14 abr 2010

Nadie dijo que tener un hijo fuera fácil


Ya he dicho en más de una ocasión que la llegada de un hijo cambia la vida de los padres, seguro.

En mi caso personal (y como en la mayoría diría yo) el cambio fue para bien, pero el proceso fue duro, muy duro y sinceramente no esperábamos que fuera así, sin embargo nadie nos dijo que tener un hijo fuera fácil.

Vivimos en una sociedad en la que todo se exige para ayer, en la que todo aquello que suponga un esfuerzo excesivo o una recompensa demasiado pequeña tiende a ser rechazado.

Estamos en un momento en que necesitamos trabajar mucho para pagar los bienes materiales que nos facilitan la vida, esa que no podemos disfrutar porque estamos trabajando.

En este proceso o círculo vicioso hemos cambiado la caminata hasta el trabajo por el coche, los libros por las películas, el café de cafetera por uno encapsulado, los pañales lavables por pañales de usar y tirar, la esponja por toallitas, el cocido por los congelados, el Fairy por el lavaplatos…

Y en estas te plantas en el Prenatal (o similar) y les dices con una sonrisa de oreja a oreja que vas a ser padre, así, lleno de orgullo, y que vienes a comprar lo necesario y lo mejor para tu hijo.

La lista es interminable: El colchón de tres ruedas, la cuna calienta pañales, el body para calmar los cólicos, el receptor emisor para la otra habitación con capota desplegable, la mochila con aroma que induce al sueño, la esponja con cierre de seguridad,…

Y un buen día llega tu bebé y te das cuenta, poco a poco, de que has hecho el “panoli” (no os sintáis ofendidos, hablo en primera persona).

Nace en el siglo XXI un bebé que no sabe si está en el maravilloso y moderno mundo en el que vivimos o bien en la época del Paleolítico. Bueno, no me voy a ir tan lejos… no sabe si ha nacido en España o en el desierto de África.

Y tú, mi querido padre novel, acostumbrado a hacer tu vida, a vivirla con placer, a dar y recibir en igual medida (o a recibir más de lo que das), te ves de repente en la situación de tener que dar, dar, y dar y en el momento, sin posibilidad de espera.

Te das cuenta de que los mil inventos son más bien poco útiles, que el colchón de la cunita le “quema” y que acaba siempre en vuestros brazos (invento barato de resultado infalible).

Y resulta que se despierta cuando tú empiezas a coger el sueño, se duerme cuando te has desvelado y se vuelve a despertar en el momento en que sueltas el primer ronquido.

Entonces todo el mundo se ve obligado a ayudarte y te dan mil y un consejos contradictorios y tu mujer te pide que ayudes más en casa, porque el bebé está todo el día al pecho y en brazos porque en la cuna no aguanta ni veinte minutos y tú, que esperabas seguir viviendo, más o menos como antes, con ligeros cambios, ves que de ligeros tienen poco.

Te dicen que si mama tanto es que ella no tiene leche, o que su leche no es buena. El pediatra dice que no, que es normal que mame tanto porque es un recién nacido, pero la enfermera dice que si se queda con hambre que tome leche artificial.

Y llora, y todos los días a la misma hora y lo bañáis antes de dormir porque se supone que se va a relajar, pero en cambio parece que el tuyo es diferente, que se pone como una “moto”, y lo vestís y llora, y os dais cuenta de que estando todo el día en brazos llora menos, pero viene la suegra (la que sea) y dice que lo cogéis demasiado en brazos y que lo vais a malacostumbrar.

Te das cuenta de que no es tan fácil. Tú esperabas a una personita en pequeñito, que entendiera tu inexperiencia y te otorgara un tiempo prudencial para ir aprendiendo poco a poco de él (y viceversa) y te das cuenta a golpes de martillo que tu bebé es, ni más ni menos, un animal mamífero.

Eso significa que necesita la seguridad del contacto, del calor y del mecimiento. El alimento de manera casi continua, el olor de su madre, los cuidados y la disponibilidad constante.

Y ves que tú vida ha girado 180º, que no puedes hacer nada de lo que hacías antes, ni tú ni ella. Y ahí es donde debes decidir, o me tomo un paréntesis como persona y me dedico a mi bebé, a mi mujer y a mi casa, o querré abarcar tanto que al final no haré ni una cosa ni otra.

Lo siento, alguien tenía que decirlo. No es fácil. Tener un bebé es una gran responsabilidad. Es un ser dependiente en su totalidad y os necesita más que a nada.

Necesita que sepáis renunciar a muchas cosas durante un tiempo y que aprendáis a hacer de tripas corazón y de ojeras esperanza porque es una etapa, un tiempo, hasta que los pequeños mamíferos crecen y se van desprendiendo poco a poco hasta convertirse en las pequeñas personas que esperabais.

PS: Os recomiendo que os paséis, cuando podáis, por la “Tienda de las paciencias” y os compréis dos o tres de repuesto. Suelen hacer falta.

Foto: Flickr - Pedro Klien

Publicado originalmente en Bebés y más.

13 abr 2010

El eructo del bebé



Uno de los primeros consejos que recibimos cuando tenemos a un recién nacido es el de ponerlo a hacer un eructo nada más acabar la toma.

Algunos lo hacen enseguida, otros tardan un poco más y otros nunca llegan a hacerlo.

El sentido común (cada día tenemos menos de esto) dice que si un bebé no eructa es porque no tiene nada que eructar, sin embargo hay madres preocupadas por este motivo que acaban mostrando su inquietud: “me cuesta mucho, mucho que haga el eructo”.

Y aquí llega la duda: ¿Es necesario que eructen después de las tomas?

Pues depende de si el niño ha tragado aire o no. El aire hace que el estómago esté más distendido. Esto activa el reflejo de apertura del esfínter esofágico inferior, el que comunica el esófago con el estómago, para que el aire salga.

Tener calor, frío, estar mojados o manchados, sentirse solos, tener demasiada hambre,... en definitiva, llorar por el motivo que sea hace que lleguen a tragar aire (hace años, cuando los rayos X no eran considerados peligrosos a alguien se le ocurrió radiografiar a los bebés durante el llanto y se dio cuenta que los bebés tienen poco gas cuando empiezan a llorar pero mucho gas cuando llevan un rato llorando).

Si además realizan las tomas después del llanto y llegan con demasiado hambre comen con avidez y tienden a tragar todavía aire.

Quitando estas situaciones, en condiciones normales, los bebés sellan perfectamente su boca con el pecho. Esto hace que sea imposible ingerir aire y que ponerlo para que eructe sea infructuoso (y molesto si el pobrecito está medio dormido).

En caso de que tome biberón la situación cambia. El biberón, al contrario que el pecho, contiene leche y aire (el pecho solo tiene leche) y a menudo, si el biberón no tiene la inclinación correcta o en el momento en que se lo acaba la tetina se llena de aire, el bebé acaba tragando ambas cosas, aire y leche.

La mejor manera de que el aire salga es teniendo al bebé en posición vertical. El aire mezclado con el líquido sube hacia arriba (es una simple ley física). En culturas donde los bebés van sujetos al cuerpo en posición vertical ellos mismos hacen el eructo sin necesidad de ninguna maniobra especial.

Si el bebé, tras mamar (o tras la toma), se queda dormido plácidamente, lo más probable es que no tenga aire que expulsar, por lo que no haremos nada especial. Ponerlo de manera vertical solo haría que se despertara y se pusiera a llorar (y se llenara de aire que entonces sí tendría que expulsar).

Si en cambio se muestra intranquilo e inquieto es posible que tenga que hacer el eructo, tras el cual, la mayoría de las veces, se rinden al sueño reparador que tanto ansían.

¡Felices eructos!



Publicado originalmente en Bebés y más.

4 mar 2010

Inauguramos nuestro super huerto



Bueno, llamar super huerto a lo que hemos hecho es pasarse un poco... incluso llamarlo huerto es pasarse. La realidad es que hemos hecho realidad uno de los sueños que teníamos hace tiempo, plantar algo.

"Pues sí que os conformáis con poco", pensaréis. Pues sí, es que somos así de simples. Desde hace un tiempo quería plantar cositas que luego pudiéramos comer y como tenemos un poco de espacio en la terraza hemos puesto una jardinera con tierra y hemos plantado nuestras primeras plantas: dos plantas de fresas.

Me hace especial ilusión porque además de ser uno de los peores cocineros del mundo (soy tan malo que trato de no entrar en la cocina) soy uno de los peores jardineros del mundo. Vamos que le dije al hombre: "Usted dirá qué necesito..." y el hombre, "pues tierra, plantas, una jardinera y algo con que echar agua" (yo creo que le caía la gota por detrás y pensaba menudos pardillacos...

Así que para no quedar muy mal decíamos "¿y qué podríamos plantar? Es para los niños, que vean un poco cómo crecen los alimentos", y el hombre nos dijo seguro y conciso: "Fresas".

Normal, fresas, una planta silvestre que yo creo que no se muere ni a patadas. Sin embargo la idea de las fresas (que Miriam ya llevaba en mente) era fabulosa. Los niños saben qué son las fresas, les gustan (bueno, Aran todavía no las come) y, como digo, resisten mucho.

Así que, al día siguiente, nos pusimos manos a la obra. Os dejo algunas fotos:

Aplanando un poco la tierra...



Regando las plantas tras plantarlas:



Y ya que estábamos, plantando lentejas y cosas por el estilo:



Lo mejor, la cara de Aran. Felicidad absoluta abriendo y cerrando ventanas:



Finalmente, el experto dando los últimos retoques:

Contento



Hace unos meses os dije que estaba triste, porque tras una etapa en pediatría volvía a ver adultos...

Pues bien, puedo decir ahora que estoy contento, o al menos semicontento, puesto que desde hace una semana estoy en pediatría y en adulto todos los días.

De manera temporal han partido mi jornada en un rato visitando niños y un rato con mis abuelillos y poco a poco irá aumentando el tiempo de pediatría (a medida que haya más niños con el pediatra con el que estoy). Así que una gran noticia que celebro con todos vosotros.

Mi flor en el culo sigue intacta.

Foto: Flickr - bionicteaching

27 ene 2010

Las más bonitas canciones infantiles para nuestros hijos (I)



Un día me dediqué a hacer una recopilación de canciones compuestas para los bebés y los niños para Bebés y más. Hoy la he estado repasando y aquí os las dejo para que las disfrutéis.

Over the rainbow. Esta canción es de finales de los años 30 y formó parte de la banda sonora de la película El mago de Oz. Cuenta con muchísimas versiones, tantas que es difícil elegir una. Por este motivo me quedo con dos.



Over The Rainbow, de Connie Talbot, una niña que cautivó al Reino Unido con su voz en el programa Britain’s got talent.



Over The Rainbow, de Israel Kamakawiwo Ole, a ritmo de ukelele. Seguro que la tenéis oída por ser una versión bastante actual.

Bendita tu luz – Maná.



Bendita tu luz, de Maná. Esta es una de las canciones míticas a la hora de montar vídeos de bebés… La he oído en varios de ellos y yo mismo la he utilizado.


Respiras y yo – Kesia.



Respiras y yo, de Kesia. Otra canción conocidísima para muchos padres actuales. Narra la “aventura” de nacer.

Peinas el aire – La Caja de Pandora.



Peinas el aire, de La Caja de Pandora, una emotiva canción para un bebé (sé de una que llora al oírla).

My baby you – Marc Anthony.



My baby you, de Marc Anthony es una muy bonita canción dedicada a su hija Arianna. Lo cierto es que siempre me ha gustado la voz de este cantante.

Your song – Elton John.



Your song, de Elton John, es todo un temazo. Muchos la conoceréis por la película de Moulin Rouge, con Ewan McGregor cantándosela a Nicole Kidman.

Carlota – Melendi.



Carlota, de Melendi, dedicada a su pequeña.

What a wonderful world – Louis Armstrong. Esta canción me pone los pelos de punta así que merece estar aquí sin ninguna duda. Como con Over the Rainbow, tiene varias versiones, dejo la original, cantada por el autor y una versión preciosa de Israel Kamakawiwo Ole, de nuevo a ritmo de ukelele.



What a wonderful world, de Louis Armstrong



What a wonderful world, de Israel Kamakawiwo Ole. Ya os había dicho que es preciosa.

Lullaby – Johannes Brahms. Si un día te pidieran que tararearas una nana, seguro que sería ésta. Creo que todos hemos dormido alguna vez escuchándola. Os dejo una versión instrumental y otra cantada por Celine Dion, muy bonita.



Lullaby, de Johannes Brahms



Lullaby de Johannes Brahms, por Celine Dion

Esos locos bajitos – Joan Manel Serrat.



Esos locos bajitos, de Joan Manel Serrat es ya un clásico y a pesar de ser de hace tiempo, dice unas cuantas verdades útiles aún hoy en día (aunque lo de “domesticarles” me suena un poco mal).

Vos sabes – Los Fabulosos Cadillac.



Vos sabes, de Los Fabulosos Cadillac es otra de las canciones más utilizadas a la hora de hacer vídeos de bebés (o al menos yo la he oído mucho en YouTube).

Tan poquita cosa – Pasión Vega.



Tan poquita cosa, de Pasión Vega es una preciosa canción de una cantante con una voz muy personal. Ella no tiene hijos todavía, pero si afirma que imagina que tiene que ser tan maravilloso como cuenta en la canción.

Espero que os gusten y os emplazo a una nueva entrada con más canciones de aquí a unos días. Si conocéis otras de este estilo que creáis que merecen formar parte de esta recopilación, no dudéis en decirlo, es probable que en mi labor de “investigación” me haya dejado alguna.

Escrito originalmente en Bebés y más.

Foto: La mano de Jon y la mía, hace 3 años.

7 ene 2010

Prison Break - 3a temporada



Los que me conocen bien saben que soy aficionado a las series desde hace cosa de 7 u 8 años.

Un buen día llegó a mis manos el primer capítulo de Alias y quedé pasmado de la calidad que desprendía por todas partes. Ignoraba que una serie pudiera tener semejante guión, producción y fuerza como para engancharme capítulo tras capítulo.

Este fue el primer paso para conocer otras series que aparecerían después como Perdidos, 24, Invasión, Surface, Prison Break, Los 4400, etc., a las que me enganché sin remedio.

Con la llegada de Jon y Aran el tiempo para ver nada se esfumó. Ahora tampoco es que lo tenga, pero araño minutos a la noche para ver algún capítulo y hace unos días acabé la 3a temporada de Prison Break (hará dos años que vi la segunda).

No esperaba demasiado, puesto que la segunda, pese a ser buena, quedaba un poco lejos del nivel de la primera temporada, sin embargo me ha sorprendido y gustado mucho y he visto de nuevo cosas con las que he disfrutado mucho, supongo que porque el prota Scoffield vuelve a estar entre rejas.

En fin, que si no conocéis esta serie, os la recomiendo y si no habéis visto la tercera temporada, pues también os la recomiendo.

El problema de ver series con trama lineal (que cada capítulo sigue al anterior), es que acabas viendo una película de 10 o 20 horas y luego, cuando te sientas a ver una película de dos horas sientes hasta aversión de lo poco que se explica. En serio, hace tiempo que no veo una película que me divierta y entretenga como las series (excepto "Up", que es una pequeña obra maestra).

31 dic 2009

Feliz Año Nuevo

Y perdón por la desaparición...
Me he centrado estos dos últimos meses en Bebés y más y no he aparecido por aquí. Mis disculpas (aunque ya sabeís que allí podéis seguir leyéndome).

Pues nada, que se acaba el año, que seguramente, esta vez sí, se acaba el mundo. Me lo dijo un niño de 7 años hace unos días: "han dicho que el 31 por la noche se acaba el mundo" y esta vez casi me lo creo...

Porque quién sabe, quizás un día se acabe de verdad. No en plan explosión, ni en plan deshielo. Ni siquiera el sol desaparecerá ni un meteorito nos extinguirá.

El mundo se acaba porque cada día más gente muere. Y no hablo del morir-fallecer, de ese que en polvo te conviertes. Hablo del morir-no vivir, ese en que vives casi sin quererlo. Ese en que cagas de pie porque no te da tiempo a sentarte, en que tienes hijos a los que no conoces, en que vives para trabajar sin disfrutar de lo que haces, ese en que llegas a tener 30, 40, 50 y 60 años, te das cuenta que la vida pasa cada vez más rápido y que te has perdido muchas cosas en el camino.

Si hay una cosa que temo, casi más que la muerte (la que te vas y no vuelves) es llegar a viejo, echar la vista atrás y tener la sensación de que no has vivido. Lo temo, porque no quiero llegar a los 80 años pidiendo una segunda oportunidad. Una nueva vida para vivirla de otro modo.

Llega el 2010 y hay que tratar de evitar esto mismo. Este año cumpliré 31 años. La carrera hacia los 40 ha comenzado. No me importa, no me molesta cumplir años mientras siga pensando "eso que me he llevado". No pasa nada porque tengo tres soles esperándome cada día en casa y tanta luz me recarga hasta que reboso felicidad por los poros.

La sonrisa de Aran enseñándome sus dos dientes no tiene precio. Los ojos de Jon diciéndome "Se ha roto ¿y cómo hacemos ahora?" es impagable. Un beso de Miriam diciéndome cuánto me quiere vale millones.

¿Qué más quiero?

Feliz Año Nuevo a todos y todas.

25 nov 2009

Eulàlia Torras: “La guardería puede frenar el desarrollo de los bebés”



Eulàlia Torras de Beà es médica, psiquiatra, psicoanalista y una de las firmantes del Manifiesto “Más tiempo con los hijos”.

Está casada y tiene tres hijos y seis nietos. Hace un par de días fue noticia tras publicarse en La contra de La Vanguardia una entrevista suya titulada “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé” en la que declara que las guarderías pueden frenar el desarrollo de los bebés.

La entrevista es muy interesante y en general estoy bastante de acuerdo con todo lo que dice y por ello he querido hablar de sus palabras en esta entrada.

Antes de hacerlo quiero comentar que el título de la entrevista en La Vanguardia (“La guardería no puede criar saludablemente a un bebé”) no es una frase literal de Eulàlia Torras y está sacada de contexto. Realizo esta aclaración porque no estando de acuerdo con esta frase quise buscar el momento en que la expresaba y al verlo observé que no eran sus palabras.

Qué necesita un bebé

La guardería es un servicio que se ofrece para cubrir una necesidad de los padres: que alguien cuide y eduque a los hijos mientras ellos no pueden hacerse cargo, “pero no es lo que necesita un bebé”.

Un bebé precisa de “la cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres” y la consecuencia de no proporcionárselo “podría comprometer el desarrollo de los bebés”.

Un bebé puede desarrollarse adecuadamente en un entorno estable que le proporcione seguridad. Sentirse seguro es lo que le anima a explorar y un bebé que se atreve a explorar puede madurar adecuadamente.

Alterar su entorno entrando en una guardería puede hacer que retroceda temporalmente en competencias que está adquiriendo como hablar, caminar, etc.

Qué dicen los últimos estudios en neurociencias

Los últimos hallazgos en neurociencias y en psicología evolutiva dicen que, “de los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores…”.

Todos estos estímulos hacen que el bebé establezca una relación emocional y cognitiva sana tanto con su entorno como consigo mismo.

Es cierto que un centro de educación infantil puede ofrecer todo eso pero normalmente no lo hará en la medida que un bebé o un niño puede necesitar. Unos padres implicados y amorosos sí pueden ofrecer todo eso.

Los niños enferman más

Comenta Eulàlia Torras que al entrar a la guardería se multiplican las posibilidades de enfermar, ya que el bebé está más expuesto a gérmenes.

Un bebé que pueda permanecer en su hogar, con un círculo reducido de personas y con los brazos de papá y mamá tendrá una mayor fortaleza emocional, cognitiva y física (ya habréis oído alguna vez que los masajes, por ejemplo, hacen que los bebés ganen más peso).

Sobre este tema existe un estudio reciente que concluye que los niños que van a la guardería sí tienen más riesgo de sufrir algún problema respiratorio durante los primeros meses, aunque esta situación se invierte a medida que van cumpliendo años (a los cinco años son los niños que no han ido a la guardería los que sufren más enfermedades respiratorias) y no supone ningún problema posterior (a los ocho años la situación se iguala y todos sufren los mismos trastornos y tienen las mismas probabilidades de ser asmáticos o alérgicos).

Ante este estudio cabría entonces decidir en qué momento preferimos que nuestros hijos tengan problemas respiratorios, si prontito siendo aún bebés, o más adelante (personalmente me sumo a la segunda opción, ya que puedo elegir).

El fracaso escolar

En España (y en otros países) se piensa que adelantando la escolarización y las materias se evitaría el fracaso escolar, sin embargo a un niño “hay que escolarizarlo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar”, momento que no suele llegar antes de los tres años.

En Finlandia, el país con menor fracaso escolar de Europa los niños no están obligados a ir al colegio hasta los siete años. El Estado sufraga durante el primer año a los padres y permite horarios laborales intensivos o reducidos para que sean los padres los que críen a sus hijos.

En España en cambio los estamos separando tempranamente, tenemos un elevado fracaso escolar, y en vez de analizar las causas estamos cortando los síntomas sin analizar las causas: somos “el tercer país que más psicofármacos receta a menores”.

Sobreproteger a los niños

Uno de los mayores miedos de los padres y de lo que más se les acusa es de mimar y sobreproteger a los niños.

Atender las necesidades de hambre, sueño y sobretodo cariño “no es sobreprotegerlo, ¡es protegerlo de lo que vendrá!”. Un niño criado con cariño y con seguridad “gozará de estabilidad emocional, autoestima y coherencia: estará bien preparado para los reveses que vendrán”.

Un niño que haya sido criado en una guardería con pobreza de estímulos será “poco orientado, intemperante y más agresivo, más vulnerables a la frustración, más depresivos…” (nótese que la entrevistada dice “más que” antes de cada posible adjetivo).

Los centros de educación infantil pueden ser útiles

Muchos tienen excelentes cuidadoras, sin embargo las ratios son demasiado elevadas y repartirse entre tantos niños hace imposible que la calidad de la atención sea personalizada.

Hay ocasiones en que una guardería puede ser muy útil para los niños: “Ante un hogar con abandono, conflicto permanente y agresividad crónica” un niño estará mejor en una guardería que en casa, pero “no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé” (como veis esta frase dista bastante de “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé”, que La Vanguardia quiso utilizar como título).

Qué podría hacerse por el bien de los hijos

Algo que ya hemos comentado más de una vez en Bebés y más, dejar de dedicar recursos a inaugurar centros de educación infantil y subvencionar a los padres para que “dediquen tiempo a criar a sus hijos hasta los tres años”.

“Dedicar tiempo a los hijos de pequeños os ahorrará mucho tiempo cuando sean mayores”, dice Eulàlia Torras citando a la doctora Julia Corominas.

Para acabar con esta entrada quiero citar a una conocida mía: “Armando, es tan absurdo que se tengan que hacer estudios científicos para demostrar que un niño, lo que necesita, es estar con sus padres…”. Me dejó boquiabierto por la sencillez de la frase y le di las gracias por hacerme entender lo penosa que es una sociedad que necesita demostrarse a sí misma que se equivoca cuando separa a unos seres en pleno aprendizaje emocional de las personas emocionalmente más ligadas a ellas, sus padres.

Fuente: La Vanguardia
Sitio Oficial: Fundació Eulàlia Torras de Beà
Foto: Flickr (htlcto)
Publicado originalmente en Bebés y más.

14 nov 2009

Papá porteador



Uno de los riesgos de ir caminando a un sitio relativamente lejano es que el hermano mayor diga que está cansado y que, encima, quiera que sea papá el que le coja.

En estas lides me vi un bien día, uno por delante y otro por detrás... Sólo fue un momento y Miriam quiso inmortalizarlo porque el momento lo merecía.

Ay! Mis niños!

11 nov 2009

Se armó el Belén: Alicia Torres - Belenes Artesanos



Se acerca la Navidad y, como cada año, mi madre acaba de ultimar los preparativos para la "Fira de Santa Llúcia". Se trata de un punto de encuentro anual de belenistas y vendedores de artículos navideños en el que mi madre expone y vende (yo digo que expone, porque muchas de sus obras merecen ser vistas en directo) lo que ha ido haciendo durante un año.

Este año, además, me he animado a hacer lo que me ha pedido alguna que otra vez, mostrar su obra a otras personas y abrir la posibilidad de que puedan comprarlas desde cualquier lugar. En otras palabras, que hemos hecho una tienda virtual (modesta) para quien quiera ver y comprar belenes y accesorios relacionados.

La página en cuestión es www.belenesartesania.com y os invito a todos a pasaros por ella (y entrar sobretodo a la galería "Grandes Belenes Artesanos", donde están los más grandes o los más impresionantes a mi modo de ver, los que llevan más trabajo y los que requieren más creatividad - y por ende los que cuestan más dinero).

Si mi madre tuviera que explicar un poco a qué viene esto de hacer belenes, lo diría así:

"Mi nombre es Alicia Torres. Hacer belenes ha sido siempre uno de mis grandes hobbies, de hecho los que hemos puesto cada año en casa, Navidad tras Navidad, han sido siempre hechos por mí.

Hace unos años esta afición fue creciendo y llegó un momento en que tenía "excedente" de nacimientos, casitas y accesorios. Así decidí formar parte de la "Fira de Santa Llúcia" de Terrassa donde se pueden conseguir los belenes que hago, figuras adientes a los mismos y diversos accesorios, muchos de ellos realizados también por mí."


Si queréis además ir recibiendo novedades, podéis agregar a "Belenes Artesania - Alicia Torres" en facebook (bueno, creo que se puede hacer así, que el feisbuk no lo domino demasiado).

9 nov 2009

Si tú no ayudas a alimentarlos, ¿quién lo hará?



Hace tiempo di por casualidad con esta impactante imagen. Se trata de un anuncio publicitario de Concordia Children’s Services, un centro que acoge y educa a niños huérfanos, abandonados y maltratados hasta que son destinados a un hogar definitivo.

El texto que acompaña a la imagen dice: “If you don’t help feed them, who will?” (Si tú no ayudas a alimentarlos, ¿quién lo hará?).

De esta campaña, observando la imagen y el texto, extraigo tres posibles objetivos:

  • Solicitar ayuda económica o voluntaria para ayudar a conseguir recursos para todos los niños desamparados que llegan a este centro infantil.
  • Prevenir que suceda, es decir, si como padres no alimentamos a nuestros hijos, si no les ofrecemos el calor de nuestros brazos, el cariño que merecen y si no respetamos su integridad física y emocional probablemente nadie en el mundo lo hará.
  • Promover la lactancia materna. El amamantamiento supone un intercambio de oxitocina entre madre e hijo que ayuda a la creación del vínculo afectivo.

Los niños cuyas madres establecen el citado vínculo están más protegidos frente a posibles maltratos (sé que suena duro, pero es una de las razones por las que los grandes organismos defienden y promueven la lactancia materna).

Imagino que el objetivo real de la campaña es la primera de las tres opciones, sin embargo me voy a centrar en el segunda (e indirectamente en la tercera) pues es la me ha venido a la mente al ver la foto.

Durante mucho tiempo se ha pensado que el maltrato o el abandono a los niños es algo exclusivo de las clases sociales más desfavorecidas, sin embargo vemos cada vez más a menudo casos de niños gravemente heridos (e incluso fallecidos) pertenecientes a clases sociales acomodadas. Y esto es algo que no debería suceder jamás, ni en las familias ricas, ni en las pobres.

Sé que caigo a menudo en la ilusión, quizá utópica, de que la sociedad en la que vivimos cambie. Estamos tan inmersos en el capitalismo, tan acostumbrados a las comodidades, a pagar por ellas, a delegar funciones en los demás y a recibir favores que creemos que debemos recibir siempre olvidando que también hay que saber dar y saber pensar en los demás.

Todo aquello que no hemos superado y que arrastramos de nuestra infancia nos impide volcarnos y vaciarnos en nuestros hijos, algunos de manera tan incapaz que nunca conectan emocionalmente con ellos aumentando el riesgo de maltrato físico y/o psicológico.

Respetemos a los bebés y tratemos de entender que tener un hijo es una gran responsabilidad, pues tenemos sus vidas en nuestras manos. De nosotros depende su devenir.

Fuente: Inventorspot
Publicado originalmente en Bebés y más.

6 nov 2009

¿Hasta qué punto debemos hacer campañas solidarias de juguetes?



Arranca estos días la II Campaña Anual “Niños Solidarios” de Imaginarium en colaboración con la Fundación Antena 3 y Mensajeros de la Paz, que se basa en enviar desde los países occidentales juguetes a aquellos países en vías de desarrollo (los países pobres, vamos), en época de Navidad y Reyes.

Los niños tienen que decorar una caja de zapatos en la que meterán el juguete o juguetes, especificando si es para niño o niña, y llevarla a Imaginarium entre el día 1 y el 14 de Noviembre.

A simple vista suena todo muy bonito, sin embargo a veces me pregunto (quizá me esté haciendo viejo o mal pensado): ¿Hasta qué punto debemos hacer campañas solidarias de juguetes?

Hace tiempo que los occidentales sufrimos una gran enfermedad que consiste en creernos el ombligo del mundo. Creemos que todo lo que hacemos, todo lo que tenemos y el modo en que vivimos es el mejor posible, el más avanzado y al que deberían aspirar el resto de mortales.

Todo el que no vive como nosotros, o es una persona extraña y antisocial, o no tiene recursos para vivir de esta manera, sino parece difícil de entenderlo.

El caso es que, aunque parezca mentira, los niños de los países pobres, sonríen y comparten probablemente más de lo que lo hacen nuestros hijos. Aprenden a ser felices a pesar de todo y aprenden a vivir con lo que tienen, porque no pueden tener más y porque, simplemente, no necesitan mucho más.

Es por eso que el mensaje que damos a nuestros hijos: “vamos a mandar juguetes para los niños pobres, que no tienen dinero para comprarlos” me resulta algo chocante, primero porque no se qué puede hacer un niño con según qué juguete europeo (un coche de plástico rojo, un juguete que vaya a pilas o un action man, por poner algunos ejemplos…) y segundo porque los niños de los países en vías de desarrollo no necesitan estos juguetes para ser felices.

Los nuestros tampoco



Cierto, nuestros hijos tampoco necesitan juguetes para ser felices, sin embargo, en la sociedad en la que viven, es impensable que un niño crezca sin juguetes.

No existe el gen juguete, no nacen necesitando cosas materiales. Somos nosotros y nuestra sociedad de consumo los que imponemos, poco a poco, la necesidad de tener bienes materiales y la necesidad de desearlos.



Los niños sin recursos de los países pobres no tienen esta necesidad porque son capaces de jugar y divertirse sin juguetes (o lo hacen con los que ellos mismos se construyen) y es por este motivo que me parece incluso cruel poner un granito de arena que ayude a hacer sentir a estos niños que para ser felices necesitan tener juguetes como los nuestros.

Pero los niños tienen que aprender a ser solidarios ¿no?



Por supuesto, pero los niños no tienen que ser solidarios con los países pobres para lavar la imagen de los adultos que no lo somos, y menos si con esta solidaridad creamos necesidades en aquellos que no las tienen o si con ello hacemos creer a nuestros hijos que nosotros somos felices gracias a lo que tenemos y que ellos son infelices por no tenerlo.

Se puede ser solidario de cien maneras diferentes. No hace falta enviar cosas a otros países, sino mirar en cualquier esquina de nuestras grandes ciudades para encontrar personas con necesidades.

Voy más allá, no hace falta ni siquiera buscar al mendigo que pide en cualquier esquina, sino mirar a nuestros familiares más cercanos, a nuestros vecinos, a nuestros conocidos, a nuestros amigos y a los desconocidos porque son múltiples las situaciones en que alguien puede necesitar nuestra ayuda (sea echar una mano, sea ofrecer un hombro en el que llorar, sea ofrecer un oído para escuchar, sea…).

Así, empezando desde nuestro entorno más cercano nuestros hijos pueden aprender lo que es la solidaridad.

Binta y la gran idea



Binta y la gran idea es un corto relacionado con este tema que pertenece a una película realizada por Unicef titulada “En el mundo a cada rato“ que llega fácilmente al corazón porque es precioso y porque ayuda al occidental medio a conocer cómo viven los niños en los países pobres.

Está dirigido por Javier Fesser y formó parte de los preseleccionados para los Oscars. Os recomiendo que lo veáis, porque es maravilloso y porque ayuda a ver el hemisferio sur desde otro prisma.

La persona que me recomendó esta película me comentó que sus hijos de 5, 8 y 12 años la habían visto con ella y al parecer se originó en su casa un amplio debate en que aparecieron las palabras “necesidades”, “playstation”, “ropa de marca”, etc. Lo mejor es que dicho debate surgió de sus hijos y no de ella.



La buena vida



Os recomiendo también este cuento de Tony Mello que ayuda a pensar sobre este tema:

Enzo, un rico comerciante de Puerto Ayacucho, visita a las comunidades indígenas del alto Orinoco y se horroriza cuando ve a Orawë, indígena Yanomami tumbado tranquilamente en su chinchorro (especie de hamaca), mascando tabaco.

- ¿Por qué no sales a pescar? – le pregunta Enzo.

– Porque ya he pescado bastante por hoy – le contesta Orawë.

– ¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas? – insiste el comerciante.

– ¿Y qué iba a hacer con ello? – pregunta a su vez el indio.

– Ganarías más dinero. De este modo podrías poner un motor fueraborda en tu canoa. Entonces podrías llegar lejos en el río y pescar más peces. Y así ganarías lo suficiente para comprarte una red de nylon, con lo que obtendrías más pescado y más dinero. Pronto ganarías para tener dos canoas y hasta dos motores y más rápidos… Entonces serás rico, como yo.

– ¿Y qué haría entonces? – preguntó de nuevo el indígena.

– Podrías sentarte y disfrutar de la vida – respondió el comerciante.

– ¿Y qué crees que estoy haciendo en este momento? – respondió satisfecho el indio Orawë.



Conclusión



La iniciativa es muy loable. Me parece maravilloso tratar de que los niños aprendan lo que significa la palabra solidaridad, sin embargo no me parece correcto hacerlo a costa de “trastocar” la paz y la felicidad de aquellos niños que no necesitan juguetes para sonreír creándoles la sensación de que para ser más felices precisan de cosas así.

Podemos mostrar a los niños cómo ser solidarios y cómo compartir actuando nosotros como personas solidarias con aquellas personas de nuestro entorno que necesitan de nuestra ayuda en algún momento. Sólo hace falta abrir un poco los ojos y la mente para buscar los momentos y las infinitas posibilidades que aparecen a diario para prestar nuestra ayuda.

Foto: Flickr (Graham Crumb)
Publicado originalmente en Bebés y más.