de cafetera por uno encapsulado, los pañales lavables por pañales de usar y tirar, la esponja por toallitas, el cocido por los congelados, el Fairy por el lavaplatos…
Y en estas te plantas en el Prenatal (o similar) y les dices con una sonrisa de oreja a oreja que vas a ser padre, así, lleno de orgullo, y que vienes a comprar lo necesario y lo mejor para tu hijo.
La lista es interminable: El colchón de tres ruedas, la cuna calienta pañales, el body para calmar los cólicos, el receptor emisor para la otra habitación con capota desplegable, la mochila con aroma que induce al sueño, la esponja con cierre de seguridad,…
Y un buen día llega tu bebé y te das cuenta, poco a poco, de que has hecho el “panoli” (no os sintáis ofendidos, hablo en primera persona).
Nace en el siglo XXI un bebé que no sabe si está en el maravilloso y moderno mundo en el que vivimos o bien en la época del Paleolítico. Bueno, no me voy a ir tan lejos… no sabe si ha nacido en España o en el desierto de África.
Y tú, mi querido padre novel, acostumbrado a hacer tu vida, a vivirla con placer, a dar y recibir en igual medida (o a recibir más de lo que das), te ves de repente en la situación de tener que dar, dar, y dar y en el momento, sin posibilidad de espera.
Te das cuenta de que los mil inventos son más bien poco útiles, que el colchón de la cunita le “quema” y que acaba siempre en vuestros brazos (invento barato de resultado infalible).
Y resulta que se despierta cuando tú empiezas a coger el sueño, se duerme cuando te has desvelado y se vuelve a despertar en el momento en que sueltas el primer ronquido.
Entonces todo el mundo se ve obligado a ayudarte y te dan mil y un consejos contradictorios y tu mujer te pide que ayudes más en casa, porque el bebé está todo el día al pecho y en brazos porque en la cuna no aguanta ni veinte minutos y tú, que esperabas seguir viviendo, más o menos como antes, con ligeros cambios, ves que de ligeros tienen poco.
Te dicen que si mama tanto es que ella no tiene leche, o que su leche no es buena. El pediatra dice que no, que es normal que mame tanto porque es un recién nacido, pero la enfermera dice que si se queda con hambre que tome leche artificial.
Y llora, y todos los días a la misma hora y lo bañáis antes de dormir porque se supone que se va a relajar, pero en cambio parece que el tuyo es diferente, que se pone como una “moto”, y lo vestís y llora, y os dais cuenta de que estando todo el día en brazos llora menos, pero viene la suegra (la que sea) y dice que lo cogéis demasiado en brazos y que lo vais a malacostumbrar.
Te das cuenta de que no es tan fácil. Tú esperabas a una personita en pequeñito, que entendiera tu inexperiencia y te otorgara un tiempo prudencial para ir aprendiendo poco a poco de él (y viceversa) y te das cuenta a golpes de martillo que tu bebé es, ni más ni menos, un animal mamífero.
Eso significa que necesita la seguridad del contacto, del calor y del mecimiento. El alimento de manera casi continua, el olor de su madre, los cuidados y la disponibilidad constante.
Y ves que tú vida ha girado 180º, que no puedes hacer nada de lo que hacías antes, ni tú ni ella. Y ahí es donde debes decidir, o me tomo un paréntesis como persona y me dedico a mi bebé, a mi mujer y a mi casa, o querré abarcar tanto que al final no haré ni una cosa ni otra.
Lo siento, alguien tenía que decirlo. No es fácil. Tener un bebé es una gran responsabilidad. Es un ser dependiente en su totalidad y os necesita más que a nada.
Necesita que sepáis renunciar a muchas cosas durante un tiempo y que aprendáis a hacer de tripas corazón y de ojeras esperanza porque es una etapa, un tiempo, hasta que los pequeños mamíferos crecen y se van desprendiendo poco a poco hasta convertirse en las pequeñas personas que esperabais.
PS: Os recomiendo que os paséis, cuando podáis, por la “Tienda de las paciencias” y os compréis dos o tres de repuesto. Suelen hacer falta.
Foto: Flickr - Pedro Klien
Publicado originalmente en Bebés y más.
25 nov 2009
Eulàlia Torras: “La guardería puede frenar el desarrollo de los bebés”

Eulàlia Torras de Beà es médica, psiquiatra, psicoanalista y una de las firmantes del Manifiesto “Más tiempo con los hijos”.
Está casada y tiene tres hijos y seis nietos. Hace un par de días fue noticia tras publicarse en La contra de La Vanguardia una entrevista suya titulada “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé” en la que declara que las guarderías pueden frenar el desarrollo de los bebés.
La entrevista es muy interesante y en general estoy bastante de acuerdo con todo lo que dice y por ello he querido hablar de sus palabras en esta entrada.
Antes de hacerlo quiero comentar que el título de la entrevista en La Vanguardia (“La guardería no puede criar saludablemente a un bebé”) no es una frase literal de Eulàlia Torras y está sacada de contexto. Realizo esta aclaración porque no estando de acuerdo con esta frase quise buscar el momento en que la expresaba y al verlo observé que no eran sus palabras.
Qué necesita un bebé
La guardería es un servicio que se ofrece para cubrir una necesidad de los padres: que alguien cuide y eduque a los hijos mientras ellos no pueden hacerse cargo, “pero no es lo que necesita un bebé”.
Un bebé precisa de “la cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres” y la consecuencia de no proporcionárselo “podría comprometer el desarrollo de los bebés”.
Un bebé puede desarrollarse adecuadamente en un entorno estable que le proporcione seguridad. Sentirse seguro es lo que le anima a explorar y un bebé que se atreve a explorar puede madurar adecuadamente.
Alterar su entorno entrando en una guardería puede hacer que retroceda temporalmente en competencias que está adquiriendo como hablar, caminar, etc.
Qué dicen los últimos estudios en neurociencias
Los últimos hallazgos en neurociencias y en psicología evolutiva dicen que, “de los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores…”.
Todos estos estímulos hacen que el bebé establezca una relación emocional y cognitiva sana tanto con su entorno como consigo mismo.
Es cierto que un centro de educación infantil puede ofrecer todo eso pero normalmente no lo hará en la medida que un bebé o un niño puede necesitar. Unos padres implicados y amorosos sí pueden ofrecer todo eso.
Los niños enferman más
Comenta Eulàlia Torras que al entrar a la guardería se multiplican las posibilidades de enfermar, ya que el bebé está más expuesto a gérmenes.
Un bebé que pueda permanecer en su hogar, con un círculo reducido de personas y con los brazos de papá y mamá tendrá una mayor fortaleza emocional, cognitiva y física (ya habréis oído alguna vez que los masajes, por ejemplo, hacen que los bebés ganen más peso).
Sobre este tema existe un estudio reciente que concluye que los niños que van a la guardería sí tienen más riesgo de sufrir algún problema respiratorio durante los primeros meses, aunque esta situación se invierte a medida que van cumpliendo años (a los cinco años son los niños que no han ido a la guardería los que sufren más enfermedades respiratorias) y no supone ningún problema posterior (a los ocho años la situación se iguala y todos sufren los mismos trastornos y tienen las mismas probabilidades de ser asmáticos o alérgicos).
Ante este estudio cabría entonces decidir en qué momento preferimos que nuestros hijos tengan problemas respiratorios, si prontito siendo aún bebés, o más adelante (personalmente me sumo a la segunda opción, ya que puedo elegir).
El fracaso escolar
En España (y en otros países) se piensa que adelantando la escolarización y las materias se evitaría el fracaso escolar, sin embargo a un niño “hay que escolarizarlo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar”, momento que no suele llegar antes de los tres años.
En Finlandia, el país con menor fracaso escolar de Europa los niños no están obligados a ir al colegio hasta los siete años. El Estado sufraga durante el primer año a los padres y permite horarios laborales intensivos o reducidos para que sean los padres los que críen a sus hijos.
En España en cambio los estamos separando tempranamente, tenemos un elevado fracaso escolar, y en vez de analizar las causas estamos cortando los síntomas sin analizar las causas: somos “el tercer país que más psicofármacos receta a menores”.
Sobreproteger a los niños
Uno de los mayores miedos de los padres y de lo que más se les acusa es de mimar y sobreproteger a los niños.
Atender las necesidades de hambre, sueño y sobretodo cariño “no es sobreprotegerlo, ¡es protegerlo de lo que vendrá!”. Un niño criado con cariño y con seguridad “gozará de estabilidad emocional, autoestima y coherencia: estará bien preparado para los reveses que vendrán”.
Un niño que haya sido criado en una guardería con pobreza de estímulos será “poco orientado, intemperante y más agresivo, más vulnerables a la frustración, más depresivos…” (nótese que la entrevistada dice “más que” antes de cada posible adjetivo).
Los centros de educación infantil pueden ser útiles
Muchos tienen excelentes cuidadoras, sin embargo las ratios son demasiado elevadas y repartirse entre tantos niños hace imposible que la calidad de la atención sea personalizada.
Hay ocasiones en que una guardería puede ser muy útil para los niños: “Ante un hogar con abandono, conflicto permanente y agresividad crónica” un niño estará mejor en una guardería que en casa, pero “no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé” (como veis esta frase dista bastante de “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé”, que La Vanguardia quiso utilizar como título).
Qué podría hacerse por el bien de los hijos
Algo que ya hemos comentado más de una vez en Bebés y más, dejar de dedicar recursos a inaugurar centros de educación infantil y subvencionar a los padres para que “dediquen tiempo a criar a sus hijos hasta los tres años”.
“Dedicar tiempo a los hijos de pequeños os ahorrará mucho tiempo cuando sean mayores”, dice Eulàlia Torras citando a la doctora Julia Corominas.
Para acabar con esta entrada quiero citar a una conocida mía: “Armando, es tan absurdo que se tengan que hacer estudios científicos para demostrar que un niño, lo que necesita, es estar con sus padres…”. Me dejó boquiabierto por la sencillez de la frase y le di las gracias por hacerme entender lo penosa que es una sociedad que necesita demostrarse a sí misma que se equivoca cuando separa a unos seres en pleno aprendizaje emocional de las personas emocionalmente más ligadas a ellas, sus padres.
Fuente: La Vanguardia
Sitio Oficial: Fundació Eulàlia Torras de Beà
Foto: Flickr (htlcto)
Publicado originalmente en Bebés y más.
9 nov 2009
Si tú no ayudas a alimentarlos, ¿quién lo hará?

Hace tiempo di por casualidad con esta impactante imagen. Se trata de un anuncio publicitario de Concordia Children’s Services, un centro que acoge y educa a niños huérfanos, abandonados y maltratados hasta que son destinados a un hogar definitivo.
El texto que acompaña a la imagen dice: “If you don’t help feed them, who will?” (Si tú no ayudas a alimentarlos, ¿quién lo hará?).
De esta campaña, observando la imagen y el texto, extraigo tres posibles objetivos:
- Solicitar ayuda económica o voluntaria para ayudar a conseguir recursos para todos los niños desamparados que llegan a este centro infantil.
- Prevenir que suceda, es decir, si como padres no alimentamos a nuestros hijos, si no les ofrecemos el calor de nuestros brazos, el cariño que merecen y si no respetamos su integridad física y emocional probablemente nadie en el mundo lo hará.
- Promover la lactancia materna. El amamantamiento supone un intercambio de oxitocina entre madre e hijo que ayuda a la creación del vínculo afectivo.
Los niños cuyas madres establecen el citado vínculo están más protegidos frente a posibles maltratos (sé que suena duro, pero es una de las razones por las que los grandes organismos defienden y promueven la lactancia materna).
Imagino que el objetivo real de la campaña es la primera de las tres opciones, sin embargo me voy a centrar en el segunda (e indirectamente en la tercera) pues es la me ha venido a la mente al ver la foto.
Durante mucho tiempo se ha pensado que el maltrato o el abandono a los niños es algo exclusivo de las clases sociales más desfavorecidas, sin embargo vemos cada vez más a menudo casos de niños gravemente heridos (e incluso fallecidos) pertenecientes a clases sociales acomodadas. Y esto es algo que no debería suceder jamás, ni en las familias ricas, ni en las pobres.
Sé que caigo a menudo en la ilusión, quizá utópica, de que la sociedad en la que vivimos cambie. Estamos tan inmersos en el capitalismo, tan acostumbrados a las comodidades, a pagar por ellas, a delegar funciones en los demás y a recibir favores que creemos que debemos recibir siempre olvidando que también hay que saber dar y saber pensar en los demás.
Todo aquello que no hemos superado y que arrastramos de nuestra infancia nos impide volcarnos y vaciarnos en nuestros hijos, algunos de manera tan incapaz que nunca conectan emocionalmente con ellos aumentando el riesgo de maltrato físico y/o psicológico.
Respetemos a los bebés y tratemos de entender que tener un hijo es una gran responsabilidad, pues tenemos sus vidas en nuestras manos. De nosotros depende su devenir.
Fuente: Inventorspot
Publicado originalmente en Bebés y más.
12 oct 2009
Por cierto, la operación pañal fue un éxito

A mediados de agosto publiqué la entrada "Operación pañal v.2" y, como suelo hacer a menudo, no expliqué nada de la evolución que había llevado el tema (mala cabeza la mía).
Así que hoy voy a hablar de ello.
La operación pañal v.2 tuvo muy poca historia. Teníamos planeado llevarla a cabo en vacaciones, pero en la playa, y sin querer lo empezamos a hacer unos días antes.
Me dio por dejar a Jon desnudo totalmente por casa (recordad que era verano, Julio para ser más exactos) porque pensé: este año prefiero coger cositas del suelo que sacarle el calzoncillo y restregarlo todo por las piernas, guarrada impresionante a mi modo de ver que además a Jon le cabreaba un montón (a nadie le gusta cagarse encima).
El caso es que desnudo como iba y sin pañal, decidimos dejarle hacer... no tardó en mearse en el suelo y no tardé en encontrar un "señor mojón" en el puzzle de goma-eva de su habitación.
"Uy, Jon, mira, un pipi", "Uy, Jon, mira, una caca... venga, lo recogemos y lo echamos al water... si quieres otra vez podemos poner el reductor y lo haces en el water".
Dicho y hecho. Los siguientes pipis y las siguientes cacas fueron en el WC a voz de "quiere el retuctooó" (Jon sigue hablando de sí mismo en tercera persona, jijiji - me hace gracia, lo siento...).
Esto hizo que pasáramos más de un mal rato, porque estuvimos en Port Aventura, comiendo en sitios públicos, y como él no se quería hacer pipi ni caca encima pedía el "retuctó" cada 5-10 minutos... Y ale! ahí que iba su papa con la bolsita y el reductor dentro lavabo por lavabo a ver si hacía caca o pipi.
- ¿Pero tienes caca?
- Sí.
- Vale, pues venga.
Y ahí no salía nada. El tío apretando y no había manera...
Poco a poco fuimos conociendo el modus operandi, y a la caca le precedía una especie de baile extraño en forma de saltos y carreritas varias. Entonces le preguntábamos "¿quieres el reductor?" y respondía "sí, retuctó"...
Desde ese día en que hizo caca en el puzzle, sólo se le ha escapado la caca una vez, en Julio, un día que no llegamos a tiempo al WC. El pipi se le ha escapado dos veces, una pocos días después de empezar y la otra hace dos días, que le vino un ataque de tos mortal...
La noche fue también un éxito. A mi me daba más miedo quitárle el pañal de noche, porque durmiendo todos juntos sería un follón cambiar sábanas y no me hacía gracia que se despertara Aran, pero Miriam me convenció porque hacía tiempo que el pañal de Jon estaba seco por las mañanas.
Así que lo quitamos también a los pocos días y voilà, culito seco, culito sano cada mañana (no me extraña, hay días que no mea al levantarse, sino a las 11 de la mañana... eso hace que pueda pasar cerca de 13 horas sin mear... será un X-MEN?)
Con todo no puedo más que decir que la operación pañal ha sido un éxito rotundo, sobretodo porque no hemos hecho casi nada. Simplemente dejarle que viera qué era un pipi en el suelo y qué era una caca en el suelo y qué podía hacer para que no fuera a parar ahí, sino a un lugar más higiénico, el WC.
Una vez hace caca, saludamos al señor (o señores) mojón: "hola señor mojón" (y él a veces les llama señora mojona, jajajajja) y luego nos despedimos de ellos "al río!!!"
Explicar esto me hace engordar 10 o 20 kilos de orgullo hacía mi hijo y de orgullo hacia mí mismo. El año pasado este tema produjo diversas discusiones familiares y muy poca gente llegó a entender que cediéramos y le volviéramos a poner el pañal.
¿Qué conseguimos?
Pues evitar que lo siguiera pasando mal después de un mes de hacérselo encima, de llorar cada vez que le pasaba, de andar detrás suyo a todas horas para que hiciera pipi o caca y permitirle a él mismo, un año después, manejar el tema.
Está claro. La maduración llega tarde o temprano y sólo hay que ayudarles (en nuestro caso porque empezaba el cole) para que escuchen un poco a su cuerpo.
Si están preparados, es coser y cantar. Si no lo están, no tiene sentido.
Yo ya lo dije y no me hicisteis caso.
Yo no soy así. No soy de los que recuerdan un hecho y dice "¿ves? yo ya lo dije", demasiado tímido, supongo, así que hoy lo haré mediante el blog: yo ya lo dije, no había prisa, aún faltaba un año para que empezara el cole y no había necesidad de marearlo...
4 oct 2009
Vídeo: los niños son nuestros maestros
Cada día que pasa lo tengo más claro. Los niños vienen al mundo para enseñarnos a los padres y no al revés. Los niños son nuestros maestros. Este vídeo de la marca de pañales suiza Liberto nos lo muestra.
Nos empeñamos en hacer que aprendan a ser como queremos que sean, en hacerlos sufrir a menudo sin necesidad para que aprendan que la vida es dura y que el mundo es un lugar inhóspito en que cualquiera puede traicionarte a la que le das la espalda.
Queremos que aprendan que no se puede tener todo aquello que desean y pensamos que cuanto peor lo pasen ahora más se amoldarán al futuro que les espera.
Sin embargo, como digo, creo que la historia debe ser al revés. Estoy de acuerdo en que la sociedad en la que vivimos no es lo preciosa y bucólica que nos gustaría pero nos equivocamos al querer enseñar a nuestros niños a conformarse con ella como si se tratara de algo inamovible o irreparable porque ellos tienen el poder para formar una sociedad diferente.
Los niños vienen con el contador a cero, llenos de bondad y de ganas de vivir. Ellos son nuestra oportunidad para cambiar y ellos son los que nos tienen que enseñar a nosotros a ser mejores personas, más responsables y comprometidas con el resto, más sinceras y humildes. De nosotros depende estar preparados para escucharles y aprender.
En esta realidad en que vivimos, capitalista y encamada, enferma de la tan escuchada crisis, en este mundo del marica el último y del "tomate" en que un don nadie puede cobrar por una entrevista el montante que alimentaría a un país africano durante un año, cada vez que nace un niño llega una oportunidad de mostrarnos que algo falla.
Los niños no vienen con un pan bajo el brazo, ellos vienen con una fábrica de harina entera. La pena es que los adultos creemos que realmente sólo llevan un pan y se nos queda duro demasiado pronto.
Fuente: El blog alternativo
Publicado originalmente en Bebés y más.
25 sept 2009
Análisis de la realidad actual

De un tiempo a esta parte se está levantando una tremenda alarma social porque los niños hacen lo que les da la gana y porque los adolescentes son delincuentes en potencia que maltratan a profesores y a padres.
Lo cierto es que no creo que esta generalización sea justa, porque seguro que antiguamente había casos de este tipo, pero la vergüenza o la falta de registro de estas incidencias hacía que no hubiera constancia de ello.
Sin embargo una cosa no quita la otra y recientemente me veo en la tesitura de defender mis creencias y mi estilo de crianza ante quien dice que cuando les dejas hacer lo que quieren, pasa lo que pasa.
El problema es que criar a un niño con respeto, apego y afecto es mal entendido por la sociedad, que observa una relación padre-hijo en que los padres dejamos a los hijos que hagan lo que a ellos les de la gana, y no es cierto.
Estoy de acuerdo en que no educar a un niño es un gravísimo error, obviar las normas sociales y familiares y no transmitírselas a los niños es casi sentenciar nuestro futuro y el de nuestro hijo, que merece unos padres que le guíen en el camino de la vida.
Hasta ahí creo que todos estamos de acuerdo, ahora bien, hay maneras de educar tan simples como pasar mucho tiempo con ellos y establecer relaciones de confianza en las que la palabra y las miradas lo dicen todo. Sólo con levantar la ceja ya pueden entender que "esto ahora no toca" o ponerse en cuclillas y hablarles sobre porqué no se puede hacer eso en ese momento y explicarle otras cosas que sí se pueden hacer es otra manera.
Pero para que una relación así se lleve a cabo hace falta mucho contacto y mucha relación.
El problema de hoy en día, para mí, no es bien bien que los niños hagan lo que quieran. El problema es que no existe esa relación de confianza con los padres, porque los padres pasan muy poco tiempo con sus hijos, y cuando están con ellos, o están pensando que "a ver cuándo empieza el cole" o "a ver si se duerme y me pongo una peli" o vete tú a saber qué...
Así los niños crecen sintiendo que les falta algo y no saben muy bien qué y algunos aún saldrán medio bien, pero muchos otros, que se habrán hecho a sí mismos pues sí habrán hecho lo que han querido y cuando han querido, serán lo que sus padres nunca habrían querido que fueran.
En una relación estrecha, con un fuerte vínculo, con comunicación, con afecto, cariño y comprensión, dedicando tiempo a dialogar, cediendo en ocasiones, no cediendo en otras, explicando las cosas, lo que se espera de ellos y dejándoles ser ellos mismos también, cabe la posibilidad de dejar manga ancha, porque como tú eres su ejemplo, tienden a hacer lo que tú haces y, como siempre estás ahí, ante cualquier adversidad te intentan explicar lo que les pasa y tú intentas comprenderles (las rabietas no dejan de ser eso, intentos de explicar algo, que la gente tiende a ignorar para que no se repita, cuando lo que hay que hacer, precisamente, es animarles para que nos expliquen el por qué de la rabieta).
Dicho de otro modo, en una relación así los niños pueden hacer prácticamente lo que quieren y cuando quieren, hasta que los padres, que estamos ahí para guiarles, decimos "Eps, hasta aquí". Unas veces se lo toman bien, y otras mal, pues cuando se lo toman mal les ayudamos a entender por qué es hasta aquí, que normalmente hay una explicación más plausible que el "porque lo digo yo".
Poco a poco, con los "hasta aquí" van aprendiendo hasta donde pueden llegar, pero no sólo con los "hasta aquí" sino observando los "hasta aquí de papá y de mamá", pero para observarlos, hay que estar con ellos y como digo, hoy en día, los niños no están con ellos, porque están en la guardería, en el colegio o en las extraescolares, o en casa con la abuela una semana porque papá y mamá se van de vacaciones, que tienen que desconectar.
24 sept 2009
Quiero un niño independiente (II)

Para introduciros al tema del post os explicaré una historia que podría haber sido explicada estas Navidades:
Ivette tiene 6 años, hace una semana llegó a su nueva escuela y le han dicho que va a actuar en la obra de teatro de la fiesta de Navidad haciendo de María. Está muy contenta pero a la vez se siente nerviosa porque sabe que sus padres y sus nuevos compañeros estarán viéndola. Como no quiere defraudarlos le ha pedido a la profesora que le ayude a hacer muy bien de pastorcita.
Marcos tiene 6 años y va a la misma clase que Ivette. También va a actuar en la función haciendo de José y también le ha pedido a la profesora que le ayude.
La profesora ha decidido que sí ayudará a Marcos pero no a Ivette. En la semana que lleva trabajando con ella se ha dado cuenta que es muy dependiente. Pide ayuda y consejo para todo y la profesora ha pensado que de esta manera ella encontrará la mejor manera de hacer de María y así será más capaz de tomar decisiones por sí misma.
En días sucesivos la profesora ayuda a Marcos con el disfraz, las frases que debe decir y ensayan juntos la obra. En ocasiones la misma profesora hace de José para que Marcos observe de qué manera puede actuar para que parezca más real. Marcos le consulta las dudas que tiene y a medida que pasan los días y va interiorizando todo lo aprendido solicita cada vez menos el soporte de la profesora.
Ivette en cambio tiene que ensayar la obra sola, la profesora le ha dicho que se esfuerce, que lo haga como considere mejor y que seguro que lo hará muy bien. Conoce las frases pero no sabe muy bien cómo decirlas ni cuándo. Está muy nerviosa porque ensaya mucho, pero tiene dudas de si lo estará haciendo bien. Cada día intenta convencer a la profesora de que le ayude, pero ésta continúa con la estrategia de hacer que ella resuelva las dudas por sí sola para ayudarla a ser más autónoma.
Llega el día de la obra y Marcos está nervioso pero se siente seguro mientras que Ivette está muy nerviosa e insegura e intenta desesperadamente que la profesora le ayude un poco pues no quiere quedar mal con sus compañeros ni con sus padres en su primera semana.
La profesora le explica algunas pautas, pero sin querer interferir con el papel que ella ha creado, confiando en que habrá trabajado mucho y hará un buen papel.
En el momento de representar la obra Marcos actúa con seguridad mientras que Ivette se equivoca, va a destiempo y mira a menudo a la profesora para que le ayude y le guíe desde el lateral. La profesora le ayuda para salvar la función.
Al final de la obra Marcos abraza contento a sus orgullosos padres mientras que Ivette llora desconsoladamente porque siente que por su culpa la obra ha sido un fracaso y que ella no ha sabido hacer un papel digno.
Esta historia no es más que una metáfora de la vida de cualquier niño desde el momento en que nace. Como Ivette, llegan al mundo sin conocer a nadie y buscan rápidamente una persona que le sirva de referente, de ayuda y de soporte, normalmente la madre (en el caso de Ivette, su profesora).
Quieren aprender a vivir, quieren aprender el día a día y quieren aprender a ser, porque de hecho ni siquiera saben que existen como ser hasta los ocho o diez meses, momento en que se quejan si son separados de su figura de apego primario (como digo, suele ser la madre) en lo que todos conocemos como “Angustia de separación“.
Para aprender todo ello necesitan vivir lo más cerca posible de alguien que les pueda enseñar, siendo lo más dependientes posible ya que, cuanto más dependientes sean de pequeñitos, más independientes serán más adelante. Cuanto más aprendan en los primeros años, más autosuficientes serán después.
Las teorías que hablan de dejarles llorar solos para que aprendan, de retrasar un poco las demandas (“déjalo llorar cada vez un poquito más, pues si vas enseguida cada vez te llamará más a menudo”), no llevarles en brazos para que no se acostumbren o de separar al niño para que no esté enmadrado han sido ejemplificadas en la técnica llevada a cabo por la profesora con Ivette. En un intento de hacerla más independiente, de que se curta en la soledad, solo consigue que se sienta más insegura y necesitada de apoyo.
Los niños que antes son separados de su madre y a los que se les intenta enseñar a ser independientes son los que son dependientes más tiempo, pierden el ejemplo de su referente, dudarán de sí mismos y necesitarán a alguien que tome las decisiones por ellos al no haber podido aprender junto a alguien que sí sabe tomarlas.
Para ser independiente, se tiene que ser primero dependiente:
- Primero me lo hacen (o nos explican cómo se hace).
- Luego lo hago yo con ayuda y supervisión (pides a alguien que sabe más que tú que esté a tu lado mientras lo haces. Los niños llaman a su madre o padre).
- Finalmente soy capaz de hacerlo solo (cuando ya he aprendido soy capaz de hacerlo solo sin necesidad de alguien que me supervise. En caso de duda o error llamaré de nuevo a mi tutor. Los niños, de nuevo, llamarán a su madre en caso de que se vean en peligro, inseguros o piensen que lo están haciendo mal).
¿No hemos estudiado todos para trabajar? ¿No hemos hecho unas prácticas tutorizadas en las que hacíamos las cosas con un profesor que luego nos dejaba intentarlo a nosotros solos?
Si quieres que tu hijo sea independiente, autónomo y capaz de tomar decisiones sé su ejemplo, permanece siempre a su lado cuando te necesite y acude siempre a sus llamadas. Poco a poco, cuando vaya aprendiendo a hacer las cosas para las que ahora solicita tu ayuda dejará de llamarte porque se sentirá seguro y con la confianza suficiente para llevarlas a cabo.
Leer también: Quiero un niño independiente
Publicado originalmente en Bebés y más
Las preocupaciones de una madre reciente
Extraído de El País
"Mañana vuelvo al trabajo después del parto. No veo el momento. Voy más ancha que larga. He empalmado el permiso de maternidad y las vacaciones, pero 20 semanas no son nada para desembarazarse de los kilos del embarazo. Cuando llegué a 22 dejé de contarlos y aún tardé tres semanas en parir. Lo de dar a luz es un eufemismo de revista femenina. Lo mío fue un parto como está mandado. A pelo.
Me dejaron en dilatación diciéndome que iba para largo. Pero a la hora, mientras me clavaban en el lomo la banderilla de la epidural, vino la matrona, me metió mano y empezó a chillar que al paritorio, que ya. "Estas cuarentonas no tienen término medio, o van a cesárea o se les cae el crío a plomo", oí que le decía a otra mocosa por lo bajinis. Me dolió, mira tú. Una cosa es ser primípara añosa y otra que te lo recuerden cuando estás en un ay, sudando a mares y con el culo al aire.
El celador fue más amable. "Levanta el culete, que nos vamos", va y me dice el tipo, un yogurín cosidito de piercings. ¡Culete!, a mí, con semejante pandero. Qué mono. La niña salió en tres empujones, eso sí. Acababan de coserme los puntos de la episiotomía cuando noto un cosquilleo en los bajos. La epidural. Más vale tarde que nunca. No pegué ojo en tres días, pero tuve las piernas dormidas toda la noche, algo es algo.
De la lactancia ni hablamos. Que me perdonen las de la Liga de la Leche, pero yo me rajo. Aún tengo los pezones como badajos después de semanas ordeñándomelos sin saciar a la criatura. Desde que le enchufé biberones como extintores cada tres horas fue otra niña. Y yo, otra mujer.
Con mi poquita de depresión posparto, vale. Que parece que sólo la tienen las famosas. Que si Brooke Shields, o Gwyneth Paltrow, o cualquier guiri con glamour se confiesa en el Hola, le hacemos la ídem muertas de la empatía: qué sencilla, qué humana, cómo sufre. Pero tú, que tenías tantas ganas. Tú, que casi se te socarra el arroz esperando al padre perfecto. Tú, que te has pasado dos años en reproducción asistida visto que no aparecía. Tú ¿de qué te quejas, mona? De la vida. Mañana vuelvo al curro. Vuelvo a ser persona. No una alienígena como esa Miranda Rijnsburger, señora de Julio Iglesias, que salía de la clínica con los gemelos en brazos y los pitillo bailándole en las caderas. A mí también me baila la ropa. Me he agenciado un surtido de blusas flotantes y bombachos tipo Bollywood que ni me rozan las lorzas. Igual creo tendencia en la empresa. Para algo soy la jefa."
El relato empieza mal, sigue lo que podría decirse como bien, contando el trato recibido en el hospital y acaba igual que empieza, con la preocupación máxima de recuperar la figura sea como sea y parecer la misma persona que era antes de parir.
A destacar frases como "no veo el momento", tras 20 largas semanas de estar con su bebé y "vuelvo a ser persona".
Una lástima encontrarte mujeres así en el camino, cuando muchas están luchando por tener una baja maternal de al menos unos ridículos 6 meses (serían 24 semanas, mínimo y esta señora se tiraría de los pelos o por un puente) y cuando muchas deciden cogerse excedencias, reducciones de jornadas o incluso dejan de trabajar para ser madres. Y por lo visto, ser madre no es ser persona.
1610 votos tiene el citado artículo obteniendo cuatro estrellas y media de cinco posibles. Esto quiere decir que a la mayoría de los votantes les ha encantado semejante declaración de superficialidad.
Tengo que decirlo: ASÍ NOS VA!!!!!
El día que su bebé sepa leer y vea que su mamá se liberó tras 20 inacabables semanas juntos verá de qué va el tema...
Una conclusión reduccionista y simplista, aunque a mi modo de ver probablemente cierta, de estos temas es la siguiente: El desapego que mostramos a nuestros hijos es tal, que aprenderán a vivir desapegados de sus padres (o con una extraña y desconocida sensación de que les falta algo).
No nos extrañemos cuando en nuestra vejez nos veamos en una residencia abandonados, con nuestros descendientes esperando por si llega la herencia (sí, hay días que me levanto catastrófico y negativo total...).
Aps! mi bola de cristal ha fallado, esto no es lo que sucederá, esto es lo que ya está sucediendo. Pues eso, de padres cuervos, hijos cuervos, y ya dice el refrán, cría cuervos...
7 sept 2009
El amor y el materialismo

- Mamá, ¿tú me quieres?
- Claro que te quiero, hijo, mucho. ¿No ves qué habitación tienes? ¿No ves cuántos juguetes te he comprado?
- Ya mamá, tienes razón. Entonces, ¿por qué te enfadas cuando, pidiéndote que me des tu amor, te pido que me compres algo?
Los niños piden porque les enseñamos a pedir.
Si compramos el amor de nuestros hijos, si nos tranquiliza conseguir una sonrisa con un regalo a cambio de las horas que no hemos pasado con ellos, ellos se acostumbrarán a no estar con nosotros y a pedirnos los objetos que sacian, por un tiempo, su sensación de soledad.
Así, crecerán y se convertirán en lo que nosotros mismos somos: "Comprar y comprar diciendo que responde a una necesidad" (que diría Reincidentes).
21 ago 2009
Operación pañal v.2

Cuando llega el verano, además de la operación bikini, que llevan a cabo algunos papás y mamás, se suele llevar a cabo otra operación en los niños y niñas de España (e imagino que de otros países): la operación pañal.
No es que el verano sea el momento obligado para tratar de retirar el pañal a los niños, pues se puede hacer en cualquier momento del año, pero como es en verano cuando llevan menos ropa, cuando pueden ir incluso desnudos por casa y es cuando al tener vacaciones, más tiempo estamos con ellos, suele ser un buen momento para llevar a cabo dicha operación.
He titulado la entrada “operación pañal v.2” porque este verano, en mi casa, hemos llevado a cabo la operación por segunda vez ya que el año pasado, teniendo Jon 2 años y medio, lo intentamos pero comprendimos que no estaba preparado aún.
Cómo supimos que no estaba preparado
Simple. Él no hacía mención alguna a tener ganas de hacer pipi o caca. Ni siquiera cuando ya lo había hecho avisaba de ello.
Sí retenía la orina sin problemas (desde hace más de un año no moja el pañal por las noches), pero no salía de él ir al orinal. Se hacía caca continuamente en los calzoncillos y cuando le ofrecías la posibilidad de hacerlo en el orinal parecía disimular.
De hecho os podría decir que en Junio, si hacía caca instantes antes de ir a dormir y le decías "venga Jon, que nos vamos a la cama", se subía a la cama tan campante para dormir con toda la plasta en el pañal...
En fin, todo eso es lo que conseguimos después de casi un mes, así que concluimos que no era el momento y se hizo patente la máxima que me dijo una vez una pediatra: El control de esfínteres no se aprende.
¿No se aprende?
Una vez leí en una tabla de recomendaciones para quitar el pañal que enseñar a controlar los esfínteres podía ser, en algunos casos, cuestión de varios meses.
Claro – pensé –, y si empiezas a los 8 meses puede ser cuestión de años.
El control de esfínteres es una cuestión de maduración como lo es el andar o el hablar y de igual manera que no hay posibilidad de enseñar a andar o de enseñar a hablar (en base a un entrenamiento, me refiero) no se puede enseñar a controlar los esfínteres.
Y si no se aprende ¿por qué hemos llevado a cabo la operación pañal v.2?
Buena pregunta. Pues porque en septiembre empieza el colegio y, mostrando una increíble falta de adaptabilidad con los niños y una gran falta de respeto hacia sus ritmos de aprendizaje, en el colegio los niños no pueden llevar pañal.
No es que en la escuela se considere que deban haber aprendido ya a controlar los esfínteres, sino que una o dos profesionales tienen que hacerse cargo de más de veinte niños y la manera más simple de tratarlos es igualando sus rutinas para que todos hagan lo mismo en el mismo momento y para que sean lo más autosuficientes posible.
Por suerte ya he oído hablar de alguna escuela o profesora que sí respetan el proceso madurativo y no ponen ningún impedimento a que los niños vayan con pañal al colegio.
En otras (yo diría que la nuestra es una de ellas), recomiendan que el niño lleve una muda siempre encima porque “ya sabéis que aunque controlan muy bien (creo a la directora sólo le faltó guiñar el ojo) se les suele escapar porque el colegio es una novedad importante”.
Supongo que no hace falta que diga que si mi hijo no fuera este año al colegio la operación pañal v.2 no lo habríamos llevado a cabo.
¿Cuándo controlan, madurativamente hablando, los esfínteres?
A lo largo de mi andanza como papá y como enfermero me he encontrado con casos de niños a los que se les ha quitado el pañal con 16 meses (desconozco si con éxito o no) y con niños a los que se les ha quitado a los 4 años (los menos, por el tema colegio).
Parece ser que la edad preestablecida para ello es a partir de los dos años. No es que sea una edad que nadie haya marcado como necesaria, sino que como es la edad previa a la entrada al colegio, todo el mundo la ha tomado como de obligado cumplimiento.
Podréis imaginar, por lo tanto, la de veces que nos han preguntado, con nuestro hijo de 3 años y medio: “Ah, ¿pero aún lleva pañal?”
La pregunta no me molesta en absoluto porque un “sí, todavía no controla los esfínteres” es, a mi modo de ver, suficiente. El problema es que muchos papás sienten la pregunta como un “¿aún no le habéis quitado el pañal?”, como si se tratara de un error educativo o de una muestra de dejadez paterna, cuando se trata de un proceso madurativo del niño.
Según los estudios del desarrollo psicomotor Haizea-Llevant el 50% de los niños controlan los esfínteres de día a los 30 meses (2 años y medio), el 75% a los 36 meses (3 años) y el 95% a los 42 meses (3 años y medio).
Hasta ese 95% se considera normal que no se controle y ese 5% que queda no tiene por qué ser patológico porque el ritmo de maduración de los niños es, como todos sabemos, muy variable.
En cualquier caso, como veis, hasta los 3 años y medio puede ser perfectamente normal que un niño no controle los esfínteres por el día.
Hay pediatras que incluso consideran normal el que un niño no adquiera dicho control hasta los 4-5 años.
El control de esfínteres tiene mucho de psicológico
Parece que es un aspecto básicamente físico, pero está muy relacionado con la maduración psicológica de los niños.

A medida que crecen y cumplen los 2-3 años van descubriendo que son personas diferentes a mamá o papá y que tienen la capacidad de manejar el entorno (explorando) y de interiorizar cosas de él, ya sean aprendizajes, emociones o la ingestión de comida.
Del mismo modo se empiezan a dar cuenta de que pueden exteriorizar cosas, tales como las mismas emociones, el lenguaje y de manera más física, el pipí y la caca. Así empiezan a darse cuenta de que el pañal mojado y el pañal con caca no son realmente partes de su cuerpo y empiezan a entender, poco a poco, que el pipí y la caca se separarán de él para ir a otro lado.
Al principio les asusta esa pérdida de lo que consideran “partes de su cuerpo”. Por eso se recomienda empezar con un orinal en el que puedan sentarse y tocar con los pies en el suelo (más adaptado a su tamaño, por otra parte) para que puedan levantarse, girarse y conocer lo que su cuerpo ha originado, saber dónde va a ir a parar y quedarse tranquilos al ver que a ellos no les pasa nada tras desprenderse de "una parte de sí mismos"
¿Podemos hacer algo para ayudarles?
Sí, como dije ayer viene el colegio y muchos padres vamos a intentar que el niño empiece controlando los esfínteres porque sí se les puede ayudar un poco a que lo hagan.
En Bebés y más ya se ha comentado qué se puede hacer para ayudarles a dejar el pañal así que no me extenderé demasiado, pero sí quiero dejar unas pautas que considero importantes:
• Respetar sus tiempos: Ya hemos dicho que es un proceso madurativo, así que si los que queremos iniciar el control somos los papás, porque ellos no nos lo han pedido, debemos ser muy respetuosos.
Esto significa no enfadarnos, no regañar, no impacientarnos y, si hace falta, recordarnos a nosotros mismos por qué estamos llevando a cabo tal “entrenamiento” (normalmente por presión social ya que como hemos visto es normal que un niño no controle los esfínteres hasta una edad de 3-5 años).
• Permitir su maduración psicológica: Hablando de sus hitos, de sus avances en otras áreas y permitiendo que vayan cogiendo autonomía en general.
No tiene mucho sentido tratar de enseñar a un niño a controlar por sí mismo los esfínteres si todavía lleva chupete, si no le dejamos que coma algunas cosas con la cuchara para que no se manche, si no bebe en vaso, si no dejamos que trate de vestirse o desvestirse, etc.
• Hablar del tema: Diciéndoles dónde van a parar sus excrementos, cómo lo hace papá o mamá, los animales, que conozca el nombre de cada cosa (pipí y caca), explicarle las sensaciones de estar mojado o de tener caca en el pañal, etc.
En definitiva se trata de mitigar su curiosidad y de responder a sus preguntas o poner nombre a sus sensaciones. No hace falta hacer una clase magistral del tema porque no nos atenderán y se aburrirán antes de iniciar la segunda frase.
• Dejarle elegir dónde hacerlo: Debemos poner a su disposición calzoncillos o bragas, ropa cómoda, un orinal o un váter con un escalón y un adaptador si lo prefiere y pañales.
Poner a su disposición significa informar de dónde está cada cosa y que él vaya decidiendo qué prefiere utilizar. Hay niños que controlan perfectamente los esfínteres pero cuando van a hacer caca piden un pañal porque se sienten más seguros que en el váter. Otros en cambio llevan pañal y piden el váter para hacer pipi o caca.
¿Y si realmente la cosa no va bien?
Mucha gente piensa que cuando decide quitar el pañal a un niño entra en un punto de no retorno en el que, sea como sea, tiene que acabar por controlar los esfínteres, porque volver a poner el pañal sería echar un “paso atrás”.
Lo cierto es que para dar un paso atrás antes debe haberse dado un paso adelante. Si un niño al que le hemos quitado el pañal se lo sigue haciendo encima pasado un tiempo, no avisa de que se lo va a hacer ni de que se lo ha hecho y en definitiva nos estamos dando cuenta que aún no estaba preparado no ha habido ningún progreso real. No ha habido un avance, por lo que no puede haber un retroceso.
Si nos damos cuenta de ello, le volvemos a poner el pañal y santas pascuas. Tiempo habrá de volvérselo a quitar, os lo aseguro.
Más información: Atraviesa el espejo
Fotos: Flickr (Flux=Rad), Flickr (The Wu’s Photo Land)
2 ago 2009
Cosas que no entiendo: se tiene que acostumbrar

Hace tiempo que no me veis el pelo, ¿eh? Seré que estoy de vacaciones Santillana… Andamos por zona costera. Verano, padres, madres e hijos de vacaciones y la oportunidad de disfrutar todos juntos.
Todo felicidad, sin prisas, sin deberes, sin trabajo, sin obligaciones de trabajo…
Sin embargo “en ocasiones veo muertos” y gracias a la afición de Jon de pasear playa arriba y playa abajo tengo la oportunidad de presenciar diversas escenas en las relaciones padres-hijos.
Sé que os dejo con el intríngulis, pero ya las explicaré otro día, que hoy no me apetece. Hoy me voy a centrar en un “se tiene que acostumbrar” que he oído estos días.
Os pongo en situación: niño de pocos meses, madre y agua. Bañito relajante con el niño. Jiji, jaja, mira qué bien se lo pasa y ploff! La cabeza del niño se sumerge misteriosamente dentro del agua.
Bueno, misteriosamente no, su madre se la ha metido porque claro, se tiene que acostumbrar.
Esta escena la he visto este año y la vi también el año pasado con otra madre y otro bebé.
¿Qué sentido tiene sumerger la cabeza de un bebé bajo el agua? Lo cierto es que no lo sé, pero todavía lo entiendo menos cuando la razón es “que se tiene que acostumbrar”.
¿Quizá va a ser nadador profesional? ¿Escafandrista? ¿Le van a tomar el pelo todos sus amigos haciéndole ahogadillas?
Y aunque así fuere, ¿tiene que acostumbrarse cuando tiene meses de edad?
No sé, cada cuál que haga lo que quiera, claro, pero es que no puedo entender la actuación ni el objetivo...
Sobre este mismo tema recuerdo un comentario de Carlos González en una de sus charlas:
"Un amigo mío trabajaba en la Warner disfrazado de Piolín. Un día me contó que estando trabajando avistó a una niña pequeña con su familia y se decidió a darle una agradable sorpresa (¡qué mejor momento que ver a Piolín ante ti!). El caso es que el intento fue un fracaso y la niña se echó a llorar asustadísima.
Pedí perdón como pude detrás de ese gran disfraz y me giré para alejarme de ellos cuando una mano tiró de mi hombro con decisión.
Era la madre de la niña llorosa que no me dejó marchar: "¡No! Se tiene que acostumbrar".
¿Se tiene que acostumbrar? ¿Se tiene que acostumbrar a ver a un pollo amarillo de casi dos metros de alto?"
Las carcajadas en la charla fueron multitudinarias. Los padres (y madres) son capaces de hacer tonterías impresionantes para que sus hijos se acostumbren a vete a saber qué...
Y la verdad, no lo entiendo.
24 jun 2009
A mí también me pegaron (y no me ha pasado nada)
Antonio: Umm, pero ¿qué ha hecho?
Daniel: Pues nada, venga a tocarlo todo, yo diciéndole que lo dejara y mira, hasta que no le he pegado no lo ha entendido.
Antonio: Bueno, yo creo que ni cuando le has pegado lo ha entendido.
Daniel: ¿Qué dices? Pues claro que lo ha entendido. ¡Ha dejado de hacerlo!
Antonio: Claro que lo ha dejado, pero no porque lo haya entendido, sino porque le has pegado... Lo que ha entendido es que si hace algunas cosas que no te gustan, le pegarás. Eso no es entender que algo se puede o no se puede hacer, eso es entender que papá puede hacerle daño en algunas ocasiones y así aprenden incluso a temerte.
Daniel: Anda hombre! Si sólo le he dado en el culo... ¡ni que le hubiera dado una paliza!
Antonio: Bueno, le has hecho parar, así que algo habrá notado... a veces el problema es que acaban aprendiendo a hacer lo que quieren hacer cuando no estás delante. Incluso mienten si les preguntas para evitar el cachete... En definitiva, que aprenden a huir del cachete, pero no a comportarse bien.
Daniel: Tú no tienes hijos ¿no?
Antonio: Sí, tengo uno de dos años... creo que es como el tuyo.
Daniel: Sí, el mío tiene dos años, pero ya te digo, que si no lo hago así, no entiende nada.
Mira, más vale un cachete a tiempo, que no que luego se te suban a las barbas.
Además, a mí también me pegaron y ya ves, aquí estoy. No tengo ningún trauma.
Antonio: Hombre, tanto como decir que no te afectó... Por lo pronto te parece normal e incluso útil pegar a un niño de 2 años. A mí eso me parece suficiente como para decir que sí te influyó. Además, nadie dice que se vayan a traumatizar por pegarles... es una cuestión de autoestima y de respeto. No quieras para ellos lo que no quieras para ti. Cada vez que le pegas, te coge más miedo. Yo prefiero que mi hijo me respete porque vea que yo le respeto a él, pero no quiero que me tema, y el respeto se consigue, pero no se exige.
Seguro que sin los golpes que tus padres te dieron serías una persona diferente (mucho o poco) y con, seguramente, más autoestima y seguridad en ti mismo (mucha o poca)... ¿No crees?
Dedicado a Norm Lee y a su "Ser padres sin castigar", que se puede leer gratis aquí.
22 jun 2009
Negociando con Jon
Jon tiene ya tres años y medio y está en un periodo al que yo llamo "pre-adolescencia" porque empieza a ser complicado. Es la etapa del NO a todo.
Hacia los 2-3 años los niños se dan cuenta definitivamente que son seres diferentes y que actúan de forma diferente (y que tienen que hacerlo para serlo). Esto hace que en muchas ocasiones, para reafirmar su personalidad se pongan tercos y cabezones con los NOes. Esto no, esto no y esto no. Y si tú, mamá, me dices que no, pues entonces sí.
Esto nos lleva a tener que ceder en muchas cosas y a tener que reconducir muchas otras.
Son momentos muy difíciles porque normalmente generan espectáculo (en la calle) y mucha tensión a los padres, que no sabemos si agarrarlo y llevárnoslo a la fuerza, si mantenernos firmes en el NO o el SÍ o bien ceder para que el espectáculo acabe.
Lo siento, pero no tengo la receta mágica... aunque os voy a dar un ejemplo que nos pasó hace pocos días y explicaré cómo actuamos. Podriamos haberlo hecho mejor, peor, o diferente, pero en ese momento salió así.
Jon redescubrió este finde la piscina de mis suegros... hacía un año que no se bañaba en ella y ahora salta y juega como no había hecho nunca. Su obsesión fue tal que quería ir a la piscina a TODAS horas. El sábado fuimos tres veces y el domingo una vez por la mañana. A mediodía nos íbamos a venir para casa, cuando al salir por la puerta, en vez de ir hacia el coche empezó a tirar de nosotros para ir a la piscina.
Yo que no, él que sí, llorando y pataleando...
a) Cogerlo y para el coche a la fuerza... Nos vamos a casa Jon, ahora ya no podemos ir a la piscina.
b) De acuerdo hijo, dejamos los bártulos, nos ponemos los bañadores, nos bañamos un rato y luego nos vamos para casa, total es mediodía y sólo tenemos una hora de viaje, podemos esperar...
c) A ver que quieres, ver la piscina? Pues venga, vamos...Vamos a la piscina, la vemos, "Qué bien lo hemos pasado verdad? Pero ahora nos vamos a casa...otro día vendremos y nos bañaremos mucho. Adios piscina!"
Primero opté por la a). Miriam camino del coche, yo cargado de maletas y con mi única mano libre para dársela a él y Jon tirando de ella para que subiera a la piscina, pero claro, la a) suele acabar mal, porque el berrinche que pilla es enorme (además la gente se asoma a ver que pasa y espera a ver qué pasa y ver si actúas demostrándole quien manda con la a)).
Finalmente cogí la opción c) fuimos, la vimos y aunque quería entrar le convencí (pura manipulación) de que nos teníamos que ir y que volveríamos.
¿Y la b) es un error?
Para nada... unos días será b) y todos tan contentos, la vida es para disfrutarla, pero mira, auel día fue c)
¿Y a)? Pues cuando hace falta, porque va su seguridad o porque en ese momento tiene que ser a) pues no hay otra. Si podemos evitar a), mejor.
Es más recomendable para todos andar jugando entre la b) y la c). La b) es la que quieren ellos, la c) la que se obtiene mediante la negociación, por lo que es más tolerable la frustración de c) que la de a).
Además hay muchos tipos de c), pues también podríamos haber subido, haber metido un minutillo los pies en el agua y habernos ido, pero en ese momento, habiendo dejado el coche encendido con Miriam y Aran dentro y las maletas dentro, la c) era de las que me beneficiaban más a mí que a él.
Por cierto, ya lo he comentado, pero ¿os dais cuenta de cómo le manipule? Le dije: "Qué quieres, ¿ver la piscina? Pues venga, vamos a verla". No lo hice a conciencia. Podría haber sido sincero y decirle que ahora no podíamos bañarnos pero sí verla y preguntarle si quería verla y recibir su enfado y su frustración en vez de reconducirlo hacia la media verdad que le conté (él no la quería ver, bueno, sí, pero en el fondo él se quería bañar)... imagino que el factor tiempo me incitó a ello... y en ese momento no fui tan cerebral como lo soy ahora (ni tenía fuerzas para recibir su enfado).
Esto lo comento porque a diario se habla de lo manipuladores que pueden llegar a ser los niños y resulta que los padres manipulamos que da gusto... de hecho creo que aprenden de nosotros. Es más. Si un niño manipula, es un niño malo... si lo hace un padre, es un padre inteligente... algo falla en esta ecuación.
Mamá: Juanito, si te portas bien te compraré una chuche.
Juanito: Mamá, si me compras una chuche esta tarde me portaré bien.
Mamá: Juanito, no te daré el postre si no te acabas la carne.
Juanito: Mamá, si me das ya el postre me acabaré la carne.
Se os ocurren más manipulaciones paternas que se vuelvan en contra?
Por cierto, ¿sabíais que Superman ha vuelto? (Superman Returns):
17 jun 2009
Bienvenidos al planeta Tierra
Ex-E.T. – video powered by Metacafe
Cuatro estudiantes de la Universidad de Cine ESMA de Montpelier, en Francia, han creado este cortometraje de ciencia ficción bastante bueno.
En tan solo 9 minutos deja varios mensajes para que los recojamos y valoremos nuestra manera de vivir y nuestra manera de cuidar y tratar a los niños.
En el vídeo vemos un mundo perfecto lleno de simetría, de orden establecido, de “personas” viviendo vidas idénticas convencidas de que es lo mejor. Un “niño” (entrecomillo porque son extraterrestres) tiene la osadía de jugar y de salir de esa monotonía social, es decir, se atreve a actuar como un niño.
Por ello, por no ser como los demás, por tener unas inquietudes diferentes o por querer vivir de otra manera es tratado de anormal (entiéndase anormal como no normal o fuera de lo habitual), sometiéndole a varias pruebas cognitivas que acaban con una medicación para situarlo en el papel de sujeto pasivo y normal, en consonancia con la sociedad.
No he podido evitar comparar esta escena con los cientos de niños con problemas conductuales derivados de situaciones sociales o familiares que les desestabilizan (o niños con el carácter suficiente para seguir siendo niños a pesar de los dictados adultos) que son diagnosticados de Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) y medicados con Metilfenidato (Rubifen o Concerta), que actúan a nivel del sistema nervioso central como si realmente estuvieran enfermos.
Es algo así como una lucha para que el niño sea igual que los demás cuando él se siente diferente. Es evitar que sea único, es no dejarle experimentar desde lo que siente, es apagarle la luz.
Al final del vídeo la historia da un giro maravilloso. Todo lo que hemos visto y que hemos asociado a nuestro comportamiento en la Tierra resulta ser una especie de sub-mundo perfecto que envía a todos los sujetos distorsionantes al planeta tierra en forma de recién nacido.
Esos niños extraterrestres con necesidad de luchar por ser ellos mismos y con un fuerte carácter para defender sus convicciones son enviados a la Tierra en forma de nueva oportunidad para abrir los ojos a sus padres y a los que ya habitan en ella, para cambiar una sociedad que se derrumba (o a mí me lo parece).
Lástima que a muchos de los niños que llegan les acabamos por tratar igual que del lugar de donde vienen, perdiendo así la oportunidad de permitirles cambiar el mundo.
Fuente: Flixxy
Escrito originalmente para Bebés y más
