25 nov. 2009

Eulàlia Torras: “La guardería puede frenar el desarrollo de los bebés”



Eulàlia Torras de Beà es médica, psiquiatra, psicoanalista y una de las firmantes del Manifiesto “Más tiempo con los hijos”.

Está casada y tiene tres hijos y seis nietos. Hace un par de días fue noticia tras publicarse en La contra de La Vanguardia una entrevista suya titulada “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé” en la que declara que las guarderías pueden frenar el desarrollo de los bebés.

La entrevista es muy interesante y en general estoy bastante de acuerdo con todo lo que dice y por ello he querido hablar de sus palabras en esta entrada.

Antes de hacerlo quiero comentar que el título de la entrevista en La Vanguardia (“La guardería no puede criar saludablemente a un bebé”) no es una frase literal de Eulàlia Torras y está sacada de contexto. Realizo esta aclaración porque no estando de acuerdo con esta frase quise buscar el momento en que la expresaba y al verlo observé que no eran sus palabras.

Qué necesita un bebé

La guardería es un servicio que se ofrece para cubrir una necesidad de los padres: que alguien cuide y eduque a los hijos mientras ellos no pueden hacerse cargo, “pero no es lo que necesita un bebé”.

Un bebé precisa de “la cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres” y la consecuencia de no proporcionárselo “podría comprometer el desarrollo de los bebés”.

Un bebé puede desarrollarse adecuadamente en un entorno estable que le proporcione seguridad. Sentirse seguro es lo que le anima a explorar y un bebé que se atreve a explorar puede madurar adecuadamente.

Alterar su entorno entrando en una guardería puede hacer que retroceda temporalmente en competencias que está adquiriendo como hablar, caminar, etc.

Qué dicen los últimos estudios en neurociencias

Los últimos hallazgos en neurociencias y en psicología evolutiva dicen que, “de los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores…”.

Todos estos estímulos hacen que el bebé establezca una relación emocional y cognitiva sana tanto con su entorno como consigo mismo.

Es cierto que un centro de educación infantil puede ofrecer todo eso pero normalmente no lo hará en la medida que un bebé o un niño puede necesitar. Unos padres implicados y amorosos sí pueden ofrecer todo eso.

Los niños enferman más

Comenta Eulàlia Torras que al entrar a la guardería se multiplican las posibilidades de enfermar, ya que el bebé está más expuesto a gérmenes.

Un bebé que pueda permanecer en su hogar, con un círculo reducido de personas y con los brazos de papá y mamá tendrá una mayor fortaleza emocional, cognitiva y física (ya habréis oído alguna vez que los masajes, por ejemplo, hacen que los bebés ganen más peso).

Sobre este tema existe un estudio reciente que concluye que los niños que van a la guardería sí tienen más riesgo de sufrir algún problema respiratorio durante los primeros meses, aunque esta situación se invierte a medida que van cumpliendo años (a los cinco años son los niños que no han ido a la guardería los que sufren más enfermedades respiratorias) y no supone ningún problema posterior (a los ocho años la situación se iguala y todos sufren los mismos trastornos y tienen las mismas probabilidades de ser asmáticos o alérgicos).

Ante este estudio cabría entonces decidir en qué momento preferimos que nuestros hijos tengan problemas respiratorios, si prontito siendo aún bebés, o más adelante (personalmente me sumo a la segunda opción, ya que puedo elegir).

El fracaso escolar

En España (y en otros países) se piensa que adelantando la escolarización y las materias se evitaría el fracaso escolar, sin embargo a un niño “hay que escolarizarlo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar”, momento que no suele llegar antes de los tres años.

En Finlandia, el país con menor fracaso escolar de Europa los niños no están obligados a ir al colegio hasta los siete años. El Estado sufraga durante el primer año a los padres y permite horarios laborales intensivos o reducidos para que sean los padres los que críen a sus hijos.

En España en cambio los estamos separando tempranamente, tenemos un elevado fracaso escolar, y en vez de analizar las causas estamos cortando los síntomas sin analizar las causas: somos “el tercer país que más psicofármacos receta a menores”.

Sobreproteger a los niños

Uno de los mayores miedos de los padres y de lo que más se les acusa es de mimar y sobreproteger a los niños.

Atender las necesidades de hambre, sueño y sobretodo cariño “no es sobreprotegerlo, ¡es protegerlo de lo que vendrá!”. Un niño criado con cariño y con seguridad “gozará de estabilidad emocional, autoestima y coherencia: estará bien preparado para los reveses que vendrán”.

Un niño que haya sido criado en una guardería con pobreza de estímulos será “poco orientado, intemperante y más agresivo, más vulnerables a la frustración, más depresivos…” (nótese que la entrevistada dice “más que” antes de cada posible adjetivo).

Los centros de educación infantil pueden ser útiles

Muchos tienen excelentes cuidadoras, sin embargo las ratios son demasiado elevadas y repartirse entre tantos niños hace imposible que la calidad de la atención sea personalizada.

Hay ocasiones en que una guardería puede ser muy útil para los niños: “Ante un hogar con abandono, conflicto permanente y agresividad crónica” un niño estará mejor en una guardería que en casa, pero “no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé” (como veis esta frase dista bastante de “La guardería no puede criar saludablemente a un bebé”, que La Vanguardia quiso utilizar como título).

Qué podría hacerse por el bien de los hijos

Algo que ya hemos comentado más de una vez en Bebés y más, dejar de dedicar recursos a inaugurar centros de educación infantil y subvencionar a los padres para que “dediquen tiempo a criar a sus hijos hasta los tres años”.

“Dedicar tiempo a los hijos de pequeños os ahorrará mucho tiempo cuando sean mayores”, dice Eulàlia Torras citando a la doctora Julia Corominas.

Para acabar con esta entrada quiero citar a una conocida mía: “Armando, es tan absurdo que se tengan que hacer estudios científicos para demostrar que un niño, lo que necesita, es estar con sus padres…”. Me dejó boquiabierto por la sencillez de la frase y le di las gracias por hacerme entender lo penosa que es una sociedad que necesita demostrarse a sí misma que se equivoca cuando separa a unos seres en pleno aprendizaje emocional de las personas emocionalmente más ligadas a ellas, sus padres.

Fuente: La Vanguardia
Sitio Oficial: Fundació Eulàlia Torras de Beà
Foto: Flickr (htlcto)
Publicado originalmente en Bebés y más.

14 nov. 2009

Papá porteador



Uno de los riesgos de ir caminando a un sitio relativamente lejano es que el hermano mayor diga que está cansado y que, encima, quiera que sea papá el que le coja.

En estas lides me vi un bien día, uno por delante y otro por detrás... Sólo fue un momento y Miriam quiso inmortalizarlo porque el momento lo merecía.

Ay! Mis niños!

11 nov. 2009

Se armó el Belén: Alicia Torres - Belenes Artesanos



Se acerca la Navidad y, como cada año, mi madre acaba de ultimar los preparativos para la "Fira de Santa Llúcia". Se trata de un punto de encuentro anual de belenistas y vendedores de artículos navideños en el que mi madre expone y vende (yo digo que expone, porque muchas de sus obras merecen ser vistas en directo) lo que ha ido haciendo durante un año.

Este año, además, me he animado a hacer lo que me ha pedido alguna que otra vez, mostrar su obra a otras personas y abrir la posibilidad de que puedan comprarlas desde cualquier lugar. En otras palabras, que hemos hecho una tienda virtual (modesta) para quien quiera ver y comprar belenes y accesorios relacionados.

La página en cuestión es www.belenesartesania.com y os invito a todos a pasaros por ella (y entrar sobretodo a la galería "Grandes Belenes Artesanos", donde están los más grandes o los más impresionantes a mi modo de ver, los que llevan más trabajo y los que requieren más creatividad - y por ende los que cuestan más dinero).

Si mi madre tuviera que explicar un poco a qué viene esto de hacer belenes, lo diría así:

"Mi nombre es Alicia Torres. Hacer belenes ha sido siempre uno de mis grandes hobbies, de hecho los que hemos puesto cada año en casa, Navidad tras Navidad, han sido siempre hechos por mí.

Hace unos años esta afición fue creciendo y llegó un momento en que tenía "excedente" de nacimientos, casitas y accesorios. Así decidí formar parte de la "Fira de Santa Llúcia" de Terrassa donde se pueden conseguir los belenes que hago, figuras adientes a los mismos y diversos accesorios, muchos de ellos realizados también por mí."


Si queréis además ir recibiendo novedades, podéis agregar a "Belenes Artesania - Alicia Torres" en facebook (bueno, creo que se puede hacer así, que el feisbuk no lo domino demasiado).

9 nov. 2009

Si tú no ayudas a alimentarlos, ¿quién lo hará?



Hace tiempo di por casualidad con esta impactante imagen. Se trata de un anuncio publicitario de Concordia Children’s Services, un centro que acoge y educa a niños huérfanos, abandonados y maltratados hasta que son destinados a un hogar definitivo.

El texto que acompaña a la imagen dice: “If you don’t help feed them, who will?” (Si tú no ayudas a alimentarlos, ¿quién lo hará?).

De esta campaña, observando la imagen y el texto, extraigo tres posibles objetivos:

  • Solicitar ayuda económica o voluntaria para ayudar a conseguir recursos para todos los niños desamparados que llegan a este centro infantil.
  • Prevenir que suceda, es decir, si como padres no alimentamos a nuestros hijos, si no les ofrecemos el calor de nuestros brazos, el cariño que merecen y si no respetamos su integridad física y emocional probablemente nadie en el mundo lo hará.
  • Promover la lactancia materna. El amamantamiento supone un intercambio de oxitocina entre madre e hijo que ayuda a la creación del vínculo afectivo.

Los niños cuyas madres establecen el citado vínculo están más protegidos frente a posibles maltratos (sé que suena duro, pero es una de las razones por las que los grandes organismos defienden y promueven la lactancia materna).

Imagino que el objetivo real de la campaña es la primera de las tres opciones, sin embargo me voy a centrar en el segunda (e indirectamente en la tercera) pues es la me ha venido a la mente al ver la foto.

Durante mucho tiempo se ha pensado que el maltrato o el abandono a los niños es algo exclusivo de las clases sociales más desfavorecidas, sin embargo vemos cada vez más a menudo casos de niños gravemente heridos (e incluso fallecidos) pertenecientes a clases sociales acomodadas. Y esto es algo que no debería suceder jamás, ni en las familias ricas, ni en las pobres.

Sé que caigo a menudo en la ilusión, quizá utópica, de que la sociedad en la que vivimos cambie. Estamos tan inmersos en el capitalismo, tan acostumbrados a las comodidades, a pagar por ellas, a delegar funciones en los demás y a recibir favores que creemos que debemos recibir siempre olvidando que también hay que saber dar y saber pensar en los demás.

Todo aquello que no hemos superado y que arrastramos de nuestra infancia nos impide volcarnos y vaciarnos en nuestros hijos, algunos de manera tan incapaz que nunca conectan emocionalmente con ellos aumentando el riesgo de maltrato físico y/o psicológico.

Respetemos a los bebés y tratemos de entender que tener un hijo es una gran responsabilidad, pues tenemos sus vidas en nuestras manos. De nosotros depende su devenir.

Fuente: Inventorspot
Publicado originalmente en Bebés y más.

6 nov. 2009

¿Hasta qué punto debemos hacer campañas solidarias de juguetes?



Arranca estos días la II Campaña Anual “Niños Solidarios” de Imaginarium en colaboración con la Fundación Antena 3 y Mensajeros de la Paz, que se basa en enviar desde los países occidentales juguetes a aquellos países en vías de desarrollo (los países pobres, vamos), en época de Navidad y Reyes.

Los niños tienen que decorar una caja de zapatos en la que meterán el juguete o juguetes, especificando si es para niño o niña, y llevarla a Imaginarium entre el día 1 y el 14 de Noviembre.

A simple vista suena todo muy bonito, sin embargo a veces me pregunto (quizá me esté haciendo viejo o mal pensado): ¿Hasta qué punto debemos hacer campañas solidarias de juguetes?

Hace tiempo que los occidentales sufrimos una gran enfermedad que consiste en creernos el ombligo del mundo. Creemos que todo lo que hacemos, todo lo que tenemos y el modo en que vivimos es el mejor posible, el más avanzado y al que deberían aspirar el resto de mortales.

Todo el que no vive como nosotros, o es una persona extraña y antisocial, o no tiene recursos para vivir de esta manera, sino parece difícil de entenderlo.

El caso es que, aunque parezca mentira, los niños de los países pobres, sonríen y comparten probablemente más de lo que lo hacen nuestros hijos. Aprenden a ser felices a pesar de todo y aprenden a vivir con lo que tienen, porque no pueden tener más y porque, simplemente, no necesitan mucho más.

Es por eso que el mensaje que damos a nuestros hijos: “vamos a mandar juguetes para los niños pobres, que no tienen dinero para comprarlos” me resulta algo chocante, primero porque no se qué puede hacer un niño con según qué juguete europeo (un coche de plástico rojo, un juguete que vaya a pilas o un action man, por poner algunos ejemplos…) y segundo porque los niños de los países en vías de desarrollo no necesitan estos juguetes para ser felices.

Los nuestros tampoco



Cierto, nuestros hijos tampoco necesitan juguetes para ser felices, sin embargo, en la sociedad en la que viven, es impensable que un niño crezca sin juguetes.

No existe el gen juguete, no nacen necesitando cosas materiales. Somos nosotros y nuestra sociedad de consumo los que imponemos, poco a poco, la necesidad de tener bienes materiales y la necesidad de desearlos.



Los niños sin recursos de los países pobres no tienen esta necesidad porque son capaces de jugar y divertirse sin juguetes (o lo hacen con los que ellos mismos se construyen) y es por este motivo que me parece incluso cruel poner un granito de arena que ayude a hacer sentir a estos niños que para ser felices necesitan tener juguetes como los nuestros.

Pero los niños tienen que aprender a ser solidarios ¿no?



Por supuesto, pero los niños no tienen que ser solidarios con los países pobres para lavar la imagen de los adultos que no lo somos, y menos si con esta solidaridad creamos necesidades en aquellos que no las tienen o si con ello hacemos creer a nuestros hijos que nosotros somos felices gracias a lo que tenemos y que ellos son infelices por no tenerlo.

Se puede ser solidario de cien maneras diferentes. No hace falta enviar cosas a otros países, sino mirar en cualquier esquina de nuestras grandes ciudades para encontrar personas con necesidades.

Voy más allá, no hace falta ni siquiera buscar al mendigo que pide en cualquier esquina, sino mirar a nuestros familiares más cercanos, a nuestros vecinos, a nuestros conocidos, a nuestros amigos y a los desconocidos porque son múltiples las situaciones en que alguien puede necesitar nuestra ayuda (sea echar una mano, sea ofrecer un hombro en el que llorar, sea ofrecer un oído para escuchar, sea…).

Así, empezando desde nuestro entorno más cercano nuestros hijos pueden aprender lo que es la solidaridad.

Binta y la gran idea



Binta y la gran idea es un corto relacionado con este tema que pertenece a una película realizada por Unicef titulada “En el mundo a cada rato“ que llega fácilmente al corazón porque es precioso y porque ayuda al occidental medio a conocer cómo viven los niños en los países pobres.

Está dirigido por Javier Fesser y formó parte de los preseleccionados para los Oscars. Os recomiendo que lo veáis, porque es maravilloso y porque ayuda a ver el hemisferio sur desde otro prisma.

La persona que me recomendó esta película me comentó que sus hijos de 5, 8 y 12 años la habían visto con ella y al parecer se originó en su casa un amplio debate en que aparecieron las palabras “necesidades”, “playstation”, “ropa de marca”, etc. Lo mejor es que dicho debate surgió de sus hijos y no de ella.



La buena vida



Os recomiendo también este cuento de Tony Mello que ayuda a pensar sobre este tema:

Enzo, un rico comerciante de Puerto Ayacucho, visita a las comunidades indígenas del alto Orinoco y se horroriza cuando ve a Orawë, indígena Yanomami tumbado tranquilamente en su chinchorro (especie de hamaca), mascando tabaco.

- ¿Por qué no sales a pescar? – le pregunta Enzo.

– Porque ya he pescado bastante por hoy – le contesta Orawë.

– ¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas? – insiste el comerciante.

– ¿Y qué iba a hacer con ello? – pregunta a su vez el indio.

– Ganarías más dinero. De este modo podrías poner un motor fueraborda en tu canoa. Entonces podrías llegar lejos en el río y pescar más peces. Y así ganarías lo suficiente para comprarte una red de nylon, con lo que obtendrías más pescado y más dinero. Pronto ganarías para tener dos canoas y hasta dos motores y más rápidos… Entonces serás rico, como yo.

– ¿Y qué haría entonces? – preguntó de nuevo el indígena.

– Podrías sentarte y disfrutar de la vida – respondió el comerciante.

– ¿Y qué crees que estoy haciendo en este momento? – respondió satisfecho el indio Orawë.



Conclusión



La iniciativa es muy loable. Me parece maravilloso tratar de que los niños aprendan lo que significa la palabra solidaridad, sin embargo no me parece correcto hacerlo a costa de “trastocar” la paz y la felicidad de aquellos niños que no necesitan juguetes para sonreír creándoles la sensación de que para ser más felices precisan de cosas así.

Podemos mostrar a los niños cómo ser solidarios y cómo compartir actuando nosotros como personas solidarias con aquellas personas de nuestro entorno que necesitan de nuestra ayuda en algún momento. Sólo hace falta abrir un poco los ojos y la mente para buscar los momentos y las infinitas posibilidades que aparecen a diario para prestar nuestra ayuda.

Foto: Flickr (Graham Crumb)
Publicado originalmente en Bebés y más.
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