10 nov 2008

De peluquerías y cortes de pelo



El sábado fuimos a cortarnos el pelo Myriam y yo (y Jon venía también, claro). Hasta aquí ninguna novedad. Pedimos hora los dos a las 12 PM y claro, tuvimos que turnarnos.

La peluquera se llevó a Myriam a lavar el pelo y estuvo algo así como 15 minutos en otra salita, sin que Jon le viera. Estuvimos Jon y yo jugando con un coche, comiendo Dinosaurios (las galletas), jugando con las fotos de carnet,...

Apareció entonces Myriam con su pelo mojado y una toalla en los hombros y se sentó en una silla ante un espejo.

Aquí viene lo interesante.
- Jon, mira, mamá - le dije señalando el lugar donde estaba ella.
- ¡¡Mamá!! - dijo sorprendido señalando también.

Empezó a caminar, muy despacito, pequeños pasitos, como alejándose de mi y acercándose a ella, como esperando que papá dijera "No, Jon, espera, que no puedes ir". Sin embargo le dije: "Ve, Jon, ve con la mama". Myriam, a la vez le decía: "Ven, Jon, ven".

Y Jon fue, se subió en el asiento y se acurrucó en las piernas de Myriam.
Empezaron a peinarla, a ponerle pinzas, a cortarle el pelo y Jon seguía ahí, muy quieto, mirando a su mamá, mirando a la peluquera, al espejo, volvía a acurrucarse, a apoyar la cabeza en su pecho, la peluquera le sonreía y, la verdad, me pareció un momento precioso.

Yo lo miraba todo desde la distancia, sin influir, y no podía dejar de mirar la escena. Mucha gente habría dejado al niño con alguien para que se lo cuidara ("cuídame al niño que voy a la pelu"), que es una solución ya que nos podríamos haber cortado el pelo a la vez y habríamos acabado antes, pero de haberlo hecho me habría perdido ese momento y ¡qué leches! no teníamos ninguna prisa.

No llevaba la cámara, así que no pude inmortalizar el momento de manera gráfica, pero os aseguro que en mi mente permanecerá para siempre.

Mi niño de casi tres años, ese que tiene la casa patas arriba, ese que corre y corre, ese que es capaz de bajarse de la cama a las doce de la noche para jugar estuvo media hora acurrucado en los brazos de mamá mientras le cortaban el pelo.

Qué sabios son los niños y qué poca gente se da cuenta de ello.

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