20 jul 2010

Novedades personales



Madre mía, acabo de coger vacaciones y las novedades se suceden en mi humilde familia.

Como veis en la foto, hemos vuelto a Eurodisney, esta vez con Aran fuera de la barriga (la otra vez llevaba siete meses dentro).

Ha vuelto a ser genial y de nuevo han vuelto a avisarme de que uno de ellos no se enteraría de nada. La primera vez, teniendo Jon 3 años, nos avisaron de que no se enteraría de nada. Es cierto que durmió sus siestas e incluso alguna más, ya que se cansaba también más, pero alucinó con muchas cosas y, la verdad, siempre hemos considerado que para él fue muy divertido.

Como además hicimos muchísimas fotos y vídeos, ha tenido una referencia visual para hacer memoria que ha ayudado a no olvidar nada e incluso a redescubrir cosas que en el viaje se perdió.

Esta vez se lo ha pasado como un enano y Aran ha pillado lo que ha podido. "El pequeño no se va a enterar" me dijeron. "No pasa nada. Volveremos", contesté.

Bueno, a lo que iba... una amiga que sigue mis andanzas lleva tiempo diciéndome que debería escribir un libro recopilando todo lo escrito. Cree tanto en mis capacidades para ello que ha creado un grupo en Facebook: "Quiero que Armando de "El mundo de Armandilio" escriba un libro!", que lleva en 3 días 93 personas apoyándolo.

A raíz de dicho grupo se han puesto en contacto conmigo de una editorial apoyando el proyecto y esto ha sido el colofón para empezar a hablar de ello como si fuera un "y por qué no?".

Así que "habemus proyecto de libro". No sé cuándo me pondré a ello, porque ahora mismo no veo el momento casi ni de ir a mear, pero bueno. Gusta saber que quizás con el tiempo pueda tener muchas de las cosas que pienso encuadernaditas y que, dentro de unos cuantos años, pueda decir a mis nietos: "Mirad, el abuelo escribió un libro cuando era joven (o no tan joven)".

Por otro lado, han contactado conmigo de Criatures.cat, un portal sobre bebés y embarazo de Catalunya, que están buscando padres y madres para grabar algunos programas para las televisiones locales y hemos accedido, Miriam y yo, a que nos graben un ratillo y nos entrevisten.

Vamos, que ni en vacaciones paramos...

14 jun 2010

¿Cuándo deben empezar a estudiar inglés los niños?



De un tiempo a esta parte la mayor parte de los padres están solicitando que sus hijos aprendan inglés desde una edad temprana en los centros escolares.

El motivo debe ser (creo yo) el ofrecer a los pequeños la oportunidad de aprender un idioma que la mayoría de adultos desconocemos y que supondría un plus a la hora de comunicarnos con otras poblaciones y de entendernos en un mundo cada vez más global.

Por todos es sabido que los niños tienen una capacidad de aprendizaje asombrosa y es por eso que se está adelantando la edad en que reciben clases de inglés. Sin embargo cabe hacernos las siguientes preguntas: ¿Es esto adecuado?, ¿Cuándo deben empezar a estudiar inglés los niños?

La Unión Europea considera que aprender idiomas a una edad temprana puede ser muy beneficioso para los niños. En un estudio presentado en el 2006 concluyeron que al aprender nuevos idiomas desarrollan su competencia lingüística, asimilan mejor todas las lenguas (incluida la materna) y conocen otras culturas y modos de pensar que pueden ayudar en su desarrollo general.

El conocimiento de otros idiomas, y en particular del inglés, permite a las personas comunicarse con otras gentes y obtener información que hasta ahora ha estado “vetada” para los españoles, simplemente, porque desconocemos la lengua.

Un niño puede aprender sin problemas una segunda (o tercera) lengua desde pequeñito y, aunque suelen tener más problemas para iniciar el habla, pronto diversifican las palabras según la lengua que estén hablando.

Ahora bien, un niño puede aprender inglés de forma natural si tiene esa lengua como un idioma familiar (que lo hable el padre o la madre), si vive en un país donde hablen el idioma durante un par de años o más, si es cuidado por una canguro que habla inglés durante varias horas al día o si asiste a un colegio en que se impartan gran cantidad de materias (por no decir la mayoría) en esta lengua.

En cambio, un niño progresa muy despacio con el modelo de enseñanza actual en que los niños reciben una o dos clases de inglés por semana.

La misma UE, en el estudio que comento, afirma que “la evidencia sugiere que para el aprendizaje temprano, para que sea adecuado, no puede dejarse solamente en manos de los profesores y las escuelas”.

Os cuento una vivencia personal: En una visita a un colegio hace un año cuando buscábamos cole para Jon nos explicaron que los niños iniciaban las clases de inglés a los 4 años. Una madre se quejó al director de la escuela de que no empezaran a los 3 años, pues su hija iba a perder la continuidad de las clases de inglés que había iniciado en la guardería. A mí se me quedó cara de pajarito, claro.

El director respondió que la realidad es que este año empezaban inglés a esa edad por petición de los padres (antes empezaban en primaria), pero no porque aprendieran realmente demasiado.

En un estudio publicado hace dos años y realizado por la Universitat de Barcelona valoraron el nivel de inglés alcanzado en niños que habían iniciado las clases a los ocho años y en niños que habían empezado a los once años. El resultado fue que los de once años tenían un mayor nivel tanto en escritura como en conversación.

La directora del estudio concluyó que “en condiciones de inmersión los niños pequeños son como las esponjas, que absorben la lengua a su alrededor. Pero en condiciones de aprendizaje escolar su contacto con la lengua es tan reducido que no pueden absorberla”.

Resumiendo: aprender inglés es beneficioso para el léxico general de los niños, ayuda al conocimiento de otras culturas y permite entender la información que nos llega desde la mayor parte de rincones del mundo y, cuanto antes se empiece, mejor. Sin embargo para aprenderlo se necesita vivir con el inglés, como si fuera un idioma más con el que comunicarse.

Las clases semanales que tanto están solicitando los padres y que tanto publicitan algunas escuelas no son el método adecuado para aprender inglés.

Personalmente no veo ningún problema en que los niños pequeños hagan inglés si estas clases son divertidas y las hacen jugando, pero si no son así casi preferiría (yo, personalmente) que aprovecharan sus altas capacidades de aprendizaje para jugar (y aprender jugando).

Más información: Europa.eu, David Kornegay, Universitat de Barcelona

Ay que te comoooo



Aran, el de la izquierda, cuenta ahora con casi 17 meses... aún estoy yo esperando a que me de un beso y míralo, ahí está con su primo de poco más de un mes, demostrándole auténtico amor. Ay, Aran, que te comooooo un día de estos.

16 abr 2010

Estoy viviendo una regresión



Seguro que a muchos de vosotros/as os suena qué es una regresión.

Se trata de una palabra muy utilizada cuando se habla de los niños, que viene a definir la situación que se da cuando un niño empieza a hacer cosas que hacía tiempo que ya no hacía.

El ejemplo más claro es cuando un niño que ya controla los esfínteres, empieza a orinarse de nuevo encima o, cuando ya ha superado la época de las rabietas, las inicia de nuevo.

El motivo es variado. A veces es el nacimiento de un hermano, el inicio del cole, mamá que empieza a trabajar, un destete dirigido, etc. En definitiva, el motivo de que un niño haga una regresión suele ser un cambio más o menos importante en la vida y lo hacen porque con ello tratan de volver a un momento anterior en el que todo estaba como ellos querían, tranquilos, seguros, con la atención completa de mamá.

Bien, pues yo estoy viviendo mi propia regresión, aunque a nivel adulto y sin la importancia de las que he comentado con los bebés: me he comprado los Casio de hace 20 años!!!

Casio ha vuelto a fabricar los modelos que llevábamos en los 80-90 y no he querido pasar la oportunidad de hacerme con tres de ellos. Uno es el que encabeza la entrada, plateado, modelo Illuminator (que tiene luz toda la pantalla y la bombillita que daba luz desde el lateral izquierdo en los modelos anteriores), el típico negro que veis abajo y uno de los relojes calculadora.

Me he vuelto retro o estaré viviendo una regresión... lo cierto es que los llevo en la muñeca y me siento nostálgico.

Fijáos hasta donde llega mi regresión, que estoy a punto de comprar un Nokia 8210...

Por suerte la regresión es barata. Los relojes que comento no pasan de los 30 euros, y el Nokia, tampoco.



15 abr 2010

En ocasiones las mujeres me dan miedo...



Francia, abren una nueva tienda H&M en Toulouse y para celebrarlo venden una edición limitada de una famosa diseñadora de ropa.

Cientos de mujeres se agolpan en la entrada esperando a que abran, el resto, no hay más que verlo en el vídeo.

En ocasiones, veo muertos. Bueno, no veo muertos, pero las mujeres me dan miedo. Al final del vídeo creo que hay dos que hacen la prueba de las aglomeraciones, es decir, levantar las piernas y darse cuenta de que no se caen.

Fuente: Yonkis

14 abr 2010

Nadie dijo que tener un hijo fuera fácil


Ya he dicho en más de una ocasión que la llegada de un hijo cambia la vida de los padres, seguro.

En mi caso personal (y como en la mayoría diría yo) el cambio fue para bien, pero el proceso fue duro, muy duro y sinceramente no esperábamos que fuera así, sin embargo nadie nos dijo que tener un hijo fuera fácil.

Vivimos en una sociedad en la que todo se exige para ayer, en la que todo aquello que suponga un esfuerzo excesivo o una recompensa demasiado pequeña tiende a ser rechazado.

Estamos en un momento en que necesitamos trabajar mucho para pagar los bienes materiales que nos facilitan la vida, esa que no podemos disfrutar porque estamos trabajando.

En este proceso o círculo vicioso hemos cambiado la caminata hasta el trabajo por el coche, los libros por las películas, el café de cafetera por uno encapsulado, los pañales lavables por pañales de usar y tirar, la esponja por toallitas, el cocido por los congelados, el Fairy por el lavaplatos…

Y en estas te plantas en el Prenatal (o similar) y les dices con una sonrisa de oreja a oreja que vas a ser padre, así, lleno de orgullo, y que vienes a comprar lo necesario y lo mejor para tu hijo.

La lista es interminable: El colchón de tres ruedas, la cuna calienta pañales, el body para calmar los cólicos, el receptor emisor para la otra habitación con capota desplegable, la mochila con aroma que induce al sueño, la esponja con cierre de seguridad,…

Y un buen día llega tu bebé y te das cuenta, poco a poco, de que has hecho el “panoli” (no os sintáis ofendidos, hablo en primera persona).

Nace en el siglo XXI un bebé que no sabe si está en el maravilloso y moderno mundo en el que vivimos o bien en la época del Paleolítico. Bueno, no me voy a ir tan lejos… no sabe si ha nacido en España o en el desierto de África.

Y tú, mi querido padre novel, acostumbrado a hacer tu vida, a vivirla con placer, a dar y recibir en igual medida (o a recibir más de lo que das), te ves de repente en la situación de tener que dar, dar, y dar y en el momento, sin posibilidad de espera.

Te das cuenta de que los mil inventos son más bien poco útiles, que el colchón de la cunita le “quema” y que acaba siempre en vuestros brazos (invento barato de resultado infalible).

Y resulta que se despierta cuando tú empiezas a coger el sueño, se duerme cuando te has desvelado y se vuelve a despertar en el momento en que sueltas el primer ronquido.

Entonces todo el mundo se ve obligado a ayudarte y te dan mil y un consejos contradictorios y tu mujer te pide que ayudes más en casa, porque el bebé está todo el día al pecho y en brazos porque en la cuna no aguanta ni veinte minutos y tú, que esperabas seguir viviendo, más o menos como antes, con ligeros cambios, ves que de ligeros tienen poco.

Te dicen que si mama tanto es que ella no tiene leche, o que su leche no es buena. El pediatra dice que no, que es normal que mame tanto porque es un recién nacido, pero la enfermera dice que si se queda con hambre que tome leche artificial.

Y llora, y todos los días a la misma hora y lo bañáis antes de dormir porque se supone que se va a relajar, pero en cambio parece que el tuyo es diferente, que se pone como una “moto”, y lo vestís y llora, y os dais cuenta de que estando todo el día en brazos llora menos, pero viene la suegra (la que sea) y dice que lo cogéis demasiado en brazos y que lo vais a malacostumbrar.

Te das cuenta de que no es tan fácil. Tú esperabas a una personita en pequeñito, que entendiera tu inexperiencia y te otorgara un tiempo prudencial para ir aprendiendo poco a poco de él (y viceversa) y te das cuenta a golpes de martillo que tu bebé es, ni más ni menos, un animal mamífero.

Eso significa que necesita la seguridad del contacto, del calor y del mecimiento. El alimento de manera casi continua, el olor de su madre, los cuidados y la disponibilidad constante.

Y ves que tú vida ha girado 180º, que no puedes hacer nada de lo que hacías antes, ni tú ni ella. Y ahí es donde debes decidir, o me tomo un paréntesis como persona y me dedico a mi bebé, a mi mujer y a mi casa, o querré abarcar tanto que al final no haré ni una cosa ni otra.

Lo siento, alguien tenía que decirlo. No es fácil. Tener un bebé es una gran responsabilidad. Es un ser dependiente en su totalidad y os necesita más que a nada.

Necesita que sepáis renunciar a muchas cosas durante un tiempo y que aprendáis a hacer de tripas corazón y de ojeras esperanza porque es una etapa, un tiempo, hasta que los pequeños mamíferos crecen y se van desprendiendo poco a poco hasta convertirse en las pequeñas personas que esperabais.

PS: Os recomiendo que os paséis, cuando podáis, por la “Tienda de las paciencias” y os compréis dos o tres de repuesto. Suelen hacer falta.

Foto: Flickr - Pedro Klien

Publicado originalmente en Bebés y más.

13 abr 2010

El eructo del bebé



Uno de los primeros consejos que recibimos cuando tenemos a un recién nacido es el de ponerlo a hacer un eructo nada más acabar la toma.

Algunos lo hacen enseguida, otros tardan un poco más y otros nunca llegan a hacerlo.

El sentido común (cada día tenemos menos de esto) dice que si un bebé no eructa es porque no tiene nada que eructar, sin embargo hay madres preocupadas por este motivo que acaban mostrando su inquietud: “me cuesta mucho, mucho que haga el eructo”.

Y aquí llega la duda: ¿Es necesario que eructen después de las tomas?

Pues depende de si el niño ha tragado aire o no. El aire hace que el estómago esté más distendido. Esto activa el reflejo de apertura del esfínter esofágico inferior, el que comunica el esófago con el estómago, para que el aire salga.

Tener calor, frío, estar mojados o manchados, sentirse solos, tener demasiada hambre,... en definitiva, llorar por el motivo que sea hace que lleguen a tragar aire (hace años, cuando los rayos X no eran considerados peligrosos a alguien se le ocurrió radiografiar a los bebés durante el llanto y se dio cuenta que los bebés tienen poco gas cuando empiezan a llorar pero mucho gas cuando llevan un rato llorando).

Si además realizan las tomas después del llanto y llegan con demasiado hambre comen con avidez y tienden a tragar todavía aire.

Quitando estas situaciones, en condiciones normales, los bebés sellan perfectamente su boca con el pecho. Esto hace que sea imposible ingerir aire y que ponerlo para que eructe sea infructuoso (y molesto si el pobrecito está medio dormido).

En caso de que tome biberón la situación cambia. El biberón, al contrario que el pecho, contiene leche y aire (el pecho solo tiene leche) y a menudo, si el biberón no tiene la inclinación correcta o en el momento en que se lo acaba la tetina se llena de aire, el bebé acaba tragando ambas cosas, aire y leche.

La mejor manera de que el aire salga es teniendo al bebé en posición vertical. El aire mezclado con el líquido sube hacia arriba (es una simple ley física). En culturas donde los bebés van sujetos al cuerpo en posición vertical ellos mismos hacen el eructo sin necesidad de ninguna maniobra especial.

Si el bebé, tras mamar (o tras la toma), se queda dormido plácidamente, lo más probable es que no tenga aire que expulsar, por lo que no haremos nada especial. Ponerlo de manera vertical solo haría que se despertara y se pusiera a llorar (y se llenara de aire que entonces sí tendría que expulsar).

Si en cambio se muestra intranquilo e inquieto es posible que tenga que hacer el eructo, tras el cual, la mayoría de las veces, se rinden al sueño reparador que tanto ansían.

¡Felices eructos!



Publicado originalmente en Bebés y más.

4 mar 2010

Inauguramos nuestro super huerto



Bueno, llamar super huerto a lo que hemos hecho es pasarse un poco... incluso llamarlo huerto es pasarse. La realidad es que hemos hecho realidad uno de los sueños que teníamos hace tiempo, plantar algo.

"Pues sí que os conformáis con poco", pensaréis. Pues sí, es que somos así de simples. Desde hace un tiempo quería plantar cositas que luego pudiéramos comer y como tenemos un poco de espacio en la terraza hemos puesto una jardinera con tierra y hemos plantado nuestras primeras plantas: dos plantas de fresas.

Me hace especial ilusión porque además de ser uno de los peores cocineros del mundo (soy tan malo que trato de no entrar en la cocina) soy uno de los peores jardineros del mundo. Vamos que le dije al hombre: "Usted dirá qué necesito..." y el hombre, "pues tierra, plantas, una jardinera y algo con que echar agua" (yo creo que le caía la gota por detrás y pensaba menudos pardillacos...

Así que para no quedar muy mal decíamos "¿y qué podríamos plantar? Es para los niños, que vean un poco cómo crecen los alimentos", y el hombre nos dijo seguro y conciso: "Fresas".

Normal, fresas, una planta silvestre que yo creo que no se muere ni a patadas. Sin embargo la idea de las fresas (que Miriam ya llevaba en mente) era fabulosa. Los niños saben qué son las fresas, les gustan (bueno, Aran todavía no las come) y, como digo, resisten mucho.

Así que, al día siguiente, nos pusimos manos a la obra. Os dejo algunas fotos:

Aplanando un poco la tierra...



Regando las plantas tras plantarlas:



Y ya que estábamos, plantando lentejas y cosas por el estilo:



Lo mejor, la cara de Aran. Felicidad absoluta abriendo y cerrando ventanas:



Finalmente, el experto dando los últimos retoques:

Contento



Hace unos meses os dije que estaba triste, porque tras una etapa en pediatría volvía a ver adultos...

Pues bien, puedo decir ahora que estoy contento, o al menos semicontento, puesto que desde hace una semana estoy en pediatría y en adulto todos los días.

De manera temporal han partido mi jornada en un rato visitando niños y un rato con mis abuelillos y poco a poco irá aumentando el tiempo de pediatría (a medida que haya más niños con el pediatra con el que estoy). Así que una gran noticia que celebro con todos vosotros.

Mi flor en el culo sigue intacta.

Foto: Flickr - bionicteaching

27 ene 2010

Las más bonitas canciones infantiles para nuestros hijos (I)



Un día me dediqué a hacer una recopilación de canciones compuestas para los bebés y los niños para Bebés y más. Hoy la he estado repasando y aquí os las dejo para que las disfrutéis.

Over the rainbow. Esta canción es de finales de los años 30 y formó parte de la banda sonora de la película El mago de Oz. Cuenta con muchísimas versiones, tantas que es difícil elegir una. Por este motivo me quedo con dos.



Over The Rainbow, de Connie Talbot, una niña que cautivó al Reino Unido con su voz en el programa Britain’s got talent.



Over The Rainbow, de Israel Kamakawiwo Ole, a ritmo de ukelele. Seguro que la tenéis oída por ser una versión bastante actual.

Bendita tu luz – Maná.



Bendita tu luz, de Maná. Esta es una de las canciones míticas a la hora de montar vídeos de bebés… La he oído en varios de ellos y yo mismo la he utilizado.


Respiras y yo – Kesia.



Respiras y yo, de Kesia. Otra canción conocidísima para muchos padres actuales. Narra la “aventura” de nacer.

Peinas el aire – La Caja de Pandora.



Peinas el aire, de La Caja de Pandora, una emotiva canción para un bebé (sé de una que llora al oírla).

My baby you – Marc Anthony.



My baby you, de Marc Anthony es una muy bonita canción dedicada a su hija Arianna. Lo cierto es que siempre me ha gustado la voz de este cantante.

Your song – Elton John.



Your song, de Elton John, es todo un temazo. Muchos la conoceréis por la película de Moulin Rouge, con Ewan McGregor cantándosela a Nicole Kidman.

Carlota – Melendi.



Carlota, de Melendi, dedicada a su pequeña.

What a wonderful world – Louis Armstrong. Esta canción me pone los pelos de punta así que merece estar aquí sin ninguna duda. Como con Over the Rainbow, tiene varias versiones, dejo la original, cantada por el autor y una versión preciosa de Israel Kamakawiwo Ole, de nuevo a ritmo de ukelele.



What a wonderful world, de Louis Armstrong



What a wonderful world, de Israel Kamakawiwo Ole. Ya os había dicho que es preciosa.

Lullaby – Johannes Brahms. Si un día te pidieran que tararearas una nana, seguro que sería ésta. Creo que todos hemos dormido alguna vez escuchándola. Os dejo una versión instrumental y otra cantada por Celine Dion, muy bonita.



Lullaby, de Johannes Brahms



Lullaby de Johannes Brahms, por Celine Dion

Esos locos bajitos – Joan Manel Serrat.



Esos locos bajitos, de Joan Manel Serrat es ya un clásico y a pesar de ser de hace tiempo, dice unas cuantas verdades útiles aún hoy en día (aunque lo de “domesticarles” me suena un poco mal).

Vos sabes – Los Fabulosos Cadillac.



Vos sabes, de Los Fabulosos Cadillac es otra de las canciones más utilizadas a la hora de hacer vídeos de bebés (o al menos yo la he oído mucho en YouTube).

Tan poquita cosa – Pasión Vega.



Tan poquita cosa, de Pasión Vega es una preciosa canción de una cantante con una voz muy personal. Ella no tiene hijos todavía, pero si afirma que imagina que tiene que ser tan maravilloso como cuenta en la canción.

Espero que os gusten y os emplazo a una nueva entrada con más canciones de aquí a unos días. Si conocéis otras de este estilo que creáis que merecen formar parte de esta recopilación, no dudéis en decirlo, es probable que en mi labor de “investigación” me haya dejado alguna.

Escrito originalmente en Bebés y más.

Foto: La mano de Jon y la mía, hace 3 años.

7 ene 2010

Prison Break - 3a temporada



Los que me conocen bien saben que soy aficionado a las series desde hace cosa de 7 u 8 años.

Un buen día llegó a mis manos el primer capítulo de Alias y quedé pasmado de la calidad que desprendía por todas partes. Ignoraba que una serie pudiera tener semejante guión, producción y fuerza como para engancharme capítulo tras capítulo.

Este fue el primer paso para conocer otras series que aparecerían después como Perdidos, 24, Invasión, Surface, Prison Break, Los 4400, etc., a las que me enganché sin remedio.

Con la llegada de Jon y Aran el tiempo para ver nada se esfumó. Ahora tampoco es que lo tenga, pero araño minutos a la noche para ver algún capítulo y hace unos días acabé la 3a temporada de Prison Break (hará dos años que vi la segunda).

No esperaba demasiado, puesto que la segunda, pese a ser buena, quedaba un poco lejos del nivel de la primera temporada, sin embargo me ha sorprendido y gustado mucho y he visto de nuevo cosas con las que he disfrutado mucho, supongo que porque el prota Scoffield vuelve a estar entre rejas.

En fin, que si no conocéis esta serie, os la recomiendo y si no habéis visto la tercera temporada, pues también os la recomiendo.

El problema de ver series con trama lineal (que cada capítulo sigue al anterior), es que acabas viendo una película de 10 o 20 horas y luego, cuando te sientas a ver una película de dos horas sientes hasta aversión de lo poco que se explica. En serio, hace tiempo que no veo una película que me divierta y entretenga como las series (excepto "Up", que es una pequeña obra maestra).

31 dic 2009

Feliz Año Nuevo

Y perdón por la desaparición...
Me he centrado estos dos últimos meses en Bebés y más y no he aparecido por aquí. Mis disculpas (aunque ya sabeís que allí podéis seguir leyéndome).

Pues nada, que se acaba el año, que seguramente, esta vez sí, se acaba el mundo. Me lo dijo un niño de 7 años hace unos días: "han dicho que el 31 por la noche se acaba el mundo" y esta vez casi me lo creo...

Porque quién sabe, quizás un día se acabe de verdad. No en plan explosión, ni en plan deshielo. Ni siquiera el sol desaparecerá ni un meteorito nos extinguirá.

El mundo se acaba porque cada día más gente muere. Y no hablo del morir-fallecer, de ese que en polvo te conviertes. Hablo del morir-no vivir, ese en que vives casi sin quererlo. Ese en que cagas de pie porque no te da tiempo a sentarte, en que tienes hijos a los que no conoces, en que vives para trabajar sin disfrutar de lo que haces, ese en que llegas a tener 30, 40, 50 y 60 años, te das cuenta que la vida pasa cada vez más rápido y que te has perdido muchas cosas en el camino.

Si hay una cosa que temo, casi más que la muerte (la que te vas y no vuelves) es llegar a viejo, echar la vista atrás y tener la sensación de que no has vivido. Lo temo, porque no quiero llegar a los 80 años pidiendo una segunda oportunidad. Una nueva vida para vivirla de otro modo.

Llega el 2010 y hay que tratar de evitar esto mismo. Este año cumpliré 31 años. La carrera hacia los 40 ha comenzado. No me importa, no me molesta cumplir años mientras siga pensando "eso que me he llevado". No pasa nada porque tengo tres soles esperándome cada día en casa y tanta luz me recarga hasta que reboso felicidad por los poros.

La sonrisa de Aran enseñándome sus dos dientes no tiene precio. Los ojos de Jon diciéndome "Se ha roto ¿y cómo hacemos ahora?" es impagable. Un beso de Miriam diciéndome cuánto me quiere vale millones.

¿Qué más quiero?

Feliz Año Nuevo a todos y todas.