25 sept. 2009

Análisis de la realidad actual



De un tiempo a esta parte se está levantando una tremenda alarma social porque los niños hacen lo que les da la gana y porque los adolescentes son delincuentes en potencia que maltratan a profesores y a padres.

Lo cierto es que no creo que esta generalización sea justa, porque seguro que antiguamente había casos de este tipo, pero la vergüenza o la falta de registro de estas incidencias hacía que no hubiera constancia de ello.

Sin embargo una cosa no quita la otra y recientemente me veo en la tesitura de defender mis creencias y mi estilo de crianza ante quien dice que cuando les dejas hacer lo que quieren, pasa lo que pasa.

El problema es que criar a un niño con respeto, apego y afecto es mal entendido por la sociedad, que observa una relación padre-hijo en que los padres dejamos a los hijos que hagan lo que a ellos les de la gana, y no es cierto.

Estoy de acuerdo en que no educar a un niño es un gravísimo error, obviar las normas sociales y familiares y no transmitírselas a los niños es casi sentenciar nuestro futuro y el de nuestro hijo, que merece unos padres que le guíen en el camino de la vida.

Hasta ahí creo que todos estamos de acuerdo, ahora bien, hay maneras de educar tan simples como pasar mucho tiempo con ellos y establecer relaciones de confianza en las que la palabra y las miradas lo dicen todo. Sólo con levantar la ceja ya pueden entender que "esto ahora no toca" o ponerse en cuclillas y hablarles sobre porqué no se puede hacer eso en ese momento y explicarle otras cosas que sí se pueden hacer es otra manera.

Pero para que una relación así se lleve a cabo hace falta mucho contacto y mucha relación.

El problema de hoy en día, para mí, no es bien bien que los niños hagan lo que quieran. El problema es que no existe esa relación de confianza con los padres, porque los padres pasan muy poco tiempo con sus hijos, y cuando están con ellos, o están pensando que "a ver cuándo empieza el cole" o "a ver si se duerme y me pongo una peli" o vete tú a saber qué...

Así los niños crecen sintiendo que les falta algo y no saben muy bien qué y algunos aún saldrán medio bien, pero muchos otros, que se habrán hecho a sí mismos pues sí habrán hecho lo que han querido y cuando han querido, serán lo que sus padres nunca habrían querido que fueran.

En una relación estrecha, con un fuerte vínculo, con comunicación, con afecto, cariño y comprensión, dedicando tiempo a dialogar, cediendo en ocasiones, no cediendo en otras, explicando las cosas, lo que se espera de ellos y dejándoles ser ellos mismos también, cabe la posibilidad de dejar manga ancha, porque como tú eres su ejemplo, tienden a hacer lo que tú haces y, como siempre estás ahí, ante cualquier adversidad te intentan explicar lo que les pasa y tú intentas comprenderles (las rabietas no dejan de ser eso, intentos de explicar algo, que la gente tiende a ignorar para que no se repita, cuando lo que hay que hacer, precisamente, es animarles para que nos expliquen el por qué de la rabieta).

Dicho de otro modo, en una relación así los niños pueden hacer prácticamente lo que quieren y cuando quieren, hasta que los padres, que estamos ahí para guiarles, decimos "Eps, hasta aquí". Unas veces se lo toman bien, y otras mal, pues cuando se lo toman mal les ayudamos a entender por qué es hasta aquí, que normalmente hay una explicación más plausible que el "porque lo digo yo".

Poco a poco, con los "hasta aquí" van aprendiendo hasta donde pueden llegar, pero no sólo con los "hasta aquí" sino observando los "hasta aquí de papá y de mamá", pero para observarlos, hay que estar con ellos y como digo, hoy en día, los niños no están con ellos, porque están en la guardería, en el colegio o en las extraescolares, o en casa con la abuela una semana porque papá y mamá se van de vacaciones, que tienen que desconectar.

24 sept. 2009

Quiero un niño independiente (II)



Para introduciros al tema del post os explicaré una historia que podría haber sido explicada estas Navidades:

Ivette tiene 6 años, hace una semana llegó a su nueva escuela y le han dicho que va a actuar en la obra de teatro de la fiesta de Navidad haciendo de María. Está muy contenta pero a la vez se siente nerviosa porque sabe que sus padres y sus nuevos compañeros estarán viéndola. Como no quiere defraudarlos le ha pedido a la profesora que le ayude a hacer muy bien de pastorcita.

Marcos tiene 6 años y va a la misma clase que Ivette. También va a actuar en la función haciendo de José y también le ha pedido a la profesora que le ayude.

La profesora ha decidido que sí ayudará a Marcos pero no a Ivette. En la semana que lleva trabajando con ella se ha dado cuenta que es muy dependiente. Pide ayuda y consejo para todo y la profesora ha pensado que de esta manera ella encontrará la mejor manera de hacer de María y así será más capaz de tomar decisiones por sí misma.

En días sucesivos la profesora ayuda a Marcos con el disfraz, las frases que debe decir y ensayan juntos la obra. En ocasiones la misma profesora hace de José para que Marcos observe de qué manera puede actuar para que parezca más real. Marcos le consulta las dudas que tiene y a medida que pasan los días y va interiorizando todo lo aprendido solicita cada vez menos el soporte de la profesora.

Ivette en cambio tiene que ensayar la obra sola, la profesora le ha dicho que se esfuerce, que lo haga como considere mejor y que seguro que lo hará muy bien. Conoce las frases pero no sabe muy bien cómo decirlas ni cuándo. Está muy nerviosa porque ensaya mucho, pero tiene dudas de si lo estará haciendo bien. Cada día intenta convencer a la profesora de que le ayude, pero ésta continúa con la estrategia de hacer que ella resuelva las dudas por sí sola para ayudarla a ser más autónoma.

Llega el día de la obra y Marcos está nervioso pero se siente seguro mientras que Ivette está muy nerviosa e insegura e intenta desesperadamente que la profesora le ayude un poco pues no quiere quedar mal con sus compañeros ni con sus padres en su primera semana.

La profesora le explica algunas pautas, pero sin querer interferir con el papel que ella ha creado, confiando en que habrá trabajado mucho y hará un buen papel.

En el momento de representar la obra Marcos actúa con seguridad mientras que Ivette se equivoca, va a destiempo y mira a menudo a la profesora para que le ayude y le guíe desde el lateral. La profesora le ayuda para salvar la función.

Al final de la obra Marcos abraza contento a sus orgullosos padres mientras que Ivette llora desconsoladamente porque siente que por su culpa la obra ha sido un fracaso y que ella no ha sabido hacer un papel digno.


Esta historia no es más que una metáfora de la vida de cualquier niño desde el momento en que nace. Como Ivette, llegan al mundo sin conocer a nadie y buscan rápidamente una persona que le sirva de referente, de ayuda y de soporte, normalmente la madre (en el caso de Ivette, su profesora).

Quieren aprender a vivir, quieren aprender el día a día y quieren aprender a ser, porque de hecho ni siquiera saben que existen como ser hasta los ocho o diez meses, momento en que se quejan si son separados de su figura de apego primario (como digo, suele ser la madre) en lo que todos conocemos como “Angustia de separación“.

Para aprender todo ello necesitan vivir lo más cerca posible de alguien que les pueda enseñar, siendo lo más dependientes posible ya que, cuanto más dependientes sean de pequeñitos, más independientes serán más adelante. Cuanto más aprendan en los primeros años, más autosuficientes serán después.

Las teorías que hablan de dejarles llorar solos para que aprendan, de retrasar un poco las demandas (“déjalo llorar cada vez un poquito más, pues si vas enseguida cada vez te llamará más a menudo”), no llevarles en brazos para que no se acostumbren o de separar al niño para que no esté enmadrado han sido ejemplificadas en la técnica llevada a cabo por la profesora con Ivette. En un intento de hacerla más independiente, de que se curta en la soledad, solo consigue que se sienta más insegura y necesitada de apoyo.

Los niños que antes son separados de su madre y a los que se les intenta enseñar a ser independientes son los que son dependientes más tiempo, pierden el ejemplo de su referente, dudarán de sí mismos y necesitarán a alguien que tome las decisiones por ellos al no haber podido aprender junto a alguien que sí sabe tomarlas.

Para ser independiente, se tiene que ser primero dependiente:

  • Primero me lo hacen (o nos explican cómo se hace).

  • Luego lo hago yo con ayuda y supervisión (pides a alguien que sabe más que tú que esté a tu lado mientras lo haces. Los niños llaman a su madre o padre).

  • Finalmente soy capaz de hacerlo solo (cuando ya he aprendido soy capaz de hacerlo solo sin necesidad de alguien que me supervise. En caso de duda o error llamaré de nuevo a mi tutor. Los niños, de nuevo, llamarán a su madre en caso de que se vean en peligro, inseguros o piensen que lo están haciendo mal).


¿No hemos estudiado todos para trabajar? ¿No hemos hecho unas prácticas tutorizadas en las que hacíamos las cosas con un profesor que luego nos dejaba intentarlo a nosotros solos?

Si quieres que tu hijo sea independiente, autónomo y capaz de tomar decisiones sé su ejemplo, permanece siempre a su lado cuando te necesite y acude siempre a sus llamadas. Poco a poco, cuando vaya aprendiendo a hacer las cosas para las que ahora solicita tu ayuda dejará de llamarte porque se sentirá seguro y con la confianza suficiente para llevarlas a cabo.

Leer también: Quiero un niño independiente
Publicado originalmente en Bebés y más

Las preocupaciones de una madre reciente

Ya os digo que hoy no debe ser un buen día para leer cosas por la red...

Extraído de El País

"Mañana vuelvo al trabajo después del parto. No veo el momento. Voy más ancha que larga. He empalmado el permiso de maternidad y las vacaciones, pero 20 semanas no son nada para desembarazarse de los kilos del embarazo. Cuando llegué a 22 dejé de contarlos y aún tardé tres semanas en parir. Lo de dar a luz es un eufemismo de revista femenina. Lo mío fue un parto como está mandado. A pelo.

Me dejaron en dilatación diciéndome que iba para largo. Pero a la hora, mientras me clavaban en el lomo la banderilla de la epidural, vino la matrona, me metió mano y empezó a chillar que al paritorio, que ya. "Estas cuarentonas no tienen término medio, o van a cesárea o se les cae el crío a plomo", oí que le decía a otra mocosa por lo bajinis. Me dolió, mira tú. Una cosa es ser primípara añosa y otra que te lo recuerden cuando estás en un ay, sudando a mares y con el culo al aire.

El celador fue más amable. "Levanta el culete, que nos vamos", va y me dice el tipo, un yogurín cosidito de piercings. ¡Culete!, a mí, con semejante pandero. Qué mono. La niña salió en tres empujones, eso sí. Acababan de coserme los puntos de la episiotomía cuando noto un cosquilleo en los bajos. La epidural. Más vale tarde que nunca. No pegué ojo en tres días, pero tuve las piernas dormidas toda la noche, algo es algo.

De la lactancia ni hablamos. Que me perdonen las de la Liga de la Leche, pero yo me rajo. Aún tengo los pezones como badajos después de semanas ordeñándomelos sin saciar a la criatura. Desde que le enchufé biberones como extintores cada tres horas fue otra niña. Y yo, otra mujer.

Con mi poquita de depresión posparto, vale. Que parece que sólo la tienen las famosas. Que si Brooke Shields, o Gwyneth Paltrow, o cualquier guiri con glamour se confiesa en el Hola, le hacemos la ídem muertas de la empatía: qué sencilla, qué humana, cómo sufre. Pero tú, que tenías tantas ganas. Tú, que casi se te socarra el arroz esperando al padre perfecto. Tú, que te has pasado dos años en reproducción asistida visto que no aparecía. Tú ¿de qué te quejas, mona? De la vida. Mañana vuelvo al curro. Vuelvo a ser persona. No una alienígena como esa Miranda Rijnsburger, señora de Julio Iglesias, que salía de la clínica con los gemelos en brazos y los pitillo bailándole en las caderas. A mí también me baila la ropa. Me he agenciado un surtido de blusas flotantes y bombachos tipo Bollywood que ni me rozan las lorzas. Igual creo tendencia en la empresa. Para algo soy la jefa."


El relato empieza mal, sigue lo que podría decirse como bien, contando el trato recibido en el hospital y acaba igual que empieza, con la preocupación máxima de recuperar la figura sea como sea y parecer la misma persona que era antes de parir.

A destacar frases como "no veo el momento", tras 20 largas semanas de estar con su bebé y "vuelvo a ser persona".

Una lástima encontrarte mujeres así en el camino, cuando muchas están luchando por tener una baja maternal de al menos unos ridículos 6 meses (serían 24 semanas, mínimo y esta señora se tiraría de los pelos o por un puente) y cuando muchas deciden cogerse excedencias, reducciones de jornadas o incluso dejan de trabajar para ser madres. Y por lo visto, ser madre no es ser persona.

1610 votos tiene el citado artículo obteniendo cuatro estrellas y media de cinco posibles. Esto quiere decir que a la mayoría de los votantes les ha encantado semejante declaración de superficialidad.

Tengo que decirlo: ASÍ NOS VA!!!!!

El día que su bebé sepa leer y vea que su mamá se liberó tras 20 inacabables semanas juntos verá de qué va el tema...

Una conclusión reduccionista y simplista, aunque a mi modo de ver probablemente cierta, de estos temas es la siguiente: El desapego que mostramos a nuestros hijos es tal, que aprenderán a vivir desapegados de sus padres (o con una extraña y desconocida sensación de que les falta algo).

No nos extrañemos cuando en nuestra vejez nos veamos en una residencia abandonados, con nuestros descendientes esperando por si llega la herencia (sí, hay días que me levanto catastrófico y negativo total...).

Aps! mi bola de cristal ha fallado, esto no es lo que sucederá, esto es lo que ya está sucediendo. Pues eso, de padres cuervos, hijos cuervos, y ya dice el refrán, cría cuervos...

Carreras de cochecitos



A veces leo cosas en la red que preferiría no haber leído...

"Pues si , aunque lo que os voy a contar puede que os resulte un poco ....digamos ridiculo , PERO ES TOTALMENTE VERIDICO a sido uno de mis mejores pikes que he podido tener .os cuento .....


como todos los dias llevo ami hijo ala guarderia que esta unos 15 minutos de mi casa , vamos a por el carricoche y salgo le pongo sus arnes en el jannet carrera que tiene , y vamos por la calle , delante mia iva otro padre con un carricoche ,no se ke marca pero son de esos con ruedas grandes y con 3 ruedas , bueno .... pues voy detras de el y de repente se frena en seco ,alo que yo iva comiendole el culo y le eskivo haciendo una maniobra brusca , alo que sigo mi camino y mi niño me pido agua , entonces paro y le doy del bibe para beber , alo que me pongo a continuar la marcha y el menda me pega un pason pero casi corriendo rozandome .


entonces me dicho para entre mi "esta es la mia " yo que cuando voy con el coche me piko hasta con las bolsas de plastico ,vas a fliparr he dicho para entre mi , empiezo a darle caña al tema , y el tio dandole caña a tope y con la oreja puesta atras , total empieza a ver gente y empiezo a sortear como puedo , madres ,abuelos y demas gente , el al ver la situacion se cambia de acera la cual iva totalmente libre , yo empiezo a perder tiempo en eskivar ala gente . el tio empieza a mirarme desde en frente , y al ver la ventaja que me sacaba se reia en mi cara .


bueno pues llegamos a una plaza grande plaza españa (peluso la conocera)donde hay un edifico alto y puedes bordear por 2 lados , yo a toda hostia , y mis gemelos empiezan a resentirse y el niño pidiendome agua , "aguanta hijo que queda poco y luego papa te da agua" .

alo que vamos , veo que el bordea el edifio por un lado , alo cual yo entro ala plaza y lo bordeo por el otro lado , al ya no vernos , empiezo a correr alo que mis piernas pueden responder , al casi dar la vuelta ya disimulo y me pongo andar como si nada , entonces nos encontramos otra vez y ya le sacaba yo como 4 coches , empiezo a darle caña andando y me ganando metros ,"mierda " alo lejos veo que la avenida para cruzar el semaforo de peatones se pone rojo y no me da tiempo a pasar , y tampoco quiero jugarmela a pasar corriendo , lo cual freno y me quedo esperando , viene el tio hostiado y se pone a mi lado .

nos dirigimos unas miradas pero no decimos nada , y mirando el semaforo para salir lo antes posible , yo en esos momentos aprovecho para descansar mis gemelos los cuales ya acusan el esfuerzo y el ritmo que he llevado , se pone en verde y salimos el y yo a toda hostia , al ir en paralelo , venia gente cruzando de frente nuestra y el ha tenido que esquivar a viandantes y yo los he sorteado sin bajar mi velocidad , despues me desvio para la calle de la guarderia y el ha seguido de frente super hostiado "supongo que ala guarderia que hay mas arriba "

el niño no podia mas , tenia sed y aguantado como un campeon ,

al dejarle e irme para casa , me dolia todo , la respiracion un poco acentuada ,y yo solo despues del calenton me iva partiendo de risa , de la jilipollez que acabo de hacer .

mi mujer al contarselo , su respuesta a sido ," voy a tener que kitarte las llaves de cualkier vehiculo a motor ,porke con un simple carricoche la lias "

vuelvo a repetir que es totalmente veridirico , aunque pueda parecer algo irreal"


Al final la historia hace hasta gracia, pero si la piensas fríamente y buscas en la profundidad de sus palabras, te das cuenta de lo poco que llegan a madurar ciertas personas (y del daño que llega a hacer educar a las personas en la competitividad).

Lo mejor es lo del hijo muerto de sed, aguantando como un campeón porque a su padre se le ha ocurrido ponerse a hacer carreras con otro padre.

PD: Ya no digo que tenga que leer más libros para aprender un poco de ortografía... el corrector del Word hace milagros.

22 sept. 2009

Jon y su carro, que se lo robaron



Mira que hay canciones en el mundo, pues mi hijo Jon no tiene otra cosa que hacer que cantar la de "Mi carro" de Manolo Escobar.

Todo sucedió una tarde en casa de los yayos, cuando dio con la carátula de una cinta del mencionado artista (bueno, artista, lo que se dice artista...). A mí no se me ocurrió otra cosa que cantar el tema estrella de este hombre, hecho suficiente para que Jon se la aprendiera y la empezara a repetir durante días.

Ahora es ver una cámara y te canta su nuevo single: Mi carrooo (no, no) me robaron, anoche cuando dormía...

No sé porque dice que no, no se lo robaron, porque con esta versión rompe un poco la historia del carro, pero bueno, no seré yo quien le cambie el tema.

Los coros son de Aran, que estaba demasiado cerca del móvil (llamémosle mochilita).

21 sept. 2009

Periodo de adaptación ¿sí o no?



Hace una semana que los colegios y las guarderías (éstas antes) volvieron a abrir sus puertas a los niños y niñas. Muchos de estos niños ya habían ido años anteriores al colegio o a la guardería y muchos otros no lo habían hecho nunca.

Tanto si hablamos de guardería como si lo hacemos de escuela, hay centros que optan por realizar un periodo de adaptación (yo diría que la mayoría) y otros que no lo hacen. Muchos padres piensan que les va bien y otros piensan que no se consigue demasiado o que “oye, la vida es así”.

Hace escasos días hablaba con una compañera de trabajo de este tema, pues mi hijo el mayor empieza este mes el colegio y hará tres días de adaptación. A mí me parece necesario y lógico, sin embargo ella pensaba que lo único que se conseguía era que lloraran más días (algo así como alargar el sufrimiento por hacerlo poco a poco).

Desconozco qué experiencias tienen otros papás y otras mamás, pero en la escuela donde mi hijo está matriculado comentaron que el primer año no hicieron periodo de adaptación, que muchos niños estuvieron el primer día las ocho horas que se suman si se quedan en el comedor y que fue bastante duro para los niños y profesores.

Al año siguiente probaron a hacer la entrada de manera más paulatina y el resultado fue muy diferente.

¿Qué es el periodo de adaptación?

Son unos días (o un día, depende de cada colegio) en que los niños acuden menos horas, entran con los papás y las mamás, comparten un poco de tiempo con el resto de niños y con la profesora (o profesor) y se vuelven para casa.

Poco a poco se van quedando más tiempo solos (es decir, sin los papás) a medida que se distraen más y que todos se van conociendo.

Pero hay algunos que lloran igual ¿no?

Pues sí, claro, cada niño tiene un ritmo de adaptación diferente y hay algunos a los que les cuesta quedarse solos con personas a las que conocen desde hace pocos días.

Muchos no entienden qué hacen ahí ni saben si mamá o papá volverá una vez les dejan. Poco a poco, a medida que van cogiendo seguridad y que se van dando cuenta que mamá vuelve a buscarles y que les llena de besos al recogerles los llantos suelen ir remitiendo.

Ya, pero la vida es así... mejor que se vayan curtiendo ¿no?

Los niños pequeños son eso, niños pequeños. Seres en formación que no tienen todavía unas bases emocionales para digerir según qué sucesos. Permitir a un niño que lo pase mal “porque la vida es así” puede hacer que en vez de coger confianza y fuerza ante la vida coja temor y resentimiento.

Hay sucesos en la vida que no podemos controlar en los que los niños lo pasan mal, por supuesto. Esos son los momentos en que debemos estar cerca los papás y las mamás para ofrecer un hombro en el que llorar, un pañuelo en el que secarse o un oído para escuchar.

El resto de momentos debemos tratar de que los vivan de la misma manera que a nosotros nos gustaría vivirlos.

En este caso, si todos hacemos un periodo de adaptación en el trabajo, ¿por qué no pueden hacerlo ellos?



Pero yo no voy una hora a trabajar el primer día…

Claro, los adultos no tenemos dos ni tres años, tenemos muchos más y por tanto somos capaces de estar ocho horas en un sitio desconocido sin pasarlo realmente mal, sin embargo cuando entramos en un puesto de trabajo nuevo tenemos nuestro particular periodo de adaptación:

  • Nos presentan a los compañeros con los que vamos a trabajar. A los niños también, pero ellos no tienen la capacidad de establecer relaciones de confianza que le aporten seguridad como los adultos, por eso necesita de una figura conocida (la mamá) hasta que es capaz de estar tranquilo con el resto de personas.

  • Nos enseñan las instalaciones, los vestuarios, dónde puedes comer, etc. A los niños también, pero ellos necesitan un tiempo para descubrir ese nuevo mundo y, como toda novedad, es más fácil conocerla de la mano de alguien que nos aporte seguridad.

  • Nos explican los horarios y el funcionamiento de la empresa. A los niños también, pero es más fácil cuando lo explica mamá y cuando poco a poco se van dando cuenta que volverá.

  • Nos acompañan a nuestro puesto de trabajo y nos explican qué esperan de nosotros. A los niños, si no se les hace el periodo de adaptación, nadie de confianza les acompaña.

  • Todos nuestros compañeros (normalmente) sonríen y nos dan la bienvenida. A los niños les sonríe la maestra, el resto de compañeros, así de inicio, no suelen estar muy por la labor.

  • Estamos unos días con alguien de referencia que nos explica de manera personalizada cómo tenemos que hacer nuestro trabajo. A los niños que hacen periodo de adaptación les puede acompañar su padre o su madre. Los que no lo hacen no tienen a nadie que les aporte esa tranquilidad los primeros días.

  • Incluso cuando pasan unos días podemos seguir preguntando a esa persona de referencia, que es la que nos da seguridad y confianza a la hora de hacer las cosas. Los niños en cambio dejarán de tener cerca a mamá o papá en cuanto el periodo de adaptación se acabe.


Creo que ninguna empresa de hoy en día (que se precie) evita hacer el periodo de adaptación con sus trabajadores, básicamente porque para un buen funcionamiento, ya que pese a estar en el siglo XXI aún no somos máquinas, seguimos necesitando tener la confianza y la seguridad de que lo que hacemos está bien hecho y disfrutamos más y vivimos mejor si todo ello sucede en un ambiente conocido, agradable y cordial.

Los niños, en su corta experiencia, necesitan tener la certeza de que allí estarán bien, que no les va a pasar nada y que papá (o mamá) volverá. Si estamos unos días con ellos y nos observan en su aula tranquilos, confiados, hablando con la profesora y permitiendo su interacción con otros niños estamos haciendo que el cambio sea más fácil.

Además hay algo que me gusta personalmente tener en cuenta. Hasta los seis años no es obligatorio que un niño vaya al colegio, así que si van antes es por decisión de los papás. Nosotros en cambio tenemos que trabajar para vivir.

La vida es dura, sí, pero ellos no tienen por qué pasar por ello a edades tan tempranas, porque como digo, hasta los seis años, nadie va a ir a buscarles a casa por no haber ido al colegio ni va a faltar la comida en la mesa.

Ya que la decisión de que vayan al colegio es nuestra, lo mínimo que podemos hacer es tratar de que sea lo menos traumática posible... digo yo.

Fotos: Flickr (Krheault), Flickr (chippenziedeutch)
Publicado originalmente en Bebés y más.

La línea púrpura: una alternativa a los tactos vaginales



Hace unos días os hablé de una intervención en los procesos de parto llamada tacto vaginal, que si bien aporta información muy válida para valorar el momento del parto en que se encuentra la mujer, su uso debería estar limitado por tratarse de una maniobra que puede ser molesta, dolorosa y que puede “alterar” la evolución psicológica natural de la mujer y por lo tanto frenar el desarrollo normal del parto.

Una alternativa a los tactos, aunque cuenta con poca evidencia científica, parece ser la observación de la línea púrpura. Se trata de una línea que asciende desde el ano hasta la rabadilla a medida que va progresando la dilatación.

Cuando la mujer está de unos dos centímetros se aprecia un poco de raya violeta que asciende desde el ano. En el momento que está de cuatro o cinco la línea está aproximadamente a mitad de camino y en el momento de dilatación completa la línea, que mide unos 10 cm., se aprecia entera. Esto es desde el ano hasta el dorso de las nalgas (el punto justo por debajo de la articulacion sacrococcigea más conocida como rabadilla).

La posición idónea para su observación es estando la mujer a cuatro patas o agachada. En Inglaterra este método es aplicado por las comadronas independientes que asisten partos a domicilio. A menudo realizan tanto tactos como observación de la línea púrpura, aunque cada vez realizan menos tactos.

Lo más recomendable es que el proceso de dilatación sea en casa por razones obvias de tranquilidad, de entorno conocido, de temperatura agradable, de la posibilidad de estar con quien quieras, donde quieras, como quieras y escuchar la música que prefieras, la línea púrpura puede ser un buen “termómetro” para los maridos.

Más información y Foto: Comadronas radicales
Publicado originalmente en Bebés y más.

7 sept. 2009

Afirman que se pueden tener orgasmos en el parto



Cuando hablamos de parto siempre nos viene a la cabeza aquel momento extremadamente doloroso en que un bebé atraviesa el canal del parto hasta salir al exterior.

Son numerosas las técnicas y las recomendaciones para tratar de paliar ese dolor y hacer del parto un momento lo más placentero posible.

Sin embargo hablar de un parto placentero suele ser una manera de decir "creía que sería peor" y al parecer algunas mujeres son capaces de tener un orgasmo en el momento de parir, dando así al término placentero un significado mucho más real.

La explicación biológica, según los estudios iniciados por la Dra. Beverly Whipple en 1989, es que la presión que ejerce la cabeza del bebé en el sistema nervioso pélvico estimula muchos de los puntos que tienen un papel determinante en los orgasmos vaginales, cervicales y de clítoris.

Durante el parto, además, se produce más oxitocina, la hormona del amor que se segrega también en más cantidad cuando estamos enamorados, con las personas que nos hacen sentir bien y cuando mantenemos relaciones sexuales.

Me habían dicho que esperara un parto doloroso, sin embargo yo estaba preparada para una sensación de éxtasis sexual, algo así como la misma sensación producida por la penetración; agachada sobre mis rodillas tomé al bebé que venía desde mi vagina a este pequeño mundo a través de mis piernas en medio de un extraordinario orgasmo, extraído de They Don’t Call it a Peak Experience for Nothing, por Ruth Claire.

Las cuatro claves que explica Yvonne Fullbright, sexóloga, para lograr disfrutar al máximo del momento del parto son superar los temores, asumir que el embarazo no es un obstáculo para la vida sexual, estar dispuesta a abrazar la idea del placer sin límite durante el parto, y no poner barreras psicológicas a la llegada del momento.

Si repasamos un poco el momento del parto estaremos de acuerdo en que forma parte de la sexualidad de la mujer y de esta manera pensaremos que, por qué no, algunas mujeres pueden vivirlo con placer hasta el punto de tener un orgasmo.

Sin embargo es complicado pensar que pueda suceder a muchas mujeres por la dificultad de eliminar los temores y las barreras psicológicas como sugiere la Dra. Fullbright. Un parto está visto socialmente como algo doloroso y poco placentero y a pesar de ser un acto sexual la intimidad es muy pobre.

Esta falta de intimidad hace que a muchas mujeres les cueste desinhibirse y les cueste entrar en el estado emocional y psicológico adecuado para que la naturaleza siga su ritmo (¿alguien se imagina manteniendo relaciones sexuales con una multitud de personas alrededor intentando controlar el ritmo, la respiración o la postura?).

Quién sabe, quizá algún se devuelva a las mujeres el poder sobre su cuerpo y lleguen a tener partos más respetuosos y placenteros.

Os pongo un vídeo (en inglés) como muestra de un DVD llamado Orgasmic Childbirth (Nacimiento orgásmico) que habla de este tema:



Fuente: 20 minutos

Para saber más: Pariremos con placer (Casilda Rodrigañez), Unassisted birth (en inglés)
Foto: Flickr (Torsten Mangner)

El amor y el materialismo



- Mamá, ¿tú me quieres?
- Claro que te quiero, hijo, mucho. ¿No ves qué habitación tienes? ¿No ves cuántos juguetes te he comprado?
- Ya mamá, tienes razón. Entonces, ¿por qué te enfadas cuando, pidiéndote que me des tu amor, te pido que me compres algo?

Los niños piden porque les enseñamos a pedir.

Si compramos el amor de nuestros hijos, si nos tranquiliza conseguir una sonrisa con un regalo a cambio de las horas que no hemos pasado con ellos, ellos se acostumbrarán a no estar con nosotros y a pedirnos los objetos que sacian, por un tiempo, su sensación de soledad.

Así, crecerán y se convertirán en lo que nosotros mismos somos: "Comprar y comprar diciendo que responde a una necesidad" (que diría Reincidentes).
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