31 dic. 2009

Feliz Año Nuevo

Y perdón por la desaparición...
Me he centrado estos dos últimos meses en Bebés y más y no he aparecido por aquí. Mis disculpas (aunque ya sabeís que allí podéis seguir leyéndome).

Pues nada, que se acaba el año, que seguramente, esta vez sí, se acaba el mundo. Me lo dijo un niño de 7 años hace unos días: "han dicho que el 31 por la noche se acaba el mundo" y esta vez casi me lo creo...

Porque quién sabe, quizás un día se acabe de verdad. No en plan explosión, ni en plan deshielo. Ni siquiera el sol desaparecerá ni un meteorito nos extinguirá.

El mundo se acaba porque cada día más gente muere. Y no hablo del morir-fallecer, de ese que en polvo te conviertes. Hablo del morir-no vivir, ese en que vives casi sin quererlo. Ese en que cagas de pie porque no te da tiempo a sentarte, en que tienes hijos a los que no conoces, en que vives para trabajar sin disfrutar de lo que haces, ese en que llegas a tener 30, 40, 50 y 60 años, te das cuenta que la vida pasa cada vez más rápido y que te has perdido muchas cosas en el camino.

Si hay una cosa que temo, casi más que la muerte (la que te vas y no vuelves) es llegar a viejo, echar la vista atrás y tener la sensación de que no has vivido. Lo temo, porque no quiero llegar a los 80 años pidiendo una segunda oportunidad. Una nueva vida para vivirla de otro modo.

Llega el 2010 y hay que tratar de evitar esto mismo. Este año cumpliré 31 años. La carrera hacia los 40 ha comenzado. No me importa, no me molesta cumplir años mientras siga pensando "eso que me he llevado". No pasa nada porque tengo tres soles esperándome cada día en casa y tanta luz me recarga hasta que reboso felicidad por los poros.

La sonrisa de Aran enseñándome sus dos dientes no tiene precio. Los ojos de Jon diciéndome "Se ha roto ¿y cómo hacemos ahora?" es impagable. Un beso de Miriam diciéndome cuánto me quiere vale millones.

¿Qué más quiero?

Feliz Año Nuevo a todos y todas.
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